La Izquierda Diario conversó con dos profesoras que vienen saliendo de una importante conquista en las recientes elecciones del Colegio de Profesores: Patricia Romo, presidenta electa del comunal Antofagasta; y María Isabel Martínez, integrante del directorio del comunal de Lo Espejo, Santiago.
Martes 6 de diciembre de 2016
Desde nuestro medio de prensa quisimos conocer más a fondo a dos mujeres dirigentas, docentes y militantes revolucionarias que vienen de una gran experiencia tras las elecciones en el Colegio de Profesores (CdP), donde fueron parte de la lista D Recuperemos el Colegio de Profesores desde y para las bases.
Ambas son integrantes del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR) y de la agrupación de docentes Nuestra Clase. Patricia Romo acaba de triunfar en el comunal de Antofagasta del CdP, es su nueva presidenta; y María Isabel integró el directorio del comunal de Lo Espejo, región Metropolitana.
Historia y primeros pasos en el activismo político
Primero, saber tu edad, profesión u otro dato que consideres relevante.
Patricia: Tengo 29 años y soy madre de un niño de cinco años. Soy profesora de Lenguaje y Comunicación hace siete años.
María Isabel: Soy profesora, tengo 47 años, mujer trabajadora, jefa de hogar, con dos hijos.
¿En qué momento comenzaste tu activismo político y social? ¿Cuáles eran tus motivaciones?
P: Apenas me titulé el 2010, me colegié y luego, el 2013, fui electa delegada gremial en el Liceo donde me desempeño. Me postulé dado que me interesaba participar en las asambleas y saber qué se discutía dentro del Colegio de Profesores.
M: Tempranamente, en los años ochenta, participando de las manifestaciones en contra de la Dictadura y en las luchas secundarias en contra del proceso de municipalización de la educación. Luego, en los noventa, como estudiante en el Pedagógico, haciéndome parte de las luchas por reivindicaciones estudiantiles.
Por aquellos años, estando aún en básica, desapareció el papá de una compañera de curso; un profesor de música con quien había desarrollado fuertes lazos producto de que él acostumbraba acompañarnos en nuestras tareas producto de que no tenía trabajo debido al artículo 8° que establecía que nadie que poseyera ideas marxistas podía trabajar en educación. Eso fue lo que primero me impactó y me motivó a ir conociendo y leyendo de los casos de tortura y transgresiones a los Derechos Humanos. Habiendo vivido gran parte de mi vida en Dictadura me parecía inconcebible que en nuestro país no existieran libertades democráticas mínimas.
La vida era muy difícil, sueldos de hambre peores que los de hoy, y en ese contexto fue que organizaciones de trabajadores comenzaron a organizar paros nacionales y jornadas de protestas, de las cuales sentí que debía hacerme parte porque era urgente terminar con las miserias en que vivíamos gran parte de la población; siendo la única realidad conocida, veía la lucha como única alternativa para cambiarla. Fui comprendiendo que las restricciones a las libertades democráticas y violaciones a los Derechos Humanos estaban íntimamente ligadas a las grandes diferencias entre ricos y pobres, expresada en los sueldos miserables que existían; me preguntaba, ¿si tienen tanto dinero, por qué no pagan mejores sueldos?
Al comenzar a trabajar, me tocó aprender de las posiciones contrapuestas de los jefes y los trabajadores; aunque no fueran tan ricos, siempre intentaban sacar el máximo provecho y sin retribuir en una justa medida a quienes hacíamos la pega. Creo que ahí estuvo mi principal motivación, surge de la vida laboral, del ver cómo nos matábamos haciendo la pega y la jefa incrementaba e incrementaba sus bienes durante años, mientras nosotras, las trabajadoras, seguíamos en las mismas.
¿Consideras que es más difícil el “hacer política” para las mujeres?
P: Sí, porque hay muchos obstáculos. Además del agobio laboral, están las tareas domésticas y la maternidad, las que son, para esta sociedad, tareas exclusivas de las mujeres. También porque es difícil como mujer hacerse escuchar en una asamblea, sobre todo cuando quien preside es un hombre.
M: Lo es, principalmente, cuando tenemos hijos. Es difícil participar cuando hay una sociedad que además de no ayudarte con el cuidado de los niños, te critica por "dejarlos de lado". Pero eso dura solamente mientras te vas liberando de esas presiones conservadoras que oprimen y agobian al género; una vez que has avanzado liberando tus pensamientos y sentir, todo se hace mucho menos complejo.
En la actualidad, se podría decir que hay un "despertar político" en muchas mujeres, que se expresa en las contundentes movilizaciones por NiUnaMenos, contra la violencia de género o por derechos como el aborto; y también en un mayor protagonismo femenino en el ámbito estudiantil y sindical. ¿A qué crees que se debe esto? ¿Es algo meramente coyuntural?
P: Yo creo que las mujeres están tomando más conciencia de sus derechos, los que históricamente nos han sido negados. Mientras más oprimidas nos vemos, más ganas nos dan de alzar la voz. Asimismo, es innegable que hay una alzada del movimiento feminista, a nivel internacional, lo que impulsa también a las mujeres a luchar.
M: Creo que se debe a la salida de la mujer al mundo del trabajo en forma más prolongada y permanente como forma de vida, y al mayor acceso al mundo de los estudios; aunque hay otros factores que también adquieren gran importancia como el acceso a la información por medios alternativos como las redes sociales. La comunicación con el mundo exterior se ha facilitado, se ha hecho más fluida y permanente. Antes simplemente no podías salir, no podías reunirte, lo que te impedía comunicarte e intercambiar información, ideas y opiniones.
Además, hoy en día también hay muchos hombres que vienen dándose cuenta de la igualdad de derechos y oportunidades que debe tener la mujer, y amplios sectores están girando a asumirlo como propósito de sus vidas también. Creo que la realidad material, de la mujer en la vida del trabajo, y haciéndose cargo de sus vidas también en lo económico, viene marcando cambios profundos y estructurales del nuevo mundo que se configura.
Militancia política
¿Cuándo decidiste dar ese "salto político" de pasar de ser una activista de importantes luchas, a militar en una organización revolucionaria?
P: Hace más menos un año y medio. Estuve en la lucha docente, estuve en la rebelión de las bases, pero me di cuenta que el agobio laboral y la explotación no eran exclusivos de la docencia, sino que de todos los trabajadores y que era necesario que los trabajadores tuviésemos la libertad de plantear nuestra política públicamente, tal como lo hacen los empresarios y toda la clase dominante.
M: Fue el 2011, pero luego de varios procesos que me llevaron a ver la necesidad de la organización y la participación en la construcción de una alternativa dispuesta a luchar consecuentemente por las demandas de los trabajadores. Luego de la experiencia sindical en un colegio en donde estuve por 12 años, y de las experiencias vividas en el CdP, capté que diferentes grupos se organizaban políticamente, pero en los hechos con objetivos que diferían de sus discursos.
Durante el 2011, en medio de la lucha por la educación gratuita, participando como presidenta del Comunal El Quisco en una asamblea convocada por el Colegio de Profesores, tuve la oportunidad de conocer a jóvenes profesores de la agrupación Nuestra Clase. Nos había tocado enfrentar juntos a la burocracia de Gajardo que había generado el espacio con fines diferentes a los de la convocatoria que era la lucha por la educación gratuita. Comenzamos a reunirnos en las diversas manifestaciones y reuniones que proliferaban por aquel año, nos hicimos parte de las tomas aportando apoyo a los estudiantes, y en medio de eso discutíamos y analizábamos la situación de la educación en general, siempre viendo la estrecha relación con la situación de los trabajadores en general. Coincidíamos en el rol nefasto de los dirigentes del CdP y en la necesidad de cambiar las direcciones a fin de realizar de mejor forma nuestras luchas. La conclusión lógica era construir una organización que hiciera política, pero la política de los trabajadores, y fue así como decidí en agosto del 2011, entre la gloriosa jornada del 4 de agosto y el combativo paro del 21 y 22 de ese mismo mes, hacerme parte de la organización política en que participaban algunos colegas de Nuestra Clase. Una organización que tiene por objetivo construir un partido de los trabajadores que se propone la revolución obrera y socialista a nivel mundial: el Partido de los Trabajadores Revolucionarios (PTR). Me hice militante de una alternativa en construcción que se pone al servicio de nosotros, los trabajadores, que somos las mayorías, el pueblo pobre, explotado y oprimido.
Mucho se habla de "los trotskos". ¿Qué significa para ti ser trotskista hoy en día? ¿Ser "una trotska"?
P: Significa tener el deseo y las ganas de organizar la lucha de mis colegas, de los obreros, de los explotados, rescatando la mejor tradición de la clase obrera por su emancipación, el comunismo. Esto implica siempre enfrentar a los partidos políticos del empresariado y hacer una fuerte denuncia hacia a quienes históricamente nos han traicionado y que han querido frenar o contener ese impulso, como los partidos tradicionales de la izquierda, como el Partido Comunista, en miras a que seamos los trabajadores los gestores de nuestra propia liberación.
En este sentido ser una mujer trotskista tiene una doble carga; por un lado, vivimos la demonización de los militantes del PC y el resto de la izquierda, quienes caricaturizan y no dan una discusión seria sobre lo que somos como corriente; y por otro lado, ser una mujer que alza la voz, que busca organizar a sus compañeros de trabajo, provoca mucho cuestionamiento, aún más al ser madre.
M: Es un gran compromiso, implica dedicar la vida a una causa y también una forma de vida. En nuestra organización no se separa la vida personal de la vida política, por tanto, en cada paso que uno da tiene presente que debe responder a los más altos valores de la identidad y solidaridad de clase. Se vive cotidianamente el compañerismo y la fraternidad, como también la dedicación y auto exigencia por desarrollar en nosotros la mejor calidad humana posible.
Implica también un tremendo agrado, porque te sabes parte de una organización en donde cada uno de sus integrantes, los compañeros, están en lo mismo tuyo, esforzándose por ser cada día mejores personas y poniendo nuestras fuerzas a disposición de las luchas por el bien de lo colectivo. En definitiva, juntos trabajamos y disfrutamos vivir en función de una causa que es justa, y a la larga en beneficio de la humanidad entera.
De acuerdo a planteamientos de tu organización, ¿en qué ves la importancia de construir un partido, obrero, socialista, y además internacional?
P: Tal como planteaba antes, los trabajadores debemos organizarnos y tener nuestra propia herramienta política, pero esta debe tener una perspectiva, un proyecto de sociedad. Por eso debe ser socialista y no acotarse solo a las fronteras de nuestro propio país; debe entender que la clase obrera es la misma en todos lados, y en todo el mundo se sufren las mismas o peores penurias que nosotros. Por esto es importante conocer, por ejemplo, la lucha de los docentes en México, aprender de sus métodos, conocer sus demandas y las lecciones de sus luchas, entendiendo que su lucha es la nuestra también.
M: Importante porque se ha hecho necesario que los trabajadores hagamos nuestra política y de forma seria y sistemática; eso implica la construcción de un partido. Debe ser obrero, marcando la más completa independencia de clase respecto a toda variante patronal que pudiera interferir en los interese de los trabajadores. Socialista porque es la ideología que surge a partir de la necesidad de enfrentar al capitalismo, explicando su funcionamiento y contradicciones, estableciendo claramente porqué es legítima la restitución de las riquezas a quienes las generamos con nuestro trabajo. Internacionalista porque la clase obrera es la misma en cualquier parte del mundo, en todas partes somos víctimas del capitalismo explotador y opresivo, además de depredador. Por lo demás, cada vez que los trabajadores logremos avanzar en algún país, estará allí, el capitalismo salvaje y depredador al asecho, de ahí que la necesidad de cambiar las estructuras de la sociedad sea una tarea del conjunto de los trabajadores sin fronteras que nos dividan y que dividan nuestras fuerzas.