Un llamado de urgencia.
Viernes 15 de mayo de 2020
Nos despertamos todos los días, temprano. Desayunamos corriendo, a veces salimos sin bocado de alimento en la panza. Salir corriendo a tomar el transporte. El transporte hará dos horas para llegar a nuestro centro de trabajo. Cansados porque ayer estuvimos toda la noche haciendo las labores domésticas. Nos llamamos trabajadores, nuestro apellido es precariedad.
La vida de los “precarios” no sale en las noticias. Ni en las telenovelas. Somos los invisibles, los desechables, los “nadie”. No tenemos estabilidad laboral, jubilación, seguro social, caja de ahorro, contrato colectivo, nómina de pago, sindicato y cuando tenemos son mafiosos. No tenemos créditos de vivienda, no tenemos días de vacaciones, vales de despensa, horarios fijos o jornada laboral estable.
Trabajamos fines de semana, sudamos en nuestros trabajos los días festivos, recibir un aguinaldo es casi imposible. La palabra utilidades no está en nuestro vocabulario. Trabajamos enfermos: no existen permisos de “incapacidad”. Se nos va la vida, compañera, compañero, como la mugre en el lavadero.
Vamos al día, apenas si ganamos para sobrevivir. Trabajadores en call centers, repartidores de comida rápida para empresas como Uber, Didi, Rappi, cajeros de empresas como Wal Mart, Aurrera, Elektra, somos los jóvenes que atienden noche y día en los Oxxo, las y los cajeros en Palacio de Hierro. Los trabajadores precarios en servicios. Huvy Cruz, joven estudiante de la UACM y empleado de call center, es nuestro estandarte: no debemos morir por la criminal política de Salinas Pliego.
La precariedad va llegando a todos los sectores y ramas. En el Estado, en las autopartes, en la industria maquiladora, en la industria del automóvil, entre los docentes universitarios, en las y los jornaleros, en las petroquímicas, los laboratorios, entre los maestros.
En la industria maquiladora las denuncias son infames en medio de la gran pandemia: en las plantas hay falta de gel antibacterial, falta de jabón de baño, falta de agua, hacinamiento, recortes salariales, despidos. En algunas maquilas usan tubos de PVC y hule cristal para “mantener la sana distancia”, en otras drásticamente fueron clausurados comedores y transporte de personal. No hay guantes, ni cubrebocas y cuando quieren ir al baño a lavarse las manos se les impide ir. En otras empresas les obligan a firmar su renuncia anticipada.
Desde hace décadas quieren obligarnos a aceptar que nuestra vida, no vale. La pandemia de covid-19 generará una ola de despidos inaceptables. En México se prevén 4 millones de personas que no tendrán trabajo.
Desde 2015 las y los trabajadores en México hemos comenzado a decir basta: las primeras huelgas en la maquila con la lucha de Lexmark y la segunda con la rebelión de los trabajadores de San Quintín en Baja California dieron paso a las huelgas en Matamoros con el movimiento 20-32. Le siguieron paros laborales en varios puntos del país: Goodyear, Rintex, Civac Nissan y se organizaron movimientos emblemáticos y poderosos en General Motors. Por lo menos, desde ese año, han surgido unos 250 resistencias obreras. Pero, el problema, es que no tenemos organización.
Requerimos un movimiento nacional contra la precariedad laboral y contra los despidos. Un movimiento que recorra las maquilas del norte, las tiendas departamentales de la Ciudad de México, los ranchos de jornaleros en la península, los call center, las empresas de electrónica del Salto, la industria del automóvil en Silao, las universidades como la UACM, las dependencias del Estado.
Hoy, los docentes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México que luchan contra la precarización laboral, ha dado un primero paso en convocar un movimiento de estas características. Para organizar un movimiento, amplio, que una a los miles de trabajadores precarizados de las fábricas, los call centers, de las dependencias del Estado con las resistencias en lucha como la huelga de Notimex y los trabajadores de Chapingo para la resolución de los conflictos. Este movimiento debe organizar a los no organizados: hagamos movimiento. Recorramos como el rayo que ilumina la mañana: hagámoslo ya, rápido, urgentemente.
El dramatismo de la situación actual nos pide celeridad: luchemos contra los despidos, por licencias laborales pagadas, por aumentos salariales, por derecho a la estabilidad en el empleo. Pero también tenemos que llamar a las grandes centrales sindicales a que abracen esta lucha: los telefonistas, los sindicatos universitarios, los maestros democráticos deben recuperar nuestros reclamos y ayudarnos a impulsar la lucha.
Somos la sal de la tierra, los esenciales en tiempo de covid-19. Los capitalistas no son esenciales para la vida, los precarios sí.
Únete a nuestro movimiento.