Las ciencias sociales se ubican en un modelo de saber que se orienta desde un punto de vista liberal en cuestiones políticas, capitalista, en cuestiones económicas y que ha sido de suma importancia como parte de la superestructura burguesa de dominación, así como su legitimación y reproducción permitiendo que la ideología y las estructuras simbólicas que surgen en el proceso de interacción social posibiliten la naturalización del orden.
Miércoles 31 de agosto de 2016
Por lo tanto, la adquisición racional en los cuales se apoya el conocimiento, sus objetivos y metodologías, su sometimiento al control científico, no avanza en el entorno sólo intelectual, sino que se corresponde con la lucha por determinadas formas de vida en la realidad.
Los cambios que se producen en la actitud intelectual corren parejos con unos cambios más amplios que se producen en la actitud hacia la conducta aceptable o no aceptable, según las valoraciones de la época. Las ciencias sociales no son la excepción.
Fue a partir del siglo XVI y XVII cuando el conocimiento científico pasa a ocupar un papel central en la cultura occidental. Es entonces cuando se revisan los postulados de la epistemología, es cuando se acepta y construye el conocimiento científico. En los nuevos análisis del conocimiento científico se pone de manifiesto que la realidad es indexical, interpretable y representable de múltiples formas y bes la versión que finalmente instituye las bases de la autoridad que lleva a cabo la representación del conocimiento disciplinar.
Esta versión que se instituye responde a situaciones sociales, locales y contingentes. Esta nueva disciplina tiene sus bases en una filosofía de corte nominalista, es decir, los conceptos son términos abstractos, o sea que no tienen existencia más que en las cosas mismas. Consideran que la realidad como tal no existe sino como suma de individuos, consideran reales únicamente las individualidades concretas.
Esta posición influirá fuertemente a los teóricos liberales del siglo XIX, la mayoría de ellos pertenecientes a las elites liberales o incluso a sectores de la aristocracia como Tocqueville. Todos los liberales tenían en común la aceptación de la estructura fundamental del estado y la economía, verán el desarrollo del capitalismo como un fenómeno natural, incluso deseable, al mismo tiempo que luchaban por derechos individuales, pero no para cualquier individuo en abstracto, sino para el individuo-elite.
Esta posición se institucionaliza a lo largo del siglo XIX. Pero será Max Weber y su sociología comprensiva, en sus escritos metodológicos –Economía y sociedad y Ensayos sobre la metodología sociológica– quien sentó las bases a cerca de la objetividad de las ciencias sociales, es decir, la creencia de que la realidad sólo se puede conocer desde un modo individual, parcial y para que sea objetiva debe ser neutral, es decir, no tener ningún juicio de valor de carácter clasista, religioso, moral, etc., en ese sentido es que apela a la neutralidad valorativa. Esta neutralidad valorativa opera a través del sentido que le confiere el investigador y se convierte a su vez en una interpretación por medio de un tipo ideal.
Esta concepción existencial expresada por Weber de la ciencia y de la política se desprende de su concepción de la vida, es decir, nos deja ver cuáles valores sustenta él y a partir de esos valores sustenta a la ciencia y a la política.
Indudablemente Weber no es ajeno a su contexto social, un contexto convulsivo, de enfrentamiento directo entre las clases sociales en Alemania y en Europa entera.
“Soy miembro de la clase burguesa, me siento como tal y he sido educado en sus puntos de vista y en sus ideales. (Weber: 1982, 25)
Weber se identifica con la clase burguesa, en sus valores y aspiraciones y es precisamente cuando hace política disfrazándola de ciencia. No explica la realidad sino que la justifica. De hecho el hacer pasar la sociología comprensiva como una ciencia pura, es decir como una ciencia no política, es una forma desleal de hacer política, una política que tendenciosamente confunde y separa en esferas autónomas al arte y las ciencias.
¿Cuál es la diferencia entre explicar y justificar?
Explicar es cuando las razones atienden a sus causas. Mientras que justificar se trata de dar razones que validen u otorguen verdad a algo que se asume como necesitado de ser válido.
Ya no se trata aquí de relacionar lo empírico con los valores, sino de juicios de valor admitidos en el concepto mismo, que en el caso de Weber lo llevan a sustentar a la ciencia y a la política a partir de influencias filosóficas conservadoras. Los conceptos ya no son medios para explicar la realidad sino fines con el objetivo de justificar un orden social desde puntos de vista clasistas e individuales. Es la visión de las ciencias sociales que se instituye durante el siglo XX.
Con el colapso de la Unión Soviética, la identificación del estalinismo como socialismo real y la imposición y expansión de la democracia liberal a la mayor parte del mundo, las elites del consenso reafirmaron su visión de las ciencias sociales dando por hecho que no existe alternativa al orden establecido. En este periodo es cuando se reafirma la visión anticientífica que no permite el cuestionamiento al objeto y método de las ciencias sociales bajo la premisa de que un científico social tiene que ser objetivo y que se llega a la objetividad a partir de la neutralidad de valores y valoraciones. Es decir elevando la visión weberiana a estatus quo en las ciencias sociales.
“(…) el consenso general que sostiene que el conocimiento verdadero es fundamentalmente no político (y que a la inversa, que el conocimiento abiertamente político no es verdadero) no hace más que ocultar las condiciones políticas, económicas y sociales muy bien organizadas que rigen la producción de cualquier conocimiento … hasta cierto punto esta importancia política de aquella materia proviene en que pueda traducirse directamente a términos económicos, y la importancia política será aún mayor si ese campo de estudio tiene afinidad con estas fuentes reconocidas de poder en la sociedad política." (Said: 2002, 29)
La academia se transforma en correa de transmisión de las ideas dominantes de nuestro contexto histórico, en donde los contenidos de las ciencias sociales bajo el influjo liberal, son presentados como neutrales y objetivos, se dan por hecho como verdades indiscutidas y por lo tanto no sujetas a debate. En la práctica, más que enseñar, se intenta adoctrinar para naturalizar el orden establecido.
En ese sentido, la ciencia política como la sociología comprensiva son dos caras de la misma moneda que se complementan, desplegando una serie de valores y valoraciones justificadas desde las ciencias sociales. Estos valores y valoraciones son la correa de transmisión de clase dominante que reflejan sus intereses de elite, los justifican como máximos valores para todo el grueso de la sociedad y los presentan como lo mejor a lo que podemos aspirar.
Por lo menos, las instituciones transmisoras de conocimiento deben advertir al alumno que las ciencias sociales no están desligadas de lo político ni de su contexto social. Cuando es que se trata de transmitir conocimientos impregnados de juicios liberales y cuando no, porque ya sea consciente o inconsciente, estos juicios, presentados como científicos, son inseparables de las instituciones políticas. De ahí entonces que no se puede separar la ciencia de la política y ambas a su vez de lo social. Por lo tanto, que el carácter del científico social está ligado totalmente a la política, dado que el científico social también está inmerso en la misma realidad que analiza.
Como conclusión podemos afirmar que es falsa la premisa de la objetividad de las ciencias sociales. En vez de explicar la realidad social terminan justificando un orden basado en la explotación capitalista y en la opresión moral de distintos sectores de la sociedad, en el uso de la violencia contra todos aquellos que se oponen a dicho orden. Un orden bárbaro que es necesario transformar. En ese sentido, comprendernos, no como sujetos individuales, trascendentales e intemporales, sino como parte de un sujeto colectivo, empírico e histórico en constante cambio.
“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo pero de lo que se trata es de transformarlo”. (Marx: 1845, 29)
La misma premisa se aplica a los científicos sociales modernos.
Fuentes consultadas:
Weber Max, “El estado nacional y la política económica alemana” en Max Weber, Escritos políticos I, México, Folios Ediciones, 1982.
Said Eduard, “Introducción”, en Eduard Said, Orientalismo, Editorial Debate, Madrid, 2002.
Marx, Karl, “Tesis sobre Feuerbach” en Karl Marx, Obras escogidas, Editorial Progreso, 1989.