Mientras la aprobación de Piñera y su gobierno caen a mínimos históricos y los empresarios atacan con despidos masivos, la CUT y Mesa de Unidad Social, luego de sentarse a dialogar con el gobierno, no han realizado nuevos llamados a paros ni movilizaciones. Por otro lado, sectores de la juventud persisten en las calles, y vemos iniciales luchas y respuestas en el movimiento de los trabajadores que son un camino a seguir. Hay que apoyarlas, coordinarlas y avanzar a un plan de lucha ascendente y paros escalonados para derrotar a Piñera, su represión y conquistar nuestras demandas.
Martes 3 de diciembre de 2019
Un 8,8% de aprobación entrega a Piñera la encuesta realizada por Activa Research, mientras que CADEM le da un paupérrimo 10%. El gobierno está más débil que nunca, prácticamente nadie confía en que puedan revertir la situación actual. Sin embargo, desde sectores de la oposición, como la ex Concertación, se han esmerado por tener una política “de Estado”, donde lo que prima es salvaguardar la estabilidad del gobierno, para rescatar a Piñera y su represión con impunidad, e intentar legitimar la miserable agenda social que no responde a nuestras demandas en las calles.
Por su parte, la mayoría del Frente Amplio (RD, Liberal, Comunes y Convergencia Social) buscan garantizar un “acuerdo de paz” con este gobierno asesino, con la derecha de Chile Vamos y con la ex Concertación, una verdadera “cocina” a espaldas del pueblo trabajador para que realizar una “convención” a la medida de los grandes poderes. El Partido Comunista, que si bien no entró al acuerdo, dirige las principales organizaciones sindicales y se ha negado a convocar verdaderos paros en los sectores productivos; y así como se negaron antes a luchar por el “Fuera Piñera”, ahora buscan presionar para negociar con este gobierno la agenda social de migajas.
Sectores como la Mesa de Unidad Social, que reúne a una gran cantidad de organizaciones sindicales y sociales, dirigidas principalmente por el PC y el Frente Amplio, no ha realizado llamados a nuevas movilizaciones ni paros, ni asambleas, ni siquiera un plan de lucha. Pareciera ser que el diálogo con el gobierno que protagonizaron la semana pasada, significoó en los hechos una tregua que explica el detrimento en la fuerza y masividad de las protestas.
Y si bien el apoyo a las movilizaciones se mantiene (según CADEM, un 67% aprueba las movilizaciones, de ellos un 89% aprueba los caceroleos, un 64% las funas a políticos y un 58% los paros o huelgas generales que ha protagonizado el sector público) el retroceso parcial de las mismas es aprovechado por los empresarios que comienzan a arremeter contra los trabajadores, buscando aleccionarlos por movilizarse: las desvinculaciones por necesidades de la empresa subieron en un 85%, cifrando los despidos en más de 60.000. ¿Por qué los trabajadores deben pagar los costos de una crisis que, en gran parte, generaron los empresarios que pagan sueldos miserables? ¡Intentan someternos a su despotismo echándonos a las calles con nuestras familias! ¡Pero Chile despertó y las y los trabajadores empezamos a luchar!
Frente a estos ataques de los empresarios, comienzan a existir respuestas y fenómenos de resistencia, como los trabajadores del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en Concepción, quienes paralizaron por los masivos despidos injustificados, logrando la reincorporación de todos los afectados; en Antofagasta la línea de buses 119 se encuentra paralizada por mejores condiciones laborales; también se han movilizado los transportistas de Chuquicamata; y en el ex Pedagógico los funcionarios comenzaron una campaña para que todos los trabajadores pasen a planta.
Sin embargo, estas y otras luchas se mantienen aisladas, y por eso la política de tregua en los hechos que mantiene la Mesa de Unidad Social para negociar las migajas de la agenda social de Piñera, es totalmente errónea y deja a la deriva estas luchas. La CUT y todas las organizaciones sindicales de la Mesa de Unidad social deberían oponerse a los despidos exigiendo la prohibición por ley de las desvinculaciones, hacerse parte de las campañas por el fin al subcontrato y exigir un salario mínimo de $500.000 líquidos. Chile despertó y los trabajadores comienzan a forjar su propio camino para oponerse a todo este régimen laboral heredado de la dictadura.
Es aquí, con las y los trabajadores, y junto a la juventud que lucha y se organiza, junto a las mujeres y la población, donde está la fuerza para dar nuevos pasos, para retomar nuestra lucha e impedir que nos saquen de las calles con su “cocina”, sus migajas y su brutal represión; para impulsar un plan de lucha con paros ascendentes para derrotar a Piñera y conseguir nuestras demandas, rechazando su “constituyente” amañada, y así imponer Asamblea Constituyente verdaderamente democrática, libre y soberana, y sin poder de veto.
Si no queremos que los mismos de siempre, anquilosados en el parlamento y el gobierno, decidan por nosotros mediante la trampa del “acuerdo por la paz y una nueva constitución”, tenemos que volver a paralizar y llenar con millones las calles. Ninguna tregua con el gobierno podrá significar un avance de nuestras demandas, por el contrario, mientras más espacio les damos, más avanzará su política de los “grandes acuerdos”.