Aníbal Fernández reivindicó al genocida israelí Ariel Sharón. Fallecido en 2014, Sharón tuvo un historial de asesinato y muerte contra el pueblo palestino.
Viernes 2 de octubre de 2015
Los progresistas parecen un género en extinción. Desde ya siempre hubo progresistas de un tipo u otro, pero jamás tan sui generis como Aníbal Fernández, que se atrevan a reivindicar a Ariel Sharón, uno de los inoxidables líderes del derechista Likud, que arde en el infierno.
Durante una entrevista realizada en el programa Minuto Uno de C5N, el jefe de Gabinete señalaba con admiración: “yo recuerdo, fui uno de los últimos argentinos seguramente que habló con Ariel Sharón en Israel. Un tipo duro, un guerrero (…) y el tipo me dice ‘grábese una cosa, con el terrorismo no se negocia´. Entonces, digo, esta gráfica que él hacía, contundente y que para mí es una enseñanza de vida porque, cuando lo mirás muy detenido y muy de fondo llegás a la conclusión que con el terrorismo no se negocia...”.
El autor de Zonceras Argentinas y otras Yerbas parece haber hallado una nueva fuente de inspiración que ilumina la continuidad del “proyecto”. Destacado jefe del Irgún, la milicia sionista de ultraderecha desprendida de la Haganá, Sharón fue uno de los carniceros de la Nakba de mayo de 1948 que expulsó casi un millón de campesinos palestinos de sus tierras originarias.
Durante la Guerra de los Seis Días lideró tres divisiones de los dos comandos que tomaron por asalto la franja de Gaza, ocupando a sangre y fuego las aldeas donde se concentraban los refugiados palestinos, procurando expandir el Estado judío al desierto de El Arish y la ciudad de Umm Qatif. Tomó parte de todos los operativos guerreros contra los pueblos árabes. Sin embargo su espíritu genocida alcanzó el cenit con la masacre de Sabra y Chatila. Como ministro de Defensa del terrorista y premier Menajem Beguin, en 1982 Sharón envió dos divisiones de soldados israelíes a Beirut con la expresa orden de trazar un cerco sobre los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila. Así garantizó la matanza consumada por las milicias cristiano maronitas dirigidas por Elie Hobeika que asesinaron a más de 3500 palestinos (aunque jamás se contabilizaron los miles de cadáveres descompuestos entre las ruinas), predominantemente niños, mujeres y ancianos. El repudio internacional ante el horror obligó al Estado sionista a dar una respuesta mediante la formación de la Comisión Kahan, que concluyó en la responsabilidad “indirecta” de Sharón, a pesar de lo cual permaneció impune.
En 2000, “Arik” fue la chispa que encendió la mecha de la Segunda Intifada, cuando de forma provocadora se movilizó hasta la Explanada de las Mezquitas (el tercer sitio santo de los musulmanes) reclamando la pertenencia judía de esa zona históricamente árabe. Designado primer ministro para hacer efectiva la derrota de ese gran levantamiento de masas que terminó con 5000 muertos, el halcón del Likud pergeñó en 2005 el Plan de Desconexión de Gaza, aislándola del mundo, sentando las bases del bloqueo por tierra, aire y mar establecido en 2007, que se mantiene hasta la actualidad y damnifica a 1,6 millones palestinos al borde de la inanición.
Parece que Aníbal Fernández se dispone a extraer las conclusiones de la “enseñanza de vida” de Sharon y ponerlas en acción contra las masas bonaerenses si resulta electo gobernador. Un progresismo temerario digno de Scioli, Macri y Massa.