Se está gestando una gran crisis nacional. Como en la dictadura, el 89-91 y el 2001, preparan un nuevo saqueo contra el pueblo trabajador. La clase trabajadora necesita dar pasos urgentes en la construcción de su propio partido, para dar su propia salida y que la crisis la paguen los capitalistas.

Fernando Scolnik @FernandoScolnik
Sábado 5 de mayo de 2018 17:38
Han pasado solo seis meses de las elecciones de octubre, pero el contraste no puede ser mayor entre el momento actual y aquella imagen de triunfalismo de Cambiemos.
Lejísimos de la nueva hegemonía que algunos quisieron leer en esa victoria electoral, la realidad es que tanto las calles como los mercados dieron cuenta rápidamente del carácter ficticio de lo que el marketing había conquistado en las urnas, escondiendo el verdadero programa de gobierno.
Primero fueron las calles. En las jornadas de lucha de diciembre contra el saqueo a los jubilados se demostró la enorme dificultad que tendría el oficialismo para acelerar su programa de reformas favorables al gran capital.
Después fueron los mercados. En los últimos días, los capitales especulativos se llevaron miles de millones de dólares del Banco Central, forzaron una devaluación y obligaron a importantes medidas de ortodoxia recesiva y especulación financiera, como un mayor ajuste fiscal y tasas de interés exorbitantes.
La economía se estanca y a la vez tiene alta inflación. Se deterioran las condiciones de vida del pueblo trabajador. Se agravan las contradicciones estructurales de una economía sostenida con deuda externa, cuando “el mundo” se vuelve adverso y el crédito se encarece. El Gobierno se debilita y cae en las encuestas.
La aparente calma lograda con las medidas del pasado viernes no puede ocultar los profundos desequilibrios existentes. Se está gestando una gran crisis nacional. La clase trabajadora necesita dar pasos urgentes en la construcción de su propio partido, para dar su propia salida y que la crisis la paguen los capitalistas.
Evitemos un nuevo saqueo contra el pueblo trabajador
La crisis ya se descarga sobre los sectores populares. Pero lo que estamos viendo es solo la preparación de un nuevo saqueo mucho mayor que preparan contra el pueblo trabajador. El cuarto de las últimas décadas.
El primero de ellos fue el que conquistó la dictadura para las clases dominantes, a sangre y fuego. Después, entre 1989 y 1991, la hiperinflación, el vaciamiento y privatización de los servicios públicos, así como los despidos masivos, fueron un duro golpe que abrió paso a la hiperdesocupación de los años ´90. Finalmente, la crisis de 2001-2002 sumergió a millones en la pobreza, implicó una devaluación de enormes proporciones que pulverizó el salario y confiscó a miles de pequeños ahorristas.
Otro saqueo se prepara actualmente, y debemos evitarlo.
Desde fines de 2015, el macrismo financió con un vertiginoso crecimiento del endeudamiento externo su política de gobernar a favor del gran capital y a la vez mantener la llamada “gobernabilidad”. Es lo que muchos llaman “gradualismo”, queriendo disminuir la importancia de los ataques.
Sin embargo, el fracaso de su diagnóstico respecto de la “lluvia de inversiones”; su incapacidad para bajar la inflación (que ellos mismos alimentan con tarifazos); el déficit comercial récord (estimulado por la apertura de la economía); el elevado déficit fiscal (que también aumenta por los beneficios a las patronales como la eliminación y baja de retenciones); y una creciente desconfianza por parte del gran capital respecto de que el oficialismo pueda efectuar su programa de gobierno, donde se incluyen las críticas por no haber previsto el contundente rechazo a los tarifazos; han llevado ahora a una nueva crisis frente a un mundo que cambia de signo, con flujo de capitales hacia los países imperialistas y aumento de las tasas de interés en Estados Unidos.
La corrida cambiaria de estos últimos días ha demostrado la enorme vulnerabilidad financiera del programa económico. La respuesta oficial para detener la suba del dólar (cuyo éxito o fracaso habrá que seguir en los próximos días), es expresión de la debilidad económica, ya que en el mejor de los casos lograrán detenerla al costo de una política de enfriamiento de la economía (menor crecimiento), con alta inflación y sin resolver ninguna de las contradicciones estructurales que darán lugar a nuevos picos de la crisis.
La debilidad política del Gobierno, que primero con el saqueo a los jubilados, y después con los tarifazos, ha bajado considerablemente en las encuestas y perdido la confianza de amplios sectores incluso entre quienes lo habían votado, retroalimenta a su vez los problemas económicos.
En los próximos días, un eventual veto presidencial a una posible sanción en el Congreso que cuestione los tarifazos tal cual los dispuso el ejecutivo, no haría más que profundizar la bronca popular y la impopularidad del Gobierno.
El elemento político, que pone en cuestión a su vez la reelección del Gobierno en 2019 que hasta hace unos meses muchos daban por segura, agrega aún más incertidumbre a la situación económica.
Lo que es seguro, es que el margen de acción se acota, y que tienen la decisión de descargar una vez más la crisis sobre nuestras espaldas.
La trampa del peronismo
Frente a la crisis del macrismo, se presentan otras alternativas como el peronismo que defienden también programas que benefician a los capitalistas.
Tomaremos a modo de ejemplo el tema de los tarifazos. Mientras que Cambiemos intenta imponer fuertes aumentos, el modelo del kirchnerismo durante doce años fue beneficiar a las empresas con subsidios millonarios sin ningún control, que resultaron en una fuerte desinversión y crisis como la energética. Fueron verdaderas fortunas para estos empresarios, que se costearon con otros impuestos que pagaba la clase trabajadora, como el impuesto al salario. Con Menem, los Kirchner o Macri, siempre ganaron las privatizadas. Solo el Frente de Izquierda propone acabar con ellas y que estén bajo gestión de los trabajadores y control de los usuarios populares.
Más en general, las distintas fracciones del peronismo, que quedaron sumergidas en una gran crisis tras su derrota electoral de 2015, buscan aprovechar la crisis para recomponerse, denunciando el ajuste macrista.
Nada más demagógico por parte de quienes en sus provincias aplican los mismos ajustes que Cambiemos (sea Juan Manuel Urtubey o Alicia Kirchner), que firmaron el pacto fiscal que abrió paso al saqueo a los jubilados, o que, en gran parte, fueron fundamentales para votarle las leyes de ajuste y entrega a Cambiemos, que es minoría en ambas cámaras del Congreso Nacional.
Por su parte, las cúpulas sindicales alineadas con el peronismo están en su mayor parte absolutamente alineadas en la tregua, mientras que un sector minoritario rechaza el ajuste de palabra pero hacen medidas de fuerza aisladas negándose a poner en pie verdaderos planes de lucha serios en sus gremios, o a coordinar las peleas entre quienes dicen querer romper el techo a las paritarias, retrotraer los despidos o voltear los tarifazos.
En los próximos días se discutirán los aumentos de los servicios públicos en el Congreso Nacional. Todas las variantes del peronismo lo usarán de tribuna para posicionarse hacia las elecciones de 2019, pero ninguna de ellas cuestiona a las empresas privatizadas, intocables desde el menemismo hasta hoy.
Más aún: todos los referentes del peronismo, algunos de los cuales hablan en nombre del “mercado interno”, que es como le llaman a defender los intereses de otro sector capitalista, tan enemigo del pueblo trabajador como los “aperturistas”, ocultan que de llegar al Gobierno en 2019 aplicarían también un ajuste sobre el pueblo trabajador. Esto cabe tanto para los “dialoguistas” como para los kirchneristas que llaman a formar una lista de unidad con ajustadores, burócratas y votadores seriales de leyes de ajuste.
“Volver” a la época kirchnerista, como añoran algunos, es imposible, porque el mundo de aquellos años no existe más, como lo refleja, entre otros factores, el descenso del precio de las materias primas que exporta Argentina.
Sin embargo, cabe decir todavía más. Es responsabilidad directa del kirchnerismo haber mantenido las privatizaciones, el control de los principales recursos estratégicos del país en manos del capital extranjero, la propiedad terrateniente y el “modelo sojero”, permitido la crisis energética o pagado más de $ 200.000 millones de dólares de deuda externa, entre otras cuestiones estructurales.
Esos y otros factores explican que aun en una situación de crecimiento económico excepcional el país no haya salido de su decadencia. El empleo creció durante esos años pero con enormes tasas de precarización laboral (como en el Estado, lo cual le facilitó luego al macrismo los despidos), y después de más de una década quedaron altos niveles de pobreza y deterioro de la salud, la educación y la infraestructura del país. Los grandes ganadores fueron, como siempre, los capitalistas, que “se la llevaron en pala”, según la propia expresión de Cristina Kirchner.
Finalmente, cuando el ciclo económico se agotó, buscaron que los trabajadores paguen los costos, como con el impuesto al salario, la represión a los que luchaban como en Lear, o la devaluación de 2014, lo cual en parte provocó su derrota electoral de 2015.
Peor aún sería un gobierno de estos sectores en condiciones internacionales más adversas.
Un partido y un programa para que la crisis la paguen los capitalistas
Frente al deterioro de las condiciones de vida, desde la izquierda y el sindicalismo combativo vienen exigiendo el fin de la tregua de las centrales sindicales y un paro nacional activo como comienzo de un plan de lucha para derrotar los tarifazos, romper los techos salariales y enfrentar los despidos. Ante la profundización de la crisis, esta exigencia se hace más urgente, junto con la reapertura de las paritarias en aquellos gremios que ya firmaron acuerdos al 15 %, cuando ya nadie en todo el país cree que esa será la inflación anual.
Al calor de estas peleas, hay que construir fuertes agrupaciones clasistas y prepararse para recuperar los cuerpos de delegados, comisiones internas y sindicatos de manos de la burocracia sindical, impulsando también coordinadoras de los sectores en lucha.
Frente a los tarifazos, es necesario no solo pelear por su anulación, sino también por el programa que plantea el Frente de Izquierda, como se vio en el importante acto en Plaza de Mayo el reciente Día Internacional de los Trabajadores: nacionalización del sistema energético y de transporte bajo gestión de los trabajadores y control de los usuarios populares. Hay que acabar de una vez por todas con las privatizadas que defienden el macrismo y el peronismo.
Contra los especuladores que saquean el país jugando a la timba financiera con la vida del pueblo trabajador, es necesaria la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior, como medidas indispensables de autodefensa nacional. No al pago de la deuda externa.
Estas son algunas de las medidas urgentes frente a la crisis, y son parte de un programa de salida para que la crisis la paguen los capitalistas.
Sin embargo, la pelea de fondo, a la que apuesta el PTS en el Frente de Izquierda, es la construcción de un gran partido de la clase trabajadora que permita que las grandes luchas que dará el pueblo trabajador contra el ajuste culminen esta vez con una salida favorable a las grandes mayorías, una salida anticapitalista y revolucionaria, y no que seamos otra vez nosotros los que paguemos los costos de la crisis con inflación, hambre, desocupación y precarización del trabajo y de la vida. Que esta vez sea distinto al 2001, que está presente en la memoria colectiva.
Ante la crisis, esta tarea se vuelve más urgente. Contra las trampas del macrismo y del peronismo, peleamos por un partido de trabajadores sin burócratas, con un programa anticapitalista, socialista y revolucionario. Que participe de todas las luchas del movimiento obrero, juvenil, de la mujer, y en toda causa justa contra la explotación y la opresión, pero siempre desde la perspectiva de luchar por una salida de fondo, por un gobierno de los trabajadores que bajo un programa revolucionario dé una salida anticapitalista a la crisis.
Te invitamos a sumarte a esta pelea.

Fernando Scolnik
Nacido en Buenos Aires allá por agosto de 1981. Sociólogo - UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001.