Las elecciones en las Federaciones estudiantiles de la Universidad Católica, de Chile, Central y Alberto Hurtado, trajeron la sorpresa de un movimiento estudiantil desplazándose a izquierda, al perder las listas de las juventudes del Gobierno y de la derecha. Aún así, la nueva presidenta de la FECH marca un límite.
Miércoles 18 de noviembre de 2015
Resultados de las elecciones, críticas de los proyectos
Los resultados de las elecciones en estas Federaciones, como ya informó La Izquierda Diario, mostraron la derrota de las juventudes del Gobierno, como el intento de las Juventudes Comunistas (JJCC) en la FECH de volver a la presidencia, o de la derecha, el gremialismo UDI, en la FEUC, frente a listas de izquierda.
Los anuncios del Gobierno de dar inicio a la gratuidad en el 2016, no fortalecieron la opción de sus juventudes, como vimos en la FECH. Pero no por rechazo a la gratuidad y al fortalecimiento de la educación pública. La oposición por derecha a la gratuidad también fue rechazado, como vimos en la FEUC.
Las últimas encuestas muestran que, a pesar de la enorme campaña de los medios de comunicación de la derecha contra cualquier cambio o reforma, a pesar de la baja aprobación al Gobierno (cerca del 20%), el apoyo a las reformas es mucho más alto (cerca del 50%).
Por eso, los resultados muestran que el movimiento estudiantil, se desplaza a la izquierda. Rechaza las críticas de la derecha. No se conforma con los anuncios del Gobierno que pretendía aplacarlo con sus promesas. Va por más. Lo que se rechaza es lo moderado de los anuncios del Gobierno.
Pero Camila Rojas, la nueva presidenta de la FECH, de Izquierda Autónoma del diputado Gabriel Boric, rechaza que se hable de que se desplaza a izquierda al movimiento estudiantil.
¿A quién le habla Camila Rojas?
Partió por declarar que “no es que ahora haya llegado la izquierda a la Confech, más bien ha sido una apuesta desde 2011”.
Si se refiere a que es parte de las mismas fuerzas que dirigen la CONFECH desde el 2012, es un hecho muy cierto.
Pero dijo algo más. Dijo que "no tiene sentido que nos tilden de radicalizados porque somos los mismos y porque no es nuestra intención”.
¿A quién le habla, a quién quiere tranquilizar?
Si le habla a las campañas criminalizadoras de los medios de comunicación de la derecha, no tiene sentido. No los podrá convencer de nada, son anti-estudiantiles, así como son anti-trabajadores, anti-izquierda, anti-sindicales. Y lo seguirán siendo. Además, en estos momentos al menos, no están ocupados del movimiento estudiantil, no están con una de sus tantas campañas criminalizadoras que cada cierto tiempo orquestan y despliegan.
¿A quién le habla entonces?
Un llamado a corregir el modelo
Para seguir con su intento de tranquilizar, afirma que el 2016 será un año "de harta movilización", pero también de "generar propuestas y dialogar cuando sea necesario". Agregando que “nuestra apuesta es ganar el sentido común: que hoy día sea una necesidad de todos y todas querer transformar la educación".
Digamos de paso que “las propuestas”, ya están hechas una y cien veces. Y que “el diálogo”, ya se chocó con la sordera del Gobierno y el Parlamento y se intentó de nuevo este año con las mesas pre-legislativas y otras instancias. No sacan ningún balance.
Lo más importante es al servicio de qué estos caminos, la movilización, las propuestas y el diálogo.
Básicamente, de dos objetivos. Uno, que el Gobierno de muestras de buena voluntad. Dos, que el modelo sea maquillado, corregido. Veámoslo en sus propias palabras: se trata de avanzar en fortalecer la educación pública "porque creemos que es la principal muestra que podría dar el Gobierno para hacer un giro en el modelo que hoy tenemos".
Le habla entonces al Gobierno, para que dé muestras de buena voluntad, su principal muestra, “hacer un giro en el modelo”.
Para conseguir la gratuidad, los estudiantes tenemos que tener los ojos bien abiertos, necesitamos una CONFECH que no arroje polvo en nuestros ojos. Porque lo cierto, es que el Gobierno no dará muestras de buena voluntad. Ya lo podemos comprobar con sus anuncios y sus leyes. El modelo no debe dar “un giro”, sino que debe ser sepultado. Y para eso, del Gobierno no se puede esperar nada, ni del Parlamento con sus acuerdos entre la derecha y la Nueva Mayoría y su colusión con los empresarios.