La profundización de la “purga” por parte del gobierno de Erdogan y otras medidas en curso en Turquía aumentan la tensión con este aliado clave de la OTAN en la región.

Josefina L. Martínez @josefinamar14
Miércoles 20 de julio de 2016
Estados Unidos y la Unión Europea rechazaron el intento de golpe de estado el pasado sábado, asegurando que defendían a un “gobierno electo democráticamente”. Pero la defensa de la “democracia” no tiene nada que ver en su decisión, como muestra el apoyo al golpe de estado de los militares en Egipto contra “un gobierno electo democráticamente”. Lo que está en juego en Turquía es la continuidad de uno de sus principales aliados en la región, integrante de la OTAN, el hombre fuerte de un estado “tapón” entre Europa y la convulsiva región de Siria e Irak.
A contramano de la defensa de la supuesta “democracia” en Turquía, esta semana Erdogan ha profundizado su curso bonapartista y reaccionario, llevando adelante una radical “purga” interna: más de 8000 integrantes del ejército y la policía detenidos, la suspensión de 45.000 jueces, maestros, funcionarios públicos y decanos universitarios y la prohibición para ellos de dejar el país. Están acusados y serán investigados por supuesta colaboración con una “organización terrorista”, en referencia a las redes del movimiento gülenista.
El curso autoritario en marcha no hace más que trasladar parcialmente al conjunto de la población, bajo la excusa de que se persigue a los instigadores del golpe, el “estado de excepción” impuesto a la población de las regiones kurdas de Turquía hace más de un año. Aunque en esas zonas hablar de represión se queda corto, con toques de queda permanentes y asesinatos masivos por parte del ejército.
Estados Unidos y la UE no tienen problema en apoyar y sostener como aliados preferentes a regímenes dictatoriales, como hacen con Egipto, Israel y las monarquías árabes. Pero con Turquía las relaciones internacionales atraviesan una gran tensión y Erdogan no aparece como un “aliado seguro”.
Relaciones conflictivas con un aliado clave
Los aliados occidentales de Erdogan se encuentran ante un importante problema. No pueden simplemente ignorar su giro cada vez más reaccionario, más aún cuando Turquía busca su admisión en la UE, pero tampoco están dispuestos a hacer nada que pueda llevar a la ruptura. Necesitan a Erdogan, tanto como él los necesita a ellos.
El Gobierno alemán criticó este miércoles las medidas del gobierno turco, asegurando que “contradicen los procedimientos del Estado de Derecho". El portavoz del Gobierno, Steffen Seibert, transmitió la “preocupación” de Angela Merkel por la oleada de detenciones y destituciones que se está desarrollando. Alemania se encuentra en una especial encrucijada, intentando ponerle límites a Erdogan a la vez que lo sostiene, ya que se trata de su única garantía para frenar la ola de refugiados sirios hacia el norte de Europa.
En el caso de Estados Unidos, una cuestión especialmente sensible para sus relaciones bilaterales es la presencia de tropas de la OTAN en la base militar turca de Incirlik, punto de partida para las operaciones contra el Estado Islámico en Siria e Irak. Por si fuera poco, en esta base militar se encuentra un almacenamiento de armas nucleares norteamericanas, que Estados Unidos tiene en varias bases militares europeas, incluyendo Turquía.
La noche del sábado, mientras se desarrollaba el intento de golpe, algunos aviones despegaron desde esa base militar y sobrevolaron edificios públicos. El comandante militar de la base de Incirlik fue detenido horas después del fracaso del golpe, acusado de traición. Según informa la BBC, durante el intento de golpe de Estado, las autoridades turcas cortaron la electricidad en la base militar y cerraron el espacio aéreo, dejando aislado al personal en Incirlik, algo que fue visto con mucha preocupación desde el Pentágono.
Otro foco de tensión se abrió cuando algunas autoridades turcas acusaron directamente a Estados Unidos de estar apoyando a los golpistas, lo que fue negado rotundamente por el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry. “Las insinuaciones públicas o declaraciones acerca de cualquier tipo de papel de Estados Unidos en el fallido intento de golpe son complemente falsas y dañinas para nuestras relaciones bilaterales”, aseguró Kerry.
Quizás el punto de controversia central es la presencia de Fethullah Gulen en Estados Unidos, donde vive exiliado hace 15 años. El gobierno turco ha reiterado el pedido de extradición a Estados Unidos y ha dicho que no hacerlo sería considerado como colaboración con “un terrorista”.
Estados Unidos necesita a Turquía para la lucha contra el Estado Islámico, organización con la cual el gobierno turco ha mantenido una posición al menos ambigua, dejando “correr” sus actividades a través de Turquía o comprando petróleo a ISIS, según denuncia Rusia. Pero el apoyo militar de Estados Unidos a las milicias del kurdistan irakí, para utilizarlos en la guerra contra el Estado Islámico, ha ahondado el malestar de Turquía.
La situación abierta después del intento de golpe fallido, la mayor bonapartización del gobierno turco y las incertidumbres abiertas sobre su política exterior aumentan la tensión con los aliados occidentales. Lo más probable es la irrupción de nuevos episodios que sacudan la región.

Josefina L. Martínez
Nació en Buenos Aires, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Autora de No somos esclavas (2021). Coautora de Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.