El sismo histórico dejó casi un centenar de muertos. En Chiapas y Oaxaca son los estados con más afectaciones.

Sergio Abraham Méndez Moissen México @SergioMoissens
Jueves 14 de septiembre de 2017
El más imponente de los sismos registrados en la historia del país fue el de días recientes con 8.2 grados. La ciudad vio bailar al Ángel de la Independencia sobre Reforma. Las casas de toda la ciudad hicieron crujido y hasta vimos luces en el cielo.
En las ciudades de Oaxaca y Chiapas la catástrofe reina. Edificios, casas, parques, hoteles, comercios se cayeron. Ante la impotencia que vivieron los pobladores de ambos estados (los más pobres del país, los de mayor composición indígena) la organización emergió como un virtual estado paralelo para cuestionar el olvido gubernamental.
La columna vertebral de la reconstrucción de las ciudades es el magisterio de la Sección 22 en Oaxaca y la Sección 7 de Chiapas. Esos maestros, rijosos, peleoneros y necios para el gobierno han encabezado una de las acciones más humanas y solidarias de estos meses: camiones llenos de acopio y brigadas de los más de 80 mil agremiados hacen tareas que el Estado no hizo y ni hará durante esta crisis nacional.
En medio del desastre, Peña Nieto fue a dar un discurso donde sobresale uno más de sus dichos impresentables sobre la catástrofe en Chiapas y Oaxaca. Dice que "el ejército está ayudando" aunque todo el país sabe que el Estado se roba las donaciones.
Hoy por la mañana Peña Nieto declaró y llamó a los medios de comunicación “ya no sean criticones, mejor apoyen, necesitamos estar unidos.” Peña Nieto no recuerda que es el presidente que tiene el más bajo nivel de aprobación que se haya registrado en la historia moderna de México.
70% del país considera que Peña Nieto ya debe irse, no tienen una consideración favorable al ejecutivo. Es el presidente de los escándalos por la Casa Blanca, de Tlatlaya, de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. El presidente que entrega el país a las transnacionales, el servil a Donald Trump.