La caravana inmigrante que se encuentra hoy en México, en un intento por llegar a los Estados Unidos y encontrar mejores oportunidades de vida, es vista como una amenaza para el establishment de los Estados Unidos.
Sábado 10 de noviembre de 2018
El éxodo centroamericano que pasa hoy por México replantea la cuestión de las formas de acumulación originaria sobre las que se formó esa nación y la expoliación de los pueblos de América Latina para que EE UU llegara a ser el país más rico del mundo.
Y es que desde mucho antes de la “Doctrina Monroe” (América para los “americanos”) -cuyo objetivo era impedir el asentamiento de potencias como las de Francia Inglaterra y el regreso de España- España y Portugal, a partir del descubrimiento de América en 1492, se habían repartido lo que conocemos como América Latina.
Pero una vez que los Estados Unidos se adueñarse de la Luisiana, La Florida y Alaska, buscaron aprovecharse de los vastos territorios poco habitados al sur de su frontera, remanentes del imperio español.
Así, alentaron movimientos independentistas en varios países regidos por la corona española y en las provincias del norte mexicano. Al respecto, Henry Kissinger señalaba hablando de la “Doctrina Monroe” que,
“…debería evitarse que los nuevos países débiles independientes, pasaran a convertirse otra vez en dependencias europeas, puesto que ello atentaría contra la seguridad americana”.*
Desde la separación de Texas instigada por Estados Unidos, y anexada a esa nación en 1845, hasta la guerra México-Estados Unidos de 1847 -que significó la anexión de más de la mitad del territorio mexicano-, se iniciaron las bases del poderío de la que hoy es la principal potencia imperialista del mundo.
Un continente avasallado por las cañoneras yanquis
A partir de allí, el despojo y la apropiación de la riqueza de los países del continente siguieron un camino irrefrenable. A través de la marina yanqui, las principales empresas industriales y comerciales se adueñaron del territorio que con los años, y a través de la imposición de gobernantes entreguistas (algunas veces mediante golpes militares), empobrecieron más a la población de esos países, que por su carácter semicolonial y su desarrollo atrasado fueron llamados despectivamente “repúblicas bananeras”.
En el siglo XX, México no escapó a dos invasiones armadas norteamericanas. La última fue en 1916, la cual, de no ser por el estallido de la crisis mundial capitalista que llevó a la Primera Guerra Mundial, hubiera significado una intervención directa en medio de la revolución mexicana. No fue así, debido al involucramiento de los Estados Unidos en la guerra en Europa, y a que el grupo del ABC (Argentina, Brasil y Chile) se negaron a avalar y hacerse parte de dicha intervención.
Fue la expoliación de esos países semicoloniales y los regímenes autoritarios impuestos para limitar las elementales libertades democráticas al servicio del gran trust estadounidenses (así como también, en su momento, las crisis abiertas con los procesos revolucionarios en Centroamérica), las causas que detonaron las migraciones en las últimas décadas.
El éxodo centroamericano que vemos hoy es un fenómeno que, en la fase neoliberal del capitalismo, adquirió ya rasgos a nivel mundial. Así vemos como este fenómeno social se ha convertido en una crisis humanitaria, que en Europa se ha expresado con la avalancha de inmigrantes que huyen de los países de oriente medio y del norte de Africa, y cuya muestra más brutal es la muerte de Alan, el niño sirio de tres años de edad ahogado frente a las costas de Turquía. El imperialismo mundial y sus gobiernos lacayos están decidiendo la vida de siros, africanos, palestinos, croatas, serbios,, africanos, mapuches, aymaras, collas, etc.
La latinidad marcha a la frontera México-Estados Unidos
Sin embargo, el fenómeno de la caravana de inmigrantes centroamericanos es un fenómeno histórico. Ellos buscan vivir y trabajar en el país que construyó su riqueza en base a la miseria de los pueblos de origen de estos emigrantes
Tan sólo en el 2015, ya residía en Estados Unidos un número récord de 36 millones de hispanos de origen mexicano, según las estimaciones del Pew Reseach, basado en los datos de la Oficina del Censo de los Estados Unidos. Y representan el 63% del total de la población hispana hasta ese año. En la actualidad, son 12 millones de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos que constituyen el grupo más grande por país de origen entre los 44.7 millones de inmigrantes que hay en Estados Unidos.
Por ello, tanto Trump como Obama y los últimos presidentes yanquis, han endurecido su política migratoria para evitar que crezca y se fortalezca la comunidad latina en Estados Unidos, pues en un sentido, atentaría contra el supramacismo blanco. Pero más allá de los preocupantes números, está la riesgosa unidad con las otras grandes minorías que reclaman sus derechos, y que unidas pueden ser un factor de inestabilidad para los planes del presidente Trump.
El invisible muro mexicano
En México, la prolongación de la permanencia de los miles de inmigrantes tiende a convertirse en una bomba de tiempo en momentos de la transición de poderes en el país. Tanto el gobierno saliente como el entrante tienen un grave problema en las manos; mejor dicho, en sus relaciones de subordinación con los Estados Unidos. Incluso la “humanitaria” e “imparcial” representación de la ONU en el país, es parte de este problema.
El acuerdo de la transición trata por todos los medios (unos burdamente persecutorios y otros “humanitarios”) de impedir que la caravana prosiga por territorio mexicano. Con propuestas de trabajo temporal a los inmigrantes, condicionados a permanecer en estados cercanos a la frontera sur del país, tratan de detener su avance para después repatriarlos a sus países de origen con más facilidad.
Sin embargo, el sector inmigrante más decidido y que desconfía de las maniobras del gobierno actual y del próximo presidente que pretenden desmovilizarlos, no quiere esperar más (exigen garantías de transporte seguro hasta el norte del país) y por eso empezaron a avanzar en grupos de cientos o miles, arriesgando su integridad física; aunque la mayoría permanecía en la Ciudad de México a la expectativa de que Amlo y la ONU les cumplan sus demandas de transportación segura por lo menos; sin embargo hoy han salido camino al Bajío en su ruta con destino en Tijuana.
¡Paso libre a la caravana por el territorio mexicano! ¡Por un mundo sin fronteras que permita la unidad de todos los trabajadores de todos los países!
¡No al muro que en los hechos el gobierno mexicano está levantando en el país, para hacerle el trabajo sucio al gobierno de los Estados Unidos!
* (Henry Kissinger, “Diplomacy”, 1994).

Mario Caballero
Nació en Veracruz, en 1949. Es fundador del Movimiento de Trabajadores Socialistas de México.