Los jóvenes de la derecha señalan que es en los sectores populares donde los cuerpos represivos debieran estar descargando sus desmanes.

Ángel Arias Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts
Domingo 22 de mayo de 2016
Los jóvenes de la derecha se irritan –no sin razón– cuando los reprimen, sin embargo, casi como sentido común, señalan que es en los sectores populares donde los cuerpos represivos debieran estar descargando sus desmanes.
Este miércoles pasado (18/05) fue día de marchas y disturbios, nuevamente la oposición quería llegar al centro de la ciudad y el gobierno se lo impidió, con un gran operativo policial y sus dosis de represión. Un episodio más de la pulseada por la calle y por la “transición” que busca la derecha hacia un régimen postchavista. Sin embargo, no es esta cuestión la que queremos tratar aquí, sino algo más específico, digamos, algo así como del ADN político de estos jóvenes que se movilizan con la oposición de derecha: esa indignación selectiva –para ser suaves en el término– ante la represión.
Quienes militamos en la izquierda revolucionaria, en el trotskismo –como continuación revolucionaria del marxismo y el leninismo–, estamos firmemente contra el aumento de las capacidades represivas del Estado burgués, nos oponemos al recorte de las libertades democráticas. Aún que se trate de gobiernos enfrentados parcialmente al imperialismo o a oposiciones de derecha, pues sabemos que nada bueno viene para los trabajadores y el pueblo pobre de la mano de un mayor autoritarismo o disciplinamiento social por parte del principal órgano de poder en la sociedad capitalista. Como hemos sostenido –y la realidad lo muestra–, esas medidas siempre terminan por recaer con mayor fuerza sobre las luchas del movimiento obrero y popular.
En ese sentido, no cabe duda que no abrigamos ninguna solidaridad con la represión oficial, y muy lejos estamos de las fantochadas de algunos en el chavismo que pretenden justificar la represión con argumentos “clasistas”, como que la mayoría de los manifestantes son “blanquitos, de clase media alta, hijitos de papá y mamá”, mientras los policías o los guardias son mayormente “morenos, hijos de familias humildes del pueblo”, que al reprimir estarían respondiendo a la agresión de los ricos que siempre se han creído superiores, y expresando así, de alguna manera, el “odio de clase” de los oprimidos. A estos “audaces” razonadores, que por lo visto están desligados totalmente de cualquier proceso de lucha real de los explotados y oprimidos, donde la represión no es cosa “del pasado”, no les entra en la mente la simple verdad de que no hizo falta que fueran “hijitos de papá y mamá” los obreros y obreras de Sanitarios Maracay, Petrocasa, Sidor, Canteras Cura, Heinz, Fundimeca, Mitsubishi, etc., etc., los campesinos que ocupan tierras o los yukpa de la Sierra de Perijá –por solo poner algunos ejemplos–, para que los cuerpos represivos descargaran sobre ellos su furia.
Sin embargo, no es solo el chavismo quien avala la represión por parte de este Estado, sino también estos jóvenes que se dicen “demócratas”, quienes hoy están circunstancialmente en el bando de los que reciben represión.
Cerca de uno de los focos de enfrentamiento de este miércoles –entre Plaza Venezuela y Sábana Grande–, en una camioneta de la ruta Río Tuy–Santa Mónica, se montan agitados –no es para menos–varios de los chamos que estaban marchando con la derecha, visiblemente excitados, pues venían de algún encuentro con la policía o con los estudiantes de las residencias estudiantiles “Livia Gouverneur”. Con toda su “autoridad moral”, como quien sabe –o cree– que está diciendo alguna verdad contundente, uno de ellos soltó lo que ya casi es un estribillo de estos muchachones, crema y nata del pensamiento democrático: “¡Pa’ joderlo a uno si son valientes esos policías, ¿pero por qué no se meten pa’l cerro a echar plomo?, ahí es donde tienen que estar!”
Lo mismo habíamos escuchado ya por las fechas de febrero de 2014 –cuando tuvo su auge la ola de protestas y acciones callejeras digitadas por Leopoldo López– en boca de dirigentes estudiantiles de la Universidad del Zulia (LUZ), y en videos caseros que captaban el ensañamiento con que la Guardia Nacional reprimía. Todo un sentido común.
¡¿Cuán diferente esta indignación a la que expresábamos quienes de chamos, a finales de los 90’s, vivimos la cotidianidad de andar excitados por un reciente encuentro con la represión policial o de la guardia?! ¡Jamás se nos hubiese ocurrido decir que era en el barrio donde tenían que estar descargando su accionar! De paso, buena parte de nosotros vivía en el barrio. No los queríamos reprimiendo las protestas ni tampoco los pedíamos para el barrio.
Pero así es la conciencia política “democrática” de estos muchachos: que la policía no nos joda a nosotros, estudiantes, demócratas, gente de bien, pero que se meta con todo para los sectores populares “a buscar malandros” y a todo aquel que se le atraviese… Si es cotidiano el abuso policial con la gente del barrio, si hay ajusticiamientos por doquier –el “gatillo alegre”–, si las “OLP” implican el sometimiento a verdaderos estados excepción y situación de guerra a decenas de miles de hombres, mujeres, ancianos y niños en el barrio, si para matar (porque no se trata de apresar sino de la aplicación de la pena de muerte) al líder de una banda asesinan a los familiares o amigos, etcétera, etcétera, eso, la verdad, no le preocupa a estos muchachones de bien. Tan democráticos ellos.
Las y los jóvenes de Barricada! –la agrupación juvenil anticapitalista que impulsamos–, hace rato que han dejado clara su oposición a la represión estatal, pero también denunciado el carácter selectivo de esta indignación de la juventud de la derecha: “Es que es tan falsa y demagógica esta derecha y el sector del movimiento estudiantil que la apoya, que no resulta pura casualidad que mientras exigen la libertad de asesinos como Simonovis, responsable de los asesinatos perpetrados por la otrora Policía Metropolitana en Puente Llaguno en el 2002, jamás han levantado la voz por los (...) obreros que están presos [o enjuiciados] por luchar, por los trabajadores asesinados por la represión estatal, como el caso de los obreros de Mitsubishi, o la impunidad reinante frente al sicariato patronal; tampoco por la muerte de los campesinos que luchan por tierras, o la represión y asesinatos selectivos de importantes personalidades de nuestras comunidades indígenas, como Sabino Romero, cacique yukpa”.
Lo más patético del asunto es que en el pedido de mayor control policial y represión en los sectores populares, estos jóvenes de derecha coinciden… con el gobierno nacional. Es el gobierno quien viene aplicando una “política de seguridad” que nada tiene que envidiarle a la derecha.
En todo caso, ya sabemos cómo es un aspecto de la idea de “democracia” de estos muchachos: perdigones, lacrimógenas y golpes para ellos, ¡no!, abusos policiales, balas, amedrentamiento en masa y ajusticiamientos policiales para el barrio, ¡sí!

Ángel Arias
Sociólogo venezolano, nacido en 1983, ex dirigente estudiantil de la UCV, militante de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y columnista de La Izquierda Diario Venezuela.