Desde hace días las declaraciones de por qué el futbolista David Pizarro quiere volver a Italia han generado polémicas en el mundo del deporte. La polémica no es por su vuelta, si no por sus duras críticas hacia quienes administran los clubes, el fútbol y el espectáculo. Pizarro vuelve a poner en la palestra deportiva cómo los empresarios del fútbol chileno mueven las piezas en torno a sus propios intereses.
Louis Álamos Columnista de deportes
Miércoles 4 de noviembre de 2015
Durante el fin de semana se dieron a conocer las declaraciones en los medios deportivos del jugador chileno David Pizarro, las que comentó en una entrevista que dio a un diario deportivo europeo La Gazzeta dello sport, y que durante los últimos días han sido foco de polémicas por los dichos que golpean el negocio de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional de Chile(ANFP).
Tanto los medios televisivos y escritos han publicado titulares como "David Pizarro se aburrió de Chile, de Wanderers y confiesa que volverá a Italia" o "Quienes realmente son hinchas entenderán mi amargura". Pero, estos titulares no expresan de fondo lo que el ’Fantasista’ desarrolló durante la entrevista al medio europeo, y es que Pizarro no es que se aburra porque sí, como lo dicen algunos medios, sino por lo mismo que argumenta en sus declaraciones. Lo que en resumen quiere decir es que el negocio del fútbol en Chile está latente y ha perjudicado a los hinchas que años tras años siguen a los clubes de sus amores.
Por ejemplo, hay partes de la entrevista donde se encuentran frases como "Los clubes no están interesados en que vaya la gente. La televisión les da más dinero que las entradas de los fanáticos. Esto fue un golpe para mí. Es por eso que me gustaría regresar a Italia, en enero" y “Arrepentido de volver jamás. Soy porteño, amo mi ciudad, pero actualmente a los clubes no les importa la gente". Es más, varios jugadores del medio local salieron a respaldar los dichos de Pizarro porque es un tema que viene tocándose hace meses desde que la ANFP ha implantado una serie de políticas que limita a su modo la asistencia de las personas a los estadios. Sólo hay que recordar las palabras que hace un mes decía Gary Medel cuando comentaba en una rueda de prensa de que las entradas están caras y son poco accesibles a la gente del pueblo, debido a que la asociación de fútbol por cada partido de la selección chilena cobra entradas que van desde los $11.000 a los $126.000, lo que es una locura si pensamos en cómo cada día el costo de la vida sigue creciendo para las familias trabajadoras, las que en menos de una semana requieren la cantidad de dinero que exige la entrada más barata para poder movilizarse desde la casa al trabajo.
Pero, cabe destacar que no sólo el valor de las entradas hace que disminuya la asistencia de los hinchas al estadio, sino que las imposiciones de la ANFP han ocasionado que la participación de los asistentes a los espectáculos de fútbol se burocraticen mucho más. Y con esto me refiero con lo que publicamos hace meses en este mismo medio al momento de polemizar con la política del registro nacional de hinchas, la que se impuso con el velo de aumentar la seguridad en los estadios, pero que esconde de fondo aumentar los mecanismo para que la hinchada se aburra por los trámites que implica este registro donde tienen toda tu información, hasta tu fotografía tipo carnet, donde se sacan entradas con la cédula de todas las personas que asistirán y con límites de compra para las entradas lo que como consecuencia trae que hayan más ’hinchas de sillón’ que contraten por menos trabas el Canal del Fútbol.
A lo anterior se suma que la ANFP viene discutiendo créditos para adjudicarse el CDF por completo, por lo tanto, los dirigentes del fútbol chileno vienen buscando todas las formas de llenarse los bolsillos con dineros al son de sus intereses. Incluso el mes pasado en Quilín el directorio discutió dejar de ser una organización sin fines de lucro después que se descubrieran los pagos millonarios a sus representantes y estos tuvieran que devolverlo porque la ley se los prohíbe, entonces ahora quieren ser una entidad privada que permita a los mandamases del fútbol repartirse la torta como ellos quieran tal cual lo explicamos en una de nuestras columnas.
Así es que entre líneas es acertada la declaración principal de David Pizarro cuando dice: "...los clubes nacionales no están interesados en que la gente asista a los estadios, ya que las transmisiones de televisión les entregan más utilidades que las entradas de los fanáticos". Por último, el tema tocado por el jugador, las constantes políticas de la ANFP, sus nuevos intentos de cambiar de personalidad jurídica, el valor de las entradas y sus imposiciones a la hinchada, vienen a poner otra vez en el centro el cuestionamiento hacia dónde va el fútbol.
¿Es esta la única forma en la que el deporte puede ser administrado? Además, el Estado no ha mostrado, con ni un tipo de gobierno estos últimos años, la más mínima intención de hacerse cargo de derechos para las personas como el desarrollo de la disciplina deportiva, menos para quienes son aficionados. Finalizando estas líneas, vuelve a desprenderse que ni en los organismos administrativos deportivos existe en términos organizativo una verdadera democracia donde se discuta el horizonte del deporte, su financiamiento, formas de difusión y participación; es más este último año este tipo de instituciones sólo se ha dedicado a imponer decisiones a la medida de los intereses de los capitalistas como lo hace la ANFP, la que ni siquiera se salva de los casos de corrupción que se están investigando a nivel internacional por el caso FIFA.