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Tribuna Abierta. ¿Qué hago para asegurarle una educación de calidad a mis hijos?

El autor vive en Campana y relata en primera persona la historia cotidiana de un trabajador. Las privaciones y carencias de una vida “normal” y las ganas de rebelarse y luchar por otra historia.

Domingo 15 de julio de 2018 23:30

Es un día como cualquiera, me levanto, preparo el mate, reviso el facebook, arreglo la casa donde alquilo, enciendo la televisión y mientras hago zapping, “discuto” con periodistas, políticos y otros personajes que aparecen en los distintos programas y noticieros hablando de la situación del país.

Luego de almorzar, me dirijo a mi trabajo en mi vehiculo, con la preocupación ya habitual de si me alcanzará la nafta para ir y volver; si me percato que no me alcanzará, comienzo a buscar opciones porque en mi billetera tengo menos de cien pesos.

Finalizada mi jornada laboral a las 20:00 horas, regreso a mi ciudad y paso a visitar a mis hijos que viven con su madre biológica, pero solo está mi hijo menor Sebastián de 14 años, Cande (17) y Nico (21) están en sus actividades diarias; preparamos el mate y nos ponemos a charlar de cómo fue nuestro día.

Hasta aquí todo “normal”, vida “normal”, preocupaciones “normales”, actividades “normales”, carencias “normales”, prioridades “normales” y entre ellas esforzarme para que mis hijos tengan una vida “normal” incluida una educación “normal”; mi hijo también lleva una vida “normal” como cualquier hijo de trabajador, educación “normal”, carencias “normales”, actividad física “normal”, problemas de la edad “normales”, padres separados también “normal” para esta época histórica…. Todo “normal”.

Mientras tomo mate y charlo con mi hijo, en determinado momento mi hijo envía un mensaje de voz por whatsapp al grupo de compañeros de la escuela Técnica; me llama la atención el tono y sus gestos, se lo nota ofuscado; Le pregunto que sucede que tiene esa actitud y él muy indignado me dice “estos HDP nos van a sacar horas de varias materias.. un profe nos dijo también que el título era de nivel Nacional y ahora va a ser solo Provincial, es todo una mierda, ahora el título no nos va a servir para nada..”, luego me muestra un folleto que compartieron en el grupo de whatsapp en el cual se denunciaba desde un grupo de docentes militantes las terribles consecuencias de éste desfinanciamiento en la educación.

Al informarme, me surge una actitud “normal” de sorpresa e indignación y solo me sale exclamar “son unos HDP, siguen hundiendo el país, esto no solo que afecta a tu educación hijo, sino que también atenta contra las fuentes laborales de muchos docentes y todo para cumplir con el FMI..”, Sebastián me responde de manera “normal” para un pibe de 14 años, “..si pa, pero que me importa eso, a mi me jode que me están arruinando la educación, para que voy a esforzarme, que sentido tiene si no me va a servir de nada..”.

Hasta acá es una situación “normal”, que además puede “repetirse” en cualquier hogar argentino; no obstante, tanta “normalidad” me hace ruido y me lleva a que reflexionemos con mi hijo.

¿Es suficiente lo que hacemos por nuestros hijos? trabajar por un sueldo miserable para que tengan satisfechas entre otras necesidades básicas, el derecho a la educación con un nivel “normal”, que solo tiene como objetivo homogeneizar, evitar una sociedad con subjetividades heterogéneas que puedan poner en riesgo la producción y reproducción del actual estado de cosas.

¿Es esta ficticia “normalidad” un sinónimo de calidad? Claramente no son sinónimo y existe demasiada evidencia teórica de esta falacia, pero estas teorías solo forman parte de la currícula de manera muy superficial y distorsionada, ello hasta ahora, porque dentro de la reforma que pretende implementar este gobierno está la reducción de horas en materias que puedan hacer que los alumnos piensen y esto sería salirse de la “normalidad”. Se apunta a la construcción de subjetividades acríticas, como mansas ovejas, para que cuando sean adultos y lleguen a ser padres vean como “normal” sobreesforzarse por un sueldo miserable y brindarle a sus futuros hijos una educación “normal” de muy bajo nivel y que no enseñe a pensar.

Es hora que los trabajadores rompamos con este circulo vicioso de “normalidad”, comencemos a cuestionar y cuestionarnos, es momento de salir de nuestra zona de confort, corrernos del lugar de la crítica que se queda solo en eso, en crítica, para pasar a la acción y quizás, apelando a ese amor que sentimos como padres que quieren lo mejor para sus hijos, nos indignemos, dejemos de quedarnos de brazos cruzados como simples testigos pasivos de un sistema que esta hipotecando el futuro de nuestro tesoro mas preciado que son los hijos, alcemos nuestra voz en defensa de la educación pública, libre, gratuita y de calidad y nos preguntemos ¿Qué hago como padre para asegurarle una educación de calidad a mis hijos?