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Educación. ¿Por qué es necesaria una huelga general de educación?

Reválida, miles expulsados por las tasas, miles de profesores despedidos y precarizados. El 26O debería ser el primer paso para poner en pié un movimiento estudiantil unitario, combativo y antiburocrático.

Marta Clar Barcelona | @MartaClar1

Lunes 17 de octubre de 2016

Foto: Twitter

Desde el incio de la crisis hasta hoy, la educación pública ha sido uno de los sectores más golpeados por los recortes. En tan solo cuatro años, 134.000 estudiantes han sido expulsados de la universidad por no poder pagarse las tasas universitarias, que desde el 2012 hasta ahora han subido hasta en un 66%. Más de 30.000 profesores han sido despedidos, y entre los que han conseguido mantener su puesto de trabajo, la mayoría lo han hecho a costa de un trabajo precarizado y sin garantías de futuro.

Los institutos también han sufrido duros golpes, el ataque neoliberal contra la universidad pública ha tenido sus efectos sobre los estudiantes más jóvenes. La aplicación de la LOMCE y las polémicas revalidas son un claro ejemplo del camino hacia la elitización a la que está abocada la educación pública en el Estado español. De hecho, según un informe realizado por Save the Childrens, el abandono escolar temprano, es decir, alumnos que no acaban la ESO, se ha duplicado desde 2008 hasta 2015, afectando principalmente a las familias con menos recursos. Estos datos ponen de manifiesto la apuesta del Gobierno por separar a la juventud trabajadora de su derecho a estudiar.

Las consecuencias de estos duros ataques ha sido, por una parte la drástica reducción de estudiantes de clase trabajadora en las aulas universitarias; por otra la propagación de un sentimiento de cierta derrota entre el conjunto de los estudiantes que a lo largo de todos estos años de recortes han ido viendo como las diversas reformas pasaban por encima de ellos a pesar de su oposición y la dura represión recibida. Cada vez son menos quienes pueden permitirse estudiar, y a la vez, cada vez son más quienes se ven obligados a combinar sus estudios con trabajos precarios, sin garantías que eso cambie una vez finalicen sus estudios. Un sentimiento de "no future" que bien se resume en el conocido diagnóstico que presenta a la actual generación de jóvenes y adolescentes como la primera en ser consciente de que vivirá peor de lo que vivieron sus padres.

Revertir la "década perdida": ¡Organicemos un movimiento estudiantil combativo!

El resultado de esta situación ha sido la debilitación progresiva del movimiento estudiantil, cada vez más dividido y alejado de los sectores críticos del profesorado afectado por la precariedad. Sin embargo, desde el curso pasado hemos podido ver una reorganización inicial de los estudiantes de secundaria, como respuesta a la implementación de reformas que les afectarán principalmente a ellos, como imposición del modelo de "reválidas" o el conocido "3+2". ¿Pueden convertirse estas "voces críticas" en la chispa necesaria para construir un movimiento estudiantil que vuelva a tomar las calles y pelee por el derecho a la universidad pública, gratuíta y al servicio de la clase obrera y los sectores populares? Creemos que sí.

Este próximo 26 de Octubre hay convocada una jornada de huelga estudiantil por el Sindicato de Estudiantes (SE) en contra del modelo de evaluación que significan las reválidas y por la defensa de la educación pública. Como critican muchos estudiantes, el SE es un sindicato sin estructuración orgánica ni presencia en los institutos ni en las universidades, que como es tradición en esta corriente convoca las jornadas de huelga y movilización de forma totalmente ajena a los organismos de autoorganización que desarrollan los propios alumnos, como son las asambleas. Un método burocrático que ha provocado la antipatía de la mayoría de corrientes estudiantiles. Un método, además, que lejos de tender puentes para conseguir levantar un movimiento de lucha unitario en las calles, sirve para separar a los estudiantes.

Pero en esta ocasión, el Sindicato de Estudiantes ha ido todavía más lejos en su propósito de dividir al conjunto de los estudiantes, llamando a una huelga dirigida únicamente a los estudiantes de secundaria. El ataque generalizado a la educación pública, bien merece una jornada de movilizacion unitaria, que recoja las principales reivindicaciones del conjunto de la comunidad educativa: estudiantes universitarios, de secundaria, FP, profesorado y personal no docente.

Precisamente porque el ataque es generalizado, es de vital importancia que la respuesta del movimiento estudiantil también lo sea. Sin embargo, la respuesta de una parte corrientes estudiantiles y de algunas asambleas de facultades ante la convocatoria de huelga ha sido de rechazo o indeferencia, en oposición a los métodos anti-asamblearios del SE. Un sentimiento antiburocrático legítimo, pero que en la práctica tan solo es funcional a profundizar todavía más la pasivización, desmoralización y división entre los estudiantes, llevando al conjunto del movimiento estudiantil a una situación de profunda agonía.

Desde la red de agrupaciones estudiantiles en la que nos integramos No Pasarán en Barcelona, el SEI en Zaragoza y Armas de la Crítica en Madrid, creemos que el 26 de Octubre puede ser un primer ensayo para organizar un movimiento estudiantil combativo, que pelee por las demandas del conjunto de la comunidad educativa, tales como la anulación de las reválidas y la LOMCE, retirada del conocido "3+2", la eliminación del famoso tasazo del 2012, incorporación inmediata de los miles de estudiantes expulsados por no poder pagar los desorbitados precios de las matrículas y el fin de la precariedad en la educación, pase a plantilla fija del profesorado asociado universitario y los interinos.

En el marco de la lucha por la educación pública y gratuita, no podemos renunciar a ninguna de estas exigencias. Sabemos, por otra parte, que una lucha de estas características necesita levantar amplios organismos de auto-organización estudiantil.

Al mismo tiempo, a día de hoy, los principales sindicatos mayoritarios del profesorado funcionan como un cortafuegos ante una posible reactivación de la lucha entre los trabajadores de la educación. Pese a eso, se trata de sindicatos mayoritarios, que todavía hoy en día son capaces de movilizar a un importante número de trabajadores y trabajadoras. Por eso mismo, es de primera necesidad pelear por tejer alianzas con el conjunto de la comunidad educativa, peleando por la convocatoria de una huelga general de educación, denunciando la pasividad de las direcciones sindicales y exigiendo un plan de lucha a la altura del ataque y los retrocesos sufridos.

Seamos parte de esa juventud que se pone en pie en todo el mundo

http://www.izquierdadiario.es/La-ju..., donde una nueva oleada de movilizaciones avanza por todo el país, generalizándose la toma de escuelas y universidades. Al menos 120 escuelas y 2 universidades han sido ocupadas contra la reforma en la enseñanza secundaria y los ataques del gobierno golpista de Temer, principalmente en Paraná, Río Grande do Sul y Río Grande do Norte y Minas Gerais. Una situación que nos recuerda a la situación abierta en 2013.

http://www.izquierdadiario.es/Repre..., donde las movilizaciones de los estudiantes universitarios contra la subida del precio de las matrículas se continúa extendiendo por varias ciudades en todo el país, enfrentando la fuerte represión del gobierno. Un movimiento histórico, que surgió a partir de la oposición al incremento del 6% en las cuotas y que hoy se propone seguir avanzando en la lucha por la educación gratuíta.

O en http://www.izquierdadiario.es/El-mo..., donde la juventud ha jugado un rol destacado en la lucha contra la aplicación de la Ley del Trabajo, empezando a construir lo que más temen las burocracias sindicales: la unión obrera y estudiantil. Pues el aliento enérgico de una juventud combativa, que viene expresándose y radicalizándose en el movimiento "Noche en Pie", podría suponer el empujón necesario para que la clase trabajadra tome impulso y desencadene un movimiento mucho más amplio, que una lucha por la derogación de la reforma, a la lucha contra la precariedad laboral, el racismo institucional y el Estado de excepción que viene golpeando duramente a los sectores más marginados de la clase trabajadora.

En Alemania, la juventud viene encabezando las luchas contra las políticas racistas del Gobierno contra los refugiados. Miles se organizan para enfrentar el avance de la extrema derecha, que crece recogiendo la frustración de millones de jóvenes que ven cómo el futuro les abre una puerta a la desigualdad y la precariedad.

En el Estado español, también cabe la posibilidad de que la juventud sea la protagonista de un nuevo salto a escena en la pelea por el fin de la elitización de la educación pública.

En el fondo, lo que saben los sindicatos burocráticos y el conjunto de los partidos del Régimen, es que cuando la juventud emerge combativa y capaz de desarrollar mecanismos de coordinación para poner fin a la profunda división que hoy existe, todo se tambalea.