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Análisis. Perú: perspectivas frente al triunfo de la derecha y el avance del fujimorismo

Joe Zapata @JoeAndreZB

Viernes 24 de junio de 2016

Las elecciones presidenciales del Perú el 5 de junio dieron como ganador a Pedro Pablo Kuczynski en una elección tan reñida que fue necesario esperar cuatro días para saber quién había sido el ganador.

Los resultados le dieron el 50,124 % para Kuczynski y un 49,876 % para Keiko Fujimori con una diferencia mínima de 42.597 votos.

La derrota Fujimorista

Numerosos son los análisis de la segunda derrota consecutiva de Keiko Fujimori; desde la caída de la imagen de Fujimori días antes de la elección por la denuncia del Departamento Antidrogas de Estados Unidos (DEA), al congresista Joaquín Ramírez, uno de los principales financistas de Fujimori, por un presunto delito de lavado de activos. Esto acompañado al escándalo del candidato a vicepresidente por el fujimorismo, José Chlimper, quien se viera implicado en la difusión en televisión de una grabación de audio adulterada con la intención de desacreditar las denuncias contra Ramírez. Estas acusaciones golpearon la candidatura de Keiko en la última semana previa a la segunda vuelta.

Pasando por el apoyo que le dio la candidata del centro-izquierdista Frente Amplio, Verónika Mendoza a Kuczynski, hecho considerado por el 40 % de peruanos como el factor determinante de la victoria de este último según una encuesta publicada este lunes por la encuestadora Ipsos-apoyo aparecida en el diario El Comercio.

El análisis de Vargas Llosa señala que el triunfo de Kuczynski "se inscribe como un nuevo paso contra el populismo y de regeneración de la democracia", aunque en ello primen sus intenciones políticas antes que un análisis serio. Por último, cabe destacar que el anti-fujimorismo nucleado en el colectivo #KeikoNoVa, resultó ser un sujeto importante, que sin lugar a dudas demostró contar con capacidad de movilización y fue el que impulsó las últimas multitudinarias marchas nacionales en contra del fujimorismo, no vistas desde la Marcha de los 4 Suyos en 2000, que contribuyó a enterrar el régimen autoritario de Fujimori padre.

Pese a ello no es de interés detenernos en encontrar las causas de la derrota del fujimorismo, sino por el contrario ver los avances de este fenómeno que ya tiene un cuarto de siglo de vigencia y analizar el devenir que nos dejó esta elección ad portas de la nueva etapa que se abre a partir del 28 de Julio, día en el cual Pedro Pablo Kuczynski asumirá como nuevo presidente.

El Fujimorismo como poder soberano

Paulo Drinot, basándose en el esquema de Michael Foucault le atribuye al Fujimorismo el poder soberano, poder que se enfoca en disciplinar los cuerpos y establece el control sobre las poblaciones y el territorio frente al poder gubernamental que busca proteger la población y mejorarla.

El fenómeno fujimorista pese a los vaticinios de Vargas Llosa, que señalan que caerá en un “proceso de descomposición”, siguiendo el camino del sanchecerrismo, el odriísmo, y el velasquismo, que “se extinguieron sin pena ni gloria.” mantiene vigencia. Los hechos lo demuestran; hoy por hoy el fujimorismo bajo el partido Fuerza Popular sigue siendo el partido más sólido del Perú.

El politólogo Paolo Sosa señala que "la identidad fujimorista es fuerte, y Keiko ha construido una organización extensiva en todo el país en la que el fujimorismo ha echado raíces". Es poco probable que desaparezca en el futuro próximo. Un dato que justifica lo dicho por Sosa es el avance en las elecciones. Así en las elecciones del 2011 el partido Fuerza 2011, quien también llevo a Keiko como candidata a presidente había obtenido en primera vuelta apenas 23 por ciento de los votos y 37 escaños, ocho puntos menos que el actual presidente. En estas elecciones logró, bajo el rótulo de Fuerza Popular, casi el 40 por ciento y 73 escaños de los 130 que componen el congreso, ubicándose muy por encima de las demás fuerzas políticas.
El crecimiento del fujimorismo en el último quinquenio lo muestra como una fuerza avasallante.

Hay elementos importantes que hacen posible ejercer ese poder soberano que Drinot señala, empezando por mistificar los 90s como el periodo “feliz” de restauración y regeneración bajo la instauración neoliberal del Consenso de Washington que saco de la ruina y crisis que había quedado el país con el gobierno de Alan García y la victoria bélica contra la guerrilla de Sendero Luminoso sumado a la red de clientelaje que comenzó Fujimori padre y que Fujimori hija reproduce, maquinaria que les asegura cientos de miles de votos que son su núcleo duro.
Drinot, señala un elemento más: "el mito del cholo emprendedor que a través de su propio esfuerzo se supera lo cual sirve de figura e identidad muy útil para el fujimorismo porque pone el énfasis en el esfuerzo personal. Y no plantean que el Estado o la sociedad ayuden a que las personas superen sus exclusiones o se replantee la estructura social jerarquizada, sino que el éxito viene del esfuerzo personal. Un discurso que podemos asociar con el neoliberalismo que comienza a construirse en el primer gobierno de Alberto Fujimori y ha calado de manera fuerte en un sector"

Este es un elemento clave de su base social: la baja burguesía y pequeñaburguesía de origen plebeyo, que en los 90s encontró bajo el fujimorismo algunos nichos para ascender socialmente. No es casual que Hernando de Soto, por entonces “gurú” de un “capitalismo popular” que surgiría de la llamada “economía informal”, sea asesor de Keiko. A ello suma el apoyo de un amplio y heterogéneo conjunto social, de trabajadores muy precarios y sectores populares empobrecidos, desdeñados por la “sociedad” de la que los Kuczynski y Vargas Llosa son tan claros exponentes, que encuentran en las promesas de “orden” y el discurso de la “mano dura” y la asistencia social, la expectativa de alivio a su día a día.

De esta manera, una mirada no catastrofista por la segunda derrota consecutiva de Keiko nos muestra a un fujimorismo que está sólidamente asentado en la sociedad peruana y que es más que probable que, tarde o temprano, la hija del dictador ocupe el sillón de Pizarro.

Fuerza Popular, con su caudal electoral y su dominio del Congreso, queda como la clave con que hay que contar para mantener la gobernabilidad y aprobar las leyes que Kuczynski necesite implementar. Aunque hay tensiones internas que hay que ver cómo evolucionan, como los roces entre Keiko y su hermano, y las diferentes líneas ante el gobierno de Kuczynski que se mencionan más abajo.

Los gobiernos pasan, el modelo queda

Cuando se supo que Keiko Fujimori (Fuerza Popular, 39,81 % de los votos válidos) y Pedro Kuczynki (PPK, 20,98 %) disputarían la segunda vuelta el 5 de junio, el primer síntoma de que los capitales financieros estaban contentos fue que la bolsa de Lima registró la mayor suba en ocho años (8,61 %) y la moneda su mayor revalorización porcentual en un día, como no ocurría desde 1992; la profundización de la liberalización económica y de la asociación con Washington era cuestión de días.

En la misma sintonía la calificadora Moody’s señaló que dado que Kuczynski estableció una agenda orientada a la actividad comercial similar a la de su opositora Keiko, debería ser posible que sus respectivos partidos lleguen a un consenso y aseguren la rentabilidad corporativa y la estabilidad económica. Sellar una alianza entre ambos garantizaría la continuidad de ese modelo económico, que pese a las diferencias políticas comparten la misma matriz económica neoliberal.

Pese a ello un ala dura del fujimorismo afín al expresidente Alberto Fujimori es reticente a colaborar con el nuevo gobierno, sinónimo de ello es haber demorado tanto tiempo en reconocer la derrota y no haber saludado a Kuczynski por el triunfo, o las palabras de la congresista electa por Fuerza Popular Marta Chávez quien fuera presidenta del Congreso en el gobierno de Alberto Fujimori al decir que: "Todavía no reconozco a PPK como presidente electo hasta que el Jurado Nacional de Elecciones lo designe así. El fujimorismo va a defender cada voto hasta la decisión del JNE, la ONPE no designa presidentes electos. Si los militantes de PPK ya tiraron la esponja el fujimorismo no la tirará”

Por su parte la excandidata presidencial Veronika Mendoza el pasado lunes terminó reuniéndose con Kuczynski señalando que “La oposición obstruccionista no será de parte del Frente Amplio. Nosotros seremos una oposición democrática, propositiva, constructiva, vigilante también, fiscalizadora como lo hemos dicho en público y privado, pero de ninguna manera obstruccionista. Paralelamente seguiremos fortaleciéndonos como alternativa de gobierno para el 2021", a la vez que sobre la inversión minera declaró que de haber una coordinación que eviten los conflictos, podrían apoyar proyectos mineros.

De acuerdos, alianzas y el futuro inmediato

De aquí al 28 de julio día en que asumirá Kuczynski, comenzará la danza de acuerdos y nombres para integrar el gabinete que comandara el destino del Perú por una fuerza política que no tiene mayoría parlamentaria y que es la segunda en votos pero la tercera en escaños. El nuevo presidente deberá formar necesariamente un gabinete pluripartidista, pero tendrá que elegir entre una alianza con el Frente Amplio o tentar acuerdos con el fujimorismo. De hecho, Keiko y PPK comparten en lo esencial el programa neoliberal y proimperialista. Sin embargo, sus necesidades políticas, tras el resultado electoral, son diferentes. Una cuestión clave es que líneas de negociación y acuerdos de gobernabilidad se establecen (aunque no sean escritos). Puede esperarse gran presión sobre las filas de Fuerza Popular, poniendo también a Keiko y su equipo ante la necesidad de “hilar muy fino”, desde su rol como jefa de la principal fuerza opositora, estará bajo “examen” de la clase dominante en su conjunto.

En cualquier caso, el futuro inmediato del Perú augura más de lo mismo, muy similar a la de gobiernos anteriores. El marco general es la hegemonía neoliberal, el programa de explotación, saqueo de los recursos naturales, subordinación al imperialismo, que se expresa con el TLC y el TPP, la impunidad, las leyes represivas, las medidas para garantizar las ganancias del gran capital. El continuismo económico está garantizado.