Fue lo que subieron alimentos y bebidas no alcohólicas en marzo respecto de diciembre del año pasado. Después de las cuotas de los colegios privados es el rubro que más sube. Los gobiernos dicen que controlan, pero la remarcación de precios no para. ¿Qué hacer?

Gastón Remy Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.
Lunes 20 de abril de 2020 17:55
En el primer mes de la cuarentena obligatoria la inflación no dio tregua con un 4,6% respecto de febrero, superando el promedio del NOA (3,8%) y nacional (3,3%).
El golpe al bolsillo lo reciben, una vez más, los sectores más vulnerables. Aquellos que perdieron el empleo como en bares, restaurantes, hoteles, comercios, en su mayoría quienes están en negro, un sector que abarca al 52% de los asalariados de la provincia.
Un escalón más abajo se encuentran los desocupados y los cuentapropistas, un sector que tiene al 80% (43 mil personas) en negro, sin poder salir a realizar changas o ventas ambulantes con las cuales “hacerse el día”. Estos aumentos van a quedar seguramente “cortos” para cuando las 167.387 personas que recibirían el Ingreso Familiar de Emergencia cobren los 10 mil pesos correspondientes.
En los rubros lo más preocupante es la suba de los alimentos y bebidas de 5,6%, y desde diciembre hasta marzo la suba acumulada de precios de estos productos es del 12,4% y superan al promedio general de precios acumulado que fue de 9,7%.
En marzo cuando los gobiernos nacional y provincial anunciaron controles de precios, sin embargo, alimentos básicos tuvieron fuertes alzas respecto de febrero. El pan mignon (+9,5%); bizcochos (+6,3%); huevos (+7,6%); lechuga (+34,1%); tomate redondo (+14,3%); azúcar (+5,8%), carne picada (+3,7%), entre otros productos de una lista que componen el índice de precios que elabora la Dirección Provincial de Estadísticas y Censos (DIPEC).
Claramente el control de los gobiernos no frena la remarcación de precios. Incluso si consideramos que en su mayoría estos alimentos se elaboran dentro de la provincia.
Es sabida la situación histórica que atraviesan los pequeños productores de hortalizas de la zona de la quebrada de Huamhuaca de parte de los intermediarios. Estos últimos les imponen precios a la baja en el lugar de retiro de las verduras para luego revender varias veces más caro estos productos en las ferias o verdulerías. Pero este es solo un sector y un ejemplo.
No podemos dejar de lado que hay otros actores de peso en la producción de alimentos como los ingenios que el año pasado subieron un 100% el precio del azúcar. Ledesma y Tabacal (Salta) se retiraron del acuerdo de “precios cuidados” en enero porque no le convalidaban un aumento del 25% del azúcar. Este producto, como era de prever, siguió subiendo.
Pero también hay que contemplar el rol de las cadenas de supermercados, en su mayoría multinacionales o grandes grupos de familias locales, siendo que las primeras concentran cerca del 60% de la comercialización de alimentos y bebidas del país. Las medidas de aislamiento obligatorio tuvieron eco en un aumento en las compras en supermercados el mes pasado, el cual, las patronales aprovecharon para agregar su granito en la remarcación general, mientras recibieron denuncias de sus propios empleados por aumentar la explotación sin dar descanso a sus trabajadores.
Te puede interesar: Cuarentena en el supermercado de Jujuy: laburar sin descanso
Te puede interesar: Cuarentena en el supermercado de Jujuy: laburar sin descanso
Según un estudio de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) en marzo, la participación de los productores en el precio final del producto aumentó al 25,9%, con subas en promedio de 4,6 veces la relación entre el precio que se le paga al productor y el precio final en góndola. Por ejemplo, el limón se paga 7,1 pesos el kg en origen y 56,7 pesos el Kg en góndola, en este caso una diferencia casi de 8 veces muy por encima del promedio mencionado.
Azúcar, hortalizas, pan, entre otros productos, atraviesan una larga cadena donde los grandes productores, intermediarios, distribuidores y comercializadores hacen un negocio que en momentos de crisis tan aguda choca con las necesidades de las amplias mayorías. Los gobiernos hacen “como sí” controlaran pero les dejan después hacer lo que quieren con los precios.
Ante este panorama lo más democrático sería implementar urgentemente un control obrero y popular de precios, junto con la eliminación del secreto comercial, una forma de poner a la luz cada una de las maniobras de estos grandes actores económicos que conspiran contra los intereses del pueblo trabajador. Los sindicatos deberían salir de la parálisis y organizar a los y las trabajadoras para dar esta pelea por poner las necesidades vitales de la clase trabajadora por encima de las ganancias de unos pocos empresarios.

Gastón Remy
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.