Las necesidades electorales hacen que el gobierno intente relanzar al Congreso del trabajo, un organismo actualmente en decadencia, debido a que ante las diferentes organizaciones no logró consolidarse como el centro aglutinador de las organizaciones sindicales. Un intento de reactivar sus 56 organizaciones para la campaña electoral priista.

Raúl Dosta @raul_dosta
Lunes 17 de abril de 2017
Peña Nieto, acompañado del secretario de Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, toma protesta a Aceves del Olmo como presidente del Congreso del Trabajo. Participan de la ceremonia representantes de los 56 sindicatos y federaciones sindicales que integran esta organización sindical, a la cual están afiliados alrededor de 1.8 millones de trabajadores.
Asisten también otros importantes líderes del charrismo oficialista como Joel Ayala Almeida, de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), Rafael Riva Palacio Pontones del sindicato del Infonavit y Rodolfo González de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM).
Las necesidades electorales hacen que el gobierno intente relanzar al Congreso del trabajo un organismo en decadencia debido a que ante las diferentes organizaciones no logró consolidarse como el centro aglutinador de las organizaciones sindicales.
La prueba es que, en su 50 aniversario, celebrado hace un año, el festejo resultó deslucido dentro lo que fuera su moderno edificio sede y que ahora se cae a pedazos. Entonces departieron los máximos dirigentes en medio de vigas y columnas de reforzamiento colocadas para evitar un percance mayor. El problema es que los sindicatos charros “afiliados” se han desentendido de proporcionar cuotas y la administración del edificio (y la “central”) sobrevive con un aporte del gobierno de 20 millones de pesos anuales para un programa de capacitación laboral.
Siempre desplazado en importancia por la Confederación de Trabajadores de México (CTM), fundamentalmente en los tiempos en que reinaba Fidel Velázquez, el Congreso del Trabajo tiene que reorganizarse de la mano de esta central de la cual proviene el recién elegido presidente Carlos Aceves del Olmo, con lo cual concentrará todo el poder de la burocracia sindical gobiernista y pro-patronal mexicana.
Más allá del acto con la cúpula gubernamental, se tratará de la confirmación del apoyo electoral, desde arriba, de los sindicatos “agrupados” en el Congreso del Trabajo, buscando impulsar al alicaído Partido Revolucionario Institucional (PRI) al cual según palabras dichas por el flamante líder sindical, muchas personas dan por muerto al PRI, tanto en el Estado de México como en las federales del 2018: “ya nos ven como perdedores, por lo que debemos ponernos las pilas para trabajar para el próximo año” dijo.
Un hecho que demuestra la vigencia de las afirmaciones del revolucionario León Trotsky, exiliado en México, que en 1940, poco antes de su asesinato escribió en su artículo “Los sindicatos en la época de la decadencia imperialista”:
Como el capitalismo imperialista crea en las colonias y semicolonias un estrato de aristócratas y burócratas obreros, éstos necesitan el apoyo de gobiernos coloniales y semicoloniales, que jueguen el rol de protectores, de patrocinantes y a veces de árbitros. Ésta es la base social más importante del carácter bonapartista y semibonapartista de los gobiernos de las colonias y de los países atrasados en general. Esta es también la base de la dependencia de los sindicatos reformistas respecto al Estado.