El sistema capitalista y su lógica de buscar la ganancia a toda costa es el responsable del cambio climático, acá lo explicamos con mayor detalle
Martes 9 de julio de 2019
Recientemente se registró una temperatura de 63 grados centígrados en Kuwait un hecho sin precedente, pocos días después se difundió la noticia de que se Alaska llegó a la temperatura más alta registrada en más de 100 años.
Así mismo, México tuvo una de las peores temporadas de incendios forestales que haya tenido, que junto con las emisiones contaminantes propiciaron una vez más, altísimos niveles de ozono que llevaron a declarar la contingencia ambiental en el Valle de México y en varias ciudades más.
Sin duda el calentamiento global es un hecho que está afectando cada vez más a miles de personas y que tenderá a afectar a millones. Noticias e imágenes sobre las consecuencias de este cambio climático provocado por la era industrial no dejan de circular en redes y en noticieros: osos polares buscando comida en la basura, derretimiento de glaciares, olas polares y olas de calor en distintos lugares del planeta, extinción de especies, acidificación de los océanos, refugiados climáticos, etc.
Te puede interesar: #FridaysForFuture: la juventud que lucha contra el cambio climático
Científicos y estudiosos del tema coinciden en que lo que hoy estamos viendo es solo el comienzo de una gran crisis climática que atravesará la humanidad en las próximas décadas y que, de no tomarse medidas urgentes que frenen o reviertan la tendencia, las consecuencias del calentamiento global será catastróficas.
En este escenario, voces de todos los sectores de la sociedad alertan sobre la necesidad de tomar medidas, hemos visto como los jóvenes son los que se ponen en primera fila de la lucha por tener futuro con el movimiento #FridaysforFuture y otras iniciativas que manifiestan la preocupación de millones por el cambio climático. Sin embargo, para poder atacar el problema hay que entender su origen y el origen del calentamiento global, no es otro que el modo capitalista de producción.
Ganancia capitalista y devastación ambiental
Los ciclos de valorización de capital chocan de frente con los ciclos de la naturaleza. Un empresario busca maximizar su ganancia en el menor tiempo posible para poder competir en el mercado a partir de acumular mayor riqueza que le permita reinvertir y estar mejor posicionado en el mercado frente a otros empresarios.
En este ciclo, el capital se valoriza. Es decir que con el capital invertido (desplegado en compra de materias primas y maquinarias, así como en salarios a trabajadores), se obtiene una cantidad mayor a partir de no pagarle al trabajador el total del valor que produce sino únicamente una parte de lo que produce en forma de salario.
Relacionado: Capitalismo, cambio climático y estrategia socialista
Esta valorización del capital, como decíamos, tiene que ser en el menor tiempo posible y con el menos costo posible. Por esta razón, los empresarios sobre explotan los recursos, sean tierras con ganadería extensiva o siembra de monocultivos, minas a cielo abierto, mares con una pesca intensiva, entre otros modos de sobre explotación que no permite que los ciclos naturales repongan lo que se está extrayendo. Es decir que, dada la racionalidad capitalista antes mencionada, se agotan los recursos, no se permite que la tierra regenere sus nutrientes ni que los peces se vuelvan a reproducir.
Sin embargo, si bien el conjunto de la economía capitalista es dañino al medio ambiente tomando en cuenta desde la producción de plásticos, los enormes desechos que emanan de la actividad industrial, la contaminación de ríos, la deforestación, la utilización irracional del agua, etc. Lo que más genera los llamados “gases de efecto invernadero” que son los responsables del calentamiento global, es la utilización de combustibles fósiles, en primer lugar, el petróleo y el gas.
Irracionalidad capitalista versus futuro para la humanidad
¿Cómo se explica que, aún las advertencias de científicos de todo el mundo sobre el futuro que nos espera, no se estén tomando medidas serias para frenar la emisión de gases de efecto invernadero? La única respuesta es que hay intereses capitalistas de por medio y defensores de los privilegios y lujos que unos pocos obtienen a costa de la explotación de millones y de la devastación ambiental.
Podemos ubicar en primer lugar por ejemplo a los llamados “lobbies” de sectores de la gran burguesía que imponen sus designios a los políticos en todos los países. Los dueños de las armadoras de autos y las petroleras, ramas controladas por un puñado de trasnacionales, defienden sus intereses con los dientes. A estos grandes empresarios son a quienes les conviene que se siga utilizando el petróleo como principal combustible para mover la industria.
Si uno se pregunta ¿por qué en lugar de construir segundos pisos para autos no se construyen transportes públicos menos contaminantes?, la respuesta se encuentra en el poder de los capitalistas de estas y otras ramas asociadas.
Sin embargo, no son solo las ramas asociadas directamente a la extracción de combustibles las responsables de la devastación ambiental, es el conjunto de la producción capitalista.
Te puede interesar: No somos todos: el 10% de la población mundial produce la mitad de las emisiones de contaminantes
Esto es debido a que en la sociedad capitalista la realización se logra en el consumo de mercancías, los capitalistas inducen el consumo desde la propaganda para que se compre todo el tiempo. Un trabajador puede llevar una vida agotadora con largas jornadas y bajo salario, sin embargo, gracias al crédito, puede comprar un celular con el cual olvidar parcialmente su miseria. De esta forma el mercado conduce a que sea lo más importante obtener más y más mercancías mientras el ascenso social se mide en relación a la capacidad de un individuo de acceder a mayor consumo.
Si a esto le sumamos cuestiones como la “obsolescencia programada”, que significa que las mercancías dejan de servir a propósito cada determinado tiempo para que se tenga que seguir comprando, vemos como la lógica del capital es la principal responsable del agotamiento de los recursos.
Donald Trump, Bolsonaro y la derecha aprietan el acelerador hacia la barbarie
Mientras las alarmantes noticias sobre el avance del calentamiento global no dejan de aparecer, Trump se burla del cambio climático y Bolsonaro permite que las empresas capitalistas destruyan el Amazonas. Al mismo tiempo, no faltan posiciones fatalistas sobre el cambio climático que hablan de la sobrepoblación o quienes hablan de que ya es demasiado tarde para hacer algo.
Marx había escribo que, en momentos de crisis, el capital busca salir de esta situación a partir de súper explotar sus dos principales fuentes de riqueza: el trabajo humano y la naturaleza. Los mandatarios de la ultra derecha que llegan al poder están acelerando de forma totalmente irresponsable el camino a la catástrofe ecológica que se cierne en el horizonte.
Es claro que a los ricos no les preocupa el cambio climático, ellos, aún haya agotamiento de agua, sequías o huracanes, seguirán viviendo con lujos en zonas cómodas, con bosques privados o lagos artificiales y sin preocuparse de la muerte de millones. Esto, claro está, a menos que la clase trabajadora y el conjunto del pueblo se levante.
Y es que son los sectores más marginados y oprimidos los primeros que sentirán las consecuencias del calentamiento global más directamente, como viene sucediendo con el agotamiento del agua en distintas ciudades en Sudáfrica, con los muertos en las calles por las bajas temperaturas en Argentina o con las enfermedades respiratorias por la contaminación del aire en Mongolia.
La planificación racional de la economía puede salvarnos
Ante este panorama es fundamental que se comprenda que el calentamiento global no es responsabilidad del ser humano en general, sino de la forma en que se organiza la producción en el planeta, es decir que la responsabilidad es del capitalismo en general y de los capitalistas en particular.
Cualquier iniciativa o esfuerzo individual (como reducir el consumo de agua o separar la basura), sirven, pero son impotentes ante el tamaño de la catástrofe que nos amenaza. Por otro lado, la izquierda revolucionaria debe discutir y proponer medidas transicionales de la economía capitalista contaminante y destructiva, a una economía no destructiva ni tóxica con el ambiente y que ponga sobre la mesa el bienestar de las futuras generaciones.
Leer más: Un “Green New Deal” no puede salvarnos, una economía planificada sí
Los enormes avances de la ciencia y de la técnica permiten pensar en que es posible otra forma de organización social y de la producción. Si se busca producir para satisfacer las necesidades de la población y no para garantizar la ganancia de los capitalistas, se puede reorganizar racionalmente la extracción de materias primas, la producción, reducir la contaminación y orientar el consumo a bienes duraderos.
El transporte de personas y de mercancías, de planificarse de esta forma, puede priorizar el transporte público sobre el automóvil privado. Además de que se puede avanzar rápidamente en utilizar combustibles menos dañinos para el medio, sea solar, geotérmica, eólica, etc. La conservación de bosques y reservas se tendrían que tomarse con la mayor jerarquía lo mismo que el cuidado de la fauna.
Para lograr esta economía, los trabajadores organizados de forma democrática tendrían que ser quienes controlen la industria, en primer lugar la energética, con asesoramiento de científicos y técnicos de universidades públicas y como parte de un plan de conjunto donde se destinen los recursos necesarios para esta transformación productiva.
La humanidad no tiene por qué resignarse al futuro devastador que nos promete el capitalismo. Hay una salida y pasa por organizar de otra forma la sociedad, construir una sociedad que ponga en el centro la vida y no la ganancia, una sociedad socialista.