×
×
Red Internacional
lid bot

Tribuna Abierta. Pedro Sánchez derrota a los dinosaurios del PSOE ¿Y ahora qué?

El domingo 21 de mayo Pedro Sánchez volvió a ganar las elecciones primarias a secretario general del PSOE. Pero esta vez las ganó siendo el candidato opositor al aparato, representado por Susana Díaz.

Antonio Liz

Antonio Liz Historiador, Madrid

Lunes 22 de mayo de 2017

El domingo 21 de mayo Pedro Sánchez volvió a ganar las elecciones primarias a secretario general del PSOE. Pero esta vez las ganó siendo el candidato opositor al aparato, representado por Susana Díaz. Y las ganó, además, en todas las federaciones del partido, a excepción de la andaluza y la vasca. De 187.949 militantes con derecho a voto votaron 135.580, lo que supuso una participación del 72% de la afiliación. Con esta elevada participación Pedro Sánchez obtuvo el 49,8% de los votos, Susana Díaz el 40,2% y Patxi López el 10,2%., según datos del propio PSOE.

La primera lectura es que Pedro Sánchez, apoyándose en la base del PSOE, derrotó a los barones y a todas sus viejas glorias, encabezadas por Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Ambos ex secretarios generales y ex jefes de gobierno dieron todo su apoyo mediático a Susana Díaz. También derrotó Pedro Sánchez al Grupo Prisa, al que pertenece el periódico El País, ese que pasó de ser en su día el órgano de la socialdemocracia española que publicaba artículos semanales de Mario Benedetti y Gabriel García Márquez y que trataba al Che Guevara de revolucionario a este que es el órgano del social-liberalismo y que ahora afirma que el Che Guevara fue un asesino. Este grupo cumplió un papel político-cultural vital en la Transición para que se conociera los “justo y necesario” de la Revolución española extendiendo la idea en los medios “progresistas”, a través de reconocidas voces académicas, de que la Guerra Civil española había sido una guerra “fratricida” y no una guerra de clases.

Pedro Sánchez había evitado en las últimas elecciones generales la bancarrota del PSOE, su derrumbe electoral. Es decir, evitó que el PSOE se metiese de lleno en la dinámica del desplome electoral que le viene sucediendo a la ex socialdemocracia europea transformada en social-liberalismo.

Así, es falso cuando se le atribuye a Pedro Sánchez la pérdida de votos del PSOE ya que esta pérdida fue una constante desde que el último gobierno “socialista” de Zapatero le puso la alfombra azul al PP empezando la contrarreforma laboral y cambiando de forma exprés el artículo 135 de la Constitución española donde los gobiernos se comprometen a pagar la deuda antes que las prestaciones sociales. Pedro Sánchez frenó la caída en picado del PSOE recuperando verbalmente un lenguaje socialdemócrata, diciendo cosas como que iba a incrementar las prestaciones sociales y a derogar la contrarreforma laboral y la ley de seguridad ciudadana, conocida popularmente como la Ley Mordaza.

Tan rotundo fue el triunfo político del neoliberalismo con el derrumbe de la Unión Soviética que la burguesía en su soberbia entendió que ya no necesitaba la mediación de la socialdemocracia y de la burocracia sindical. Entendía que la subjetividad de la clase trabajadora estaba muerta y enterrada. Lo que no puede entender la burguesía planetaria es que las contradicciones en una formación social si no se eliminan no sólo no desaparecen sino que se incrementan, que es lo que está sucediendo hoy: mayor concentración de la riqueza, mayor precarización de la clase trabajadora… Otra cosa es que ante el desarme político momentáneo –en términos históricos- de la clase trabajadora los populismos de derecha e izquierda tengan ocupado el tablero político proponiendo medidas “patrióticas”, que ya estamos viendo a lo que llevan por izquierda en Grecia con Syriza y por derecha con Donald Trump en los Estado Unidos.

¿Qué se propone Pedro Sánchez? Según dijo él mismo en su comparecencia en Ferraz, en la sede del partido, “construir el nuevo PSOE”. Un partido que sea “la vanguardia democrática”, “el partido de la militancia” y que salga en “defensa de la mayoría social” para convertir, así, al PSOE en “el partido de la izquierda” en el Estado español. Como se ve, intencionalidad política no le falta. Pero esta estrategia reformista tiene que efectivizarse con un programa y con una victoria electoral.

Podemos ha salido rápidamente a la palestra para decir que retirarían su moción de censura si la presentase el PSOE. Según la 1de TVE, Pablo Iglesias ya habló por teléfono con Pedro Sánchez para manifestarle esta posición. No obstante, que el grupo socialista presente una moción de censura ahora no parece el movimiento táctico más inteligente. Los votos de PSOE y Podemos no son suficientes y Pedro Sánchez no querrá convertir una victoria en derrota. Lo más lógico es pensar que Sánchez se ocupará de inmediato en preparar el Congreso del PSOE llevando allí el mayor número de delegados posibles. Tiene que organizar su propio aparato y eso le va a llevar su tiempo porque los barones le van a poner todos los obstáculos posibles aunque públicamente digan que están por la unidad. Al mismo tiempo, Pedro Sánchez intentará diseñar un quehacer de oposición al PP en el Congreso de los Diputados para lo que tiene que escoger un portavoz afín y disciplinar al grupo de diputados “socialistas”.

Mariano Rajoy ahora mismo no estaría interesado en convocar elecciones anticipadas ya que la reelección de Pedro Sánchez como secretario general ha instalado el entusiasmo entre la afiliación socialista y, posiblemente, entre sus potenciales votantes. No obstante, esperar hasta la conclusión de la legislatura no creo que esté en los planes del reelegido secretario general ya que se puede desinflar su capital político por lo que una oposición parlamentaria “dura” a Rajoy puede formar parte de la estrategia de Sánchez para no agotar la legislatura.

Para que Sánchez pueda capitalizar su victoria política en el PSOE le hace falta subir de votos en las siguientes elecciones generales, superar electoralmente a Podemos y consolidarse, de esta manera, como el partido más importante de la “izquierda”. Si entonces la aritmética parlamentaria de los diputados del PSOE y Podemos permitiese un gobierno de coalición seguramente lo veríamos.

Para concretar este camino a Pedro Sánchez le hará falta un programa que estimule a la “mayoría social”. Para ello tendrá que presentar medidas programáticas como la derogación de la contrarreforma laboral y el restablecimiento de prestaciones en educación y salud. Disminuir la jornada laboral y la edad de la jubilación estimamos que no estarán en su programa aunque sí pueda figurar una reforma de la Constitución para instalar un Estado federal light, que además para efectivizarse tendría que contar con una mayoría parlamentaria que difícilmente obtendría por lo que esta medida le daría brillo al programa pero sería de aplicación imposible si no se produjese un derrumbe electoral del PP, lo que no parece estar en el horizonte.

Pedro Sánchez pertenece a la nueva hornada de políticos inteligentes de la burguesía. Es decir, aquellos que estiman que incrementar la precarización de la clase trabajadora no es muy estratégico políticamente porque, entre otras razones, esta precarización económica no trae directamente una precarización política sino que puede traer su contrario, la agudización de las luchas sociales, el caldo de cultivo para que la clase trabajadora empiece a recuperar su subjetividad política.

El reelegido secretario general no tiene la más mínima intención de enfrentar el modelo capitalista, sólo hacerlo menos brutal. Quiere reformar no revolucionar. A buen seguro que aspirará a sacar a la casta política del Régimen del 78 de la dinámica de corrupción en que está metida. Posiblemente aspirará también a que sea un pelín menos austera la vida de los trabajadores y las trabajadoras. Y poco más. Así pues, si Sánchez consiguiese un PSOE remozado con un programa socialdemócrata seguiría sin ser una solución al cáncer social de la explotación asalariada.

Esta solución está en el seno de la clase trabajadora, la mayoría de la mayoría social. Un programa de medidas democráticas radicales como nacionalizar la banca y las empresas estratégicas, reducir la jornada laboral, disminuir la edad de la jubilación, incrementar sustancialmente el salario mínimo, aborto libre y gratuito, sanidad y educación universales y de calidad, referéndum monarquía o república, derecho de las naciones del Estado español a separarse mediante plebiscito, entre otras, son el puente a un nuevo régimen político y social. Para conquistarlo la izquierda revolucionaria debe seguir profundizando en el seno de la clase trabajadora su política de crear estructura organizativa y subjetividad política. Y esto es posible porque la izquierda revolucionaria existe en el Estado español aunque no salga en televisión.