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Red Internacional
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FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES UNAM. Presupuesto y transparencia: la pelea por educación pública y gratuita sobre la mesa

La demanda de participación estudiantil en la definición de cómo se aplica el presupuesto universitario.

Lunes 16 de septiembre de 2019

El funcionamiento democrático en la toma de decisiones haría mucho más fácil pensar en la solución del resto de las demandas.

Los voceros estudiantiles plantearon la necesidad de transparencia en el uso y asignación del presupuesto.

La cuestión es que a pesar de que existen distintas plataformas y mecanismos, para conocer lo que se destina del presupuesto total de la UNAM a nuestra facultad, tal como nos “recomendaron” las autoridades en el diálogo, estas cifras no reflejan los aportes extraordinarios, y la forma en la que se distribuye el total de estos ingresos.

La cuestión sería no sólo tener acceso, sino que todas y todos los estudiantes - y en realidad también trabajadores y académicos- pudiéramos intervenir democráticamente en esa distribución presupuestal.

Otra de las demandas sentidas fue la necesidad de que se consulte la línea académica con la que se realizan desde coloquios, diplomados y seminarios, hasta la elaboración de los planes de estudio.

No basta con que se generen mecanismos y criterios para que los alumnos podamos decidir sobre algunos ponentes, o interponer quejas una vez que alguien ha sido invitado, como se llegó a plantear en las asambleas. Lo que está detrás de estas demandas es al servicio de que está la educación.

Tanto Chávez como Cuéllar argumentaron que el cobro de los cursos, diplomados, seminarios, etc. radica en que la facultad presta servicios “a la cámara de diputados, secretarías de estado, etc.”, cuyos empleados requieren capacitación, y no son destinados a ex alumnos de la facultad, que por supuesto no tendrían para cubrir tan altos costos.

Chávez preguntaba “¿Por qué no cobrarle a quien tiene para pagar? quitar los costos sería privilegiar a los que ya son privilegiados”, después afirmó que algo que si podríamos consensar sería omitir los costos para alumnos que busquen esta modalidad de titulación.

El problema nodal es entonces, si los estudiantes vamos a permitir que mientras la UNAM excluye año con año al 90% de los aspirantes al derecho de la educación pública y gratuita en la universidad, los cursos extracurriculares se destinen a sujetos que efectivamente podrían pagar los mismo en cualquiera de las escuelas privadas de este país.

Por eso, es menester de este movimiento poder garantizar la intervención estudiantil, junto a especialistas, en el diseño de seminarios, diplomados, etc., y por supuesto de los planes de estudio, para que nuestra universidad y el conocimiento que se produce en ella esté al servicio de los hijos del pueblo pobre y trabajador.

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Mariel Ochoa

Estudiante de la FCPyS