La especulación reina en los mercados financieros internacionales y en México hay repercusiones que se traducen en el debilitamiento de la moneda. Llegando a los $16.60 por dólar, el tipo de cambio expresa problemas más allá de las presiones externas.

Diana Valdez México D.F. / @yellikann
Miércoles 29 de julio de 2015
Parece que el panorama internacional sigue con turbulencias, tras el anuncio de la caída de la bolsa de valores en China, esta semana las bolsas del mundo cayeron hasta en 3% debido al desplome bursátil en Oriente.
Para México como para otros países la situación económica se ve turbia cuando se mira el panorama planteado desde la caída de los precios del petróleo en junio de 2014.
Más allá del panorama internacional
Sin embargo, los problemas actuales de la economía y las finanzas públicas se explican más allá de las cuestiones coyunturales que impone la especulación sobre los movimientos en el mercado financiero internacional. En el caso de nuestro país, la política fiscal y monetaria que el gobierno federal ha implementado desde la llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia, proporciona de manera casi cínica las facilidades a los capitales privados que buscan recuperarse de la crisis de 2009 expandiendo el mercado, pagando salarios más bajos, precarizando el empleo y ahorrándose prestaciones para compensar la baja en su tasa de ganancia.
México ha puesto en charola de plata las condiciones necesarias para que las grandes empresas trasnacionales inviertan su capital en nuestro país que ofrece las “mejores condiciones” para sus empresas. Con mano de obra barata, lagunas fiscales, movimientos en la política monetaria que protejan las inversiones, el gobierno federal ha hecho incluso giras alrededor del mundo para ofrecer a la nación en las peores condiciones pero que, aun así, sale a trabajar todos los días.
Si bien es la especulación sobre los movimientos internacionales lo que presiona poco a poco la depreciación de la moneda y la subida de las tasas de interés, el fenómeno real no pasará, como mínimo, hasta que la Reserva Federal de Estados Unidos no decrete la subida de las tasas de manera oficial. En el caso de México, la caída de los precios internacionales del petróleo bien puede ser un factor que favorece la política gubernamental de dejar que el peso continúe cayendo.
Sin que la presión se alivie y por el contrario, provocando movimientos bruscos; la débil economía interna tendrá que sortear presiones inflacionarias que por un lado los importadores descargarán sobre los trabajadores subiendo precios, y por el otro los exportadores aprovecharán el dólar alto para obtener mayor ganancia aprovechando las bajas en los costos de producción internos como la baja en los salarios y la precarización del trabajo, y la subida de los precios en dólares al exterior.
Lo que viene
La tendencia que han mostrado las variables económicas no es en sí misma el acontecimiento económico que marcará a la economía nacional en el futuro, seguramente habrá más movimientos y más bruscos en los próximos meses, sin embargo el gobierno federal se ha encargado de utilizar herramientas de ajuste y austeridad, anticipando el golpe que descargará de sobre las y los trabajadores.
Atrayendo el ahorro de los trabajadores a los bancos locales y estatales para poder ocuparlo en subsanar las presiones existentes por la disminución de entrada de dólares debido a la caída de los precios del petróleo que golpea a una economía débil, que acelera el endeudamiento para mantener la economía equilibrada y descargar los intereses en aquellos que trabaja; El gobierno federal evita tocar las fortunas millonarias de los empresarios mediante impuestos progresivos, y quitar los lujos a la clase política que absorbe una gran parte del presupuesto nacional
Las presiones por la especulación podrían llevar al alza las tasas de interés pasivas (las que paga el banco por el ahorro de los trabajadores), lo que provocaría presiones para subir las tasas de interés activas (las que cobran los bancos por los préstamos hechos), dificultando así la reactivación de la economía interna.
Con créditos más caros, recortes al presupuesto y salarios devaluados, la clase trabajadora disminuirá su actividad económica lo que resuelve el misterio de los múltiples reajustes a la perspectiva de crecimiento económico durante este año.
Más allá de las cuestiones externas y coyunturales que podrían influenciar la devaluación de la moneda mexicana, el balance de la política económica nacional que dedica una gran parte al pago de la deuda externa, paga salarios excesivos a los legisladores y funcionarios, pone a la venta el petróleo siendo este el recurso que provee un tercio del ingreso nacional y protege las grandes ganancias manejadas en dólares a costa de la calidad de vida de los trabajadores que mantienen salarios bajísimos y acceden a créditos caros, resulta sin duda poco alentador.
Las y los trabajadores que sufrimos estas condiciones y que garantizamos el equilibrio de la economía mundial generando la “riqueza de las naciones”, no debemos ser quienes paguemos los platos rotos de la especulación y las turbulencias financieras. En una economía real donde los trabajadores producen y reciben a cambio de su trabajo salarios que no alcanzan para la sobrevivencia, se debería acobijar desde cualquier gremio las luchas que como la del magisterio nacional, trabajadores automotrices y mineros, entre muchos otros, reivindican los derechos laborales y pelean por mantener sus derechos y exigir mejores condiciones de vida, con salarios dignos que alcancen para satisfacer las necesidades básicas de acuerdo a los precios y considerando la inflación.