Frente a las incisivas declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, las noticias y las preguntas sobre los conflictos en Oriente son muchas y las respuestas que confunden, sobran. ¿Qué significa su estatus especial de ciudad Unificada y Abierta?
Gastón Gurski Estudiante de Cs. de la Comunicación

Kevin Wright @kevouv
Sábado 9 de diciembre de 2017

Foto: National Geographic / Jerusalén
Luego de que la Casa Blanca -provocando a los palestinos y los pueblos árabes- reconoció formalmente a la ciudad ubicada sobre los Montes de Judea como la capital del Estado de Israel, muchos gobiernos nacionales (como el de Evo Morales y Mauricio Macri, entre otros) y organismos internacionales pronunciaron su posición, al respecto. Uno de los argumentos más repetidos es que se “respeta el Estatus Especial para Jerusalén”, pero… ¿Qué es?
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Más allá de la brevedad con la que intentaremos exponer y responder, no pretendemos decir, ni reducir, estos complejos conflictos a una cuestión exclusivamente religiosa. La problemática geopolítica es fundamental, la ubicación estratégica de la zona y los intereses económicos que despierta. Según informa en su web Ted Thornton, del Departamento de Historia y Ciencias Sociales, Northfield Mount Hermon School, “las naciones de Medio Oriente albergan solo al 4.5% de la población mundial, pero son la fuente de hasta la mitad del suministro mundial de petróleo”.
El “Estatus Especial” para Jerusalén es que se considera a dicha ciudad como “Unificada y Abierta”. Comprendiendo a la unión de su parte Occidental con la Oriental (está última es reclamada por los palestinos como su capital) y la apertura a todas las religiones a los espacios considerados sagrados. Sin embargo, el Estado de Israel que controla Jerusalén desde 1967, trata como ciudadanos de segunda a la minoría árabe israelí y se opone furiosamente al derecho al retorno de los refugiados palestinos porque esto cuestiona objetivamente el carácter exclusivamente judío –y racista– del estado sionista.
¿Era antes una ciudad separada y cerrada?
En primer lugar, como producto del proceso de disolución del Imperio Otomano (1908-1924), conocido también como Imperio Turco, que sufrió importantes derrotas durante la Primera Guerra Mundial (1914-18), se fundó en 1923 la República de Turquía. Dejando hacia el sur, entre el Mediterráneo y el río Jordán, un territorio llamado Palestina que caería en la garras de un nuevo proyecto imperialista: el de EEUU y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Es decir, tras la derrota de los turcos, Jerusalén formaba parte de esas tierras en disputa.
A partir de ese contexto socio-político mundial, la ONU garantizó a Inglaterra la colonización de dicha extensión, estableciendo el llamado Mandato Británico de Palestina. Desde que finalizó la Gran Guerra, los ejércitos de las Naciones Unidas jamás abandonaron por completo la zona en conflicto.
Por ejemplo, según la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU (2016), Cisjordania es considerada “territorio ocupado” por las Naciones Unidas y, a su vez, gobernada -en parte- por la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
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Resolución 181 y creación del Estado de Israel
Finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la ONU aprobaba y emitía la famosa Resolución 181 (1947) en la que se imponía el fin al Mandato Británico y dividía el territorio en dos Estados: uno judío y otro árabe. Hoy, la mayoría de los Estados nacionales respaldan aún está medida que va en contra del derecho a la autodeterminación nacional del pueblo palestino, negada por el imperialismo y el estado sionista. El afán de lucro por encima de la problemática religiosa.
Luego de las hostilidades vividas por el pueblo judío, principalmente en el nazismo, creció una corriente intelectualizada por el escritor ruso Zeev Jabotinsky (influenciado por Theodor Herzl) que agitaba por derecha a la creación de un Estado judío y promovía la organización armada de carácter sionista.
En 1948, tras los continuos conflictos bélicos protagonizados por grupos militares y paramilitares judíos y árabes, el gobierno británico decidió retirarse definitivamente de Palestina. Apoyándose en la Resolución 181, el 14 de mayo de ese mismo año la derecha al poder declaró en la ciudad Tel Aviv la independencia y la creación del Estado de Israel, en manos del presidente ejecutivo de la Agencia Judía y líder sindicalista sionista, David Ben-Gurión.
En los días siguientes a la declaración de independencia, fuerzas armadas libanesas, sirias, iraquíes y soldados egipcios invadieron al recién creado Estado, en rechazo a la propuesta de la ONU, y en busca de conformar un único estado árabe en Palestina.
En consecuencia, Jerusalén fue sitiada bajo el control del ejército profesional de la llamada Legión Árabe (Transjordania y Jordania) y desde entonces el conflicto armado árabe-judío continúa. Para 1950, Jerusalén queda dividida en dos: Oriente y Occidente. Jordania controlaría la parte oriental hasta la guerra de 1967. La parte occidental es declarada capital de Israel, a la cual Trump actualmente piensa trasladar la embajada del país del norte.
Foto: Palestinalibre.org
La guerra de los seis días
Dicho en forma breve, durante el contexto del eufemismo de la “Guerra Fría”, entre el 5 y el 10 de junio de 1967 tuvo lugar la llamada “Guerra de los Seis Días”, en la que se enfrentaron el Estado de Israel y la República Árabe Unida (Jordania, Irak y Siria). ¿Resultado? Israel incorpora a su control y territorio a Cisjordania, la Franja de Gaza y la península Sinaí.
Esta victoria incluyó la parte oriental de Jerusalén y la totalidad de la Ciudad Vieja, quedando enteramente bajo control israelí.
El 11 de junio se acordó un cese al fuego, bajo los auspicios de las Naciones Unidas. A partir de esta posición favorable, el Gobierno de Israel en manos del militar Gamal A. Nasser rechazó toda “oferta de paz” y profundizó una política sionista violenta.
Estatus Especial para Jerusalén
Es en el año 1968 que el Estado de Israel ofrece ante la ONU la “paz”, proponiendo volver al armisticio con un “estatus especial para Jerusalén”, que implicaba la transformación de ésta en una “Ciudad Unificada y Abierta”. Esta posibilidad excluye a Jerusalén como capital palestina.
Diez años después, conocido como los “acuerdos de Camp David”, el presidente egipcio, Anwar el-Sadat, y el primer ministro israelí, Menachem Begin, firmaron un tratado de paz (1978), tras doce días de negociaciones secretas con la mediación del presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter. Los sionistas devolvieron a Egipto la zona con grandes desiertos llamada Sinaí.
Ley de Jerusalén de 1980, capital "eterna e indivisible"
Fue aprobada por el Parlamento israelí el 30 de julio de 1980. Allí proclamaron a la ciudad de Jerusalén, “entera y unificada”, como capital oficial de Israel. El municipio estaba “unificado” desde la victoria de la Guerra de los Seis Días (1967), en la que Israel hubo conquistado los barrios orientales (Jerusalén Este) y la Ciudad Vieja de Jerusalén, que habían sido controladas desde 1948 por las fuerzas jordanas.
Se trasladaron las principales instituciones israelíes a Jerusalén (Corte Suprema, Presidencia, Gobierno y Parlamento). Se declaró la especial protección de los “santos lugares” de la ciudad y los derechos de los miembros de todas las religiones a transitar por allí (su carácter de abierta).
A pesar de lo sucedido, esta ley es considerada nula y sin efecto fuera de Israel. A través de la resolución 478 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada con la única abstención de los Estados Unidos, declaró el 20 de agosto de 1980 que la ley “constituye una violación del derecho internacional”. Es decir, la ONU solamente reconoce la capitalidad israelí sobre Jerusalén Oeste, siendo Jerusalén Este la capital de otro Estado, el Estado de Palestina. Por ahora, todas las embajadas que reconocen al Estado de Israel tienen sus embajadas en Tel Aviv, lo que anunció Trump es su traslado a la zona occidental.
Imagen: ICAHD
Comentario final
Creemos que hay que luchar contra la falsa solución de dos estados, y la estrategia reaccionaria de las direcciones islámicas que buscan establecer un estado teocrático. El Estado de Israel se muestra como enclave proimperialista y colonial. Es necesario ir por un estado único palestino en todo el territorio histórico, una Palestina obrera y socialista donde puedan convivir en paz árabes y judíos. Dejando de lado el carácter exclusivamente judío –y racista– del estado sionista.