Los ministros Davis David y Boris Johnson, partidarios de un brexit sin acuerdo con la Unión Europea, renunciaron a sus cargos profundizando la crisis del gobierno de Theresa May.

Alejandra Ríos Londres | @ally_jericho
Martes 10 de julio de 2018
El acuerdo logrado el último viernes sobre los términos que cerrará la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) parece haber pasado a ser historia.
La primera ministra británica, Theresa May, había logrado cerrar con su gabinete una propuesta de ley (también llamada Libro Blanco) sobre los términos del brexit para votar en el parlamento y luego presentar a sus socios de la UE. En menos de 48 horas May recibió la renuncia de Davis David, el ex secretario para el brexit, y la de Boris Johnson, ex ministro de asuntos exteriores, ambos pertenecientes al ala que favorece un “brexit duro” – es decir, una salida de la UE sin ningún tipo de acuerdo.
En pocas palabras, la propuesta de May consiste en una mezcla ecléctica como intento de contentar a los dos sectores en los que se encuentra dividido el partido conservador: el ala dura y el bloque pro-europeo. Estos caminos divergentes sobre el futuro del Reino Unido ya estaban presentes desde antes del referendo del 23 de junio de 2016. Dos años después, la brecha sigue sin zanjarse. Pero el tiempo apremia ya que la fecha oficial para que se materialice la salida de la UE es el 29 de marzo de 2019.
El sector eurófilo está inquieto por el futuro de las empresas y favorece un pacto aduanero que sirva a los intereses empresariales. Por ello, May les ofrece solamente libre circulación de bienes y productos agrícolas, pero no la de las personas ni servicios, como concesión a los favorables al brexit. Asimismo, May pretende no hacer ninguna contribución monetaria a la UE, ni que el Tribunal de Justicia de la UE tenga jurisdicción en el Reino Unido. Sin bien estos dos últimos puntos no entrarían en conflicto con el “ala dura”, es muy difícil pensar un acuerdo de Unión Aduanera con la UE sin algún tipo de legislación común.
Sus socios comunitarios acusan a May de escoger lo que le conviene, como ser la libre circulación de bienes, mientras que rechaza las responsabilidades, por ejemplo, las contribuciones a la UE y el seguimiento de sus políticas agrícolas y sobre el medio ambiente. Por todo ello, es muy probable que su frágil propuesta sea rechazada por los negociadores de la UE.
Mientras tanto, el sector automotriz de Gran Bretaña está preocupado de que sus automóviles se enfrenten a aranceles de hasta el 10 por ciento. Teniendo en cuenta que el Reino Unido quedará fuera del mercado común; los precios de los coches podrían subir porque sus componentes vienen de varios sitios en diferentes estados de ensamblaje y la producción podría verse afectada por retrasos en las aduanas si el gobierno no logra una solución al brexit.
Otro punto espinoso es la frontera irlandesa ya que el brexit supone que Irlanda del Norte, como el resto del Reino Unido, se encuentre fuera de la Unión Europea mientras que la República de Irlanda se mantendrá en Unión Aduanera y el Mercado Común. El gobierno de Londres no desea bajo ningún concepto volver a los noventa, la época de los controles militares en el límite entre las Irlandas, eliminados tras los Acuerdos de Viernes Santo de 1997, bajo del gobierno de Tony Blair. Por su parte, la UE quiere un hard border (frontera rigurosa o estricta) entre Irlanda e Irlanda del Norte y sus 500 km podrían volverse en un “tendón de Aquiles” fronterizo ya que, si no hay frontera en Irlanda, entonces el Reino Unido podría beneficiarse de las instituciones comunitarias a través de su vecino. Durante su comparecencia en la cámara de diputados en el día de hoy May insistió en que no permitirá una frontera rígida, un lujo que la UE no puede permitirse.
Un agudo comentarista político ha escrito que la renuncia de Johnson no tiene que ver con el brexit sino con la dirección del partido Conservador, ya que mientras David Davis renunció por diferencias políticas con May en torno a la aduana y a los acuerdos comerciales con Europa, Johnson lo hizo por interés propio y para poder perfilarse como futuro primer ministro. Sea cual sea la causa, lo cierto es que el Gobierno parece estar sumido en un caos absoluto y en los próximos días se verá si resulta en un partido ingobernable.
El Libro Blanco sobre los términos de la salida de la UE se va a publicar el jueves de esta semana para ser discutido en el Parlamento. De momento pareciera que con el reajuste del gabinete la primera ministra logró capitanear a su formación. May cerró filas con la amenaza de que si su propuesta no pasa le estarían entregando el gobierno a la oposición y Jeremy Corbyn sería el primer ministro.
La renuncia de los dos altos dirigentes de su formación aumenta las posibilidades de que May enfrente un voto de confianza en el Parlamento para salvar su cabeza. Este desenlace no se puede descartar.