Peña Nieto en Houston. Desde el corazón petrolero del imperio, tres anuncios dirigidos a los zares de la industria energética. Todo un gesto de la subordinación y la entrega

Pablo Oprinari Ciudad de México / @POprinari
Martes 23 de febrero de 2016
Enrique Peña Nieto (EPN) tuvo este lunes una intensa agenda en los Estados Unidos, en una visita orientada a brindar seguridad y nuevas medidas favorables a las trasnacionales, en el camino de la llamada apertura energética.
Por una parte, EPN se reunió con Greg Abbott, gobernador de Texas, como parte de los trabajos conjuntos encarados desde el año pasado por ambos gobiernos, y reafirmaron la “cooperación energética”. Texas es, en los Estados Unidos, el principal socio comercial de México, y los trabajos bilaterales buscan -como la misma prensa afirma-, que el estado sureño se beneficie de la reforma energética mexicana.
Durante el día Peña Nieto asistió como invitado especial a la Conferencia Internacional en Asuntos Energéticos. Allí, ante los directivos de algunas de las principales empresas energéticas del mundo, recibió el IHS Global Lifetime Achievement, el cual según anunciaron es un premio “en reconocimiento a su visión y liderazgo de la industria energética en México”. Palabras que encubren lo que en realidad es: un trofeo por la reforma que entrega los estratégicos recursos petroleros y energéticos al capital privado y en particular a las grandes empresas trasnacionales.
Este evento, que se realizó en el lujoso hotel Hilton- Americas Houston, contó con la participación del Secretario de Energía de los Estados Unidos, y los gerentes de Conoco Philips, General Electric, Siemens, Royal Dutch Shell, entre otros, todas ellas empresas “lideres” en la expoliación de los recursos energéticos, quienes aplaudieron a rabiar las palabras del presidente mexicano.
Tres anuncios en el camino de la entrega
Enrique Peña Nieto presentó un discurso con tres grandes anuncios, llamando a los grandes empresarios a invertir en México, y prometiendoles “condiciones competitivas y de plena certeza”.
En primer lugar, anunció que se mantendrá el ritmo de licitaciones para la extracción de hidrocarburos. Ratificó el plan de su gobierno y la preparación de la cuarta licitación de la Ronda Uno para yacimientos en aguas profundas.
En segundo lugar afirmó que en los próximos meses la Compañía Federal de Electricidad licitará una gran linea de transmisión con participación privada, en la cual se estima una inversión de 1200 millones de dolares.
Estas medidas profundizan lo que busca la reforma energética: la apertura a la inversión privada, y la entrega de los recursos naturales, así como los multimillonarios beneficios resultado de su explotación en México.
Y la tercer medida anunciada fue que, desde abril, cualquier empresa podrá importar y comercializar gasolinas y diésel. Esto, presentado bajo la justificación de dar “precios más competitivos”, va en el sentido de una verdadera apertura comercial. Los trabajadores y el pueblo saben bien que “los precios más competitivos” son un fiasco: está abriendo el jugoso mercado interno a las grandes empresas, que aprovechará el bajo precio internacional del petróleo y las altísimas tarifas locales existentes.
El mismo Peña Nieto sintetizó su plan bajo la idea de que “México pasa de un monopolio estatal que refinaba, importaba, transportaba y comercializaba tanto la gasolina como el diésel, a un mercado abierto y con plena competencia.”, el cual su gobierno espera liberalizar completamente para el 2018.
México y su petroleo: una estrella más de la bandera de EE.UU.
El anuncio de estas medidas en el mismo territorio estadounidense y ante un auditorio empresarial es todo un gesto del presidente priista. Su gobierno quiere aparecer, sin dejar lugar a dudas, como el garante de las grandes trasnacionales y confiable a los ojos de la administración Obama y de la clase política estadounidense. El gobierno de Peña Nieto tiene así, grabado de forma indeleble, el símbolo de la entrega.
Frente a ello, es esencial impulsar la lucha contra la subordinación de México al imperialismo estadounidense y contra la entrega de los recursos naturales y energéticos a las grandes trasnacionales. Mantiene toda su vigencia la lucha por la renacionalización de todas las areas entregadas al capital extranjero, y su puesta bajo control de los trabajadores del sector energético, organizados de forma democrática y desde las bases.
El gobierno de Peña Nieto busca convertir a México en una estrella más de la bandera estadounidense. Los trabajadores y el pueblo son quienes pueden impedirlo.

Pablo Oprinari
Sociólogo y latinoamericanista (UNAM), coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles. Coordinador de Ideas de Izquierda México, columnista en La Izquierda Diario Mx e integrante del Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas.