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Red Internacional
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La Plata. ¿Qué pasa si querés estudiar medicina?

En la Facultad de medicina de la UNLP Miles de alumnxs quedamos fuera de todas las materias del primer año, viéndonos obligadxs a recursar. Miles nos preguntamos si el el problema somos nosotros.

Sábado 7 de septiembre de 2019 10:16

Foto: Diario El Día

Mientras miro los resultados, solo compruebo una cosa: ante el examen no importa quiénes somos, de dónde venimos y los sueños que tenemos.

La primera enseñanza que nos queda clara es que no importa cuánto nos esforcemos en estudiar o en aprender los contenidos, porque mientras nos sigan dando teóricos de una hora semanal, o trabajos prácticos de tres, las herramientas que tenemos siguen siendo insuficientes para alcanzar los amplios conocimientos que se nos exigen en cada parcial. Mientras miro los resultados, solo compruebo una cosa: ante el examen no importa quiénes somos, de dónde venimos y los sueños que tenemos.

Les regalo una imagen de lo que vivimos en carne propia lxs ingresantes en un parcial de biología que rendí con el jefe de cátedra. Con el aula magna de la facultad llena, casi sin espacio, en cuarta fecha de esta materia, con el parcial retrasado 1 hora y media, el jefe de cátedra denigró a alumnxs durante la hora y media que queda pactada para el examen.

Llegados ya a esta instancia, donde todxs estamos nerviosxs, preocupadxs, ¿no debería, el profesor mínimamente tratarnos como seres humanos, seres que pensamos, sentimos, nos sentamos a estudiar durante semanas? Pero lamentablemente no fue nuestra suerte.

Primero, no se le puede pedir un corrector a nadie, porque si no, te estás copiando de tu compañerx. A los pibes y pibas que se tenían que ir antes, porque debían tomarse el tren para llegar a casa, primero les dijo “y bueno, no sé, verás. Cállate que están tus compañeros rindiendo”. Después, que sí se podían retirar, pero que debían llevar un comprobante de que sí se habían tomado el tren, porque hasta que ese papel no llegara a sus manos, la nota estaba condicionada procediendo a marcarles el examen como si estuvieran cometiendo una infracción. Lxs que necesitaban ir al baño en esa estresante y evitable situación, les dijo “no es mi responsabilidad acompañarte al baño”, es decir, que ir al baño sería otra infracción. Y así rendimos, al finalizar, uno es para un “suerte a todxs”, “que tengan buen fin de semana”.

Pero no, bajo las órdenes de "o me dan el parcial ya o se los anulo", cierra con un sarcástico “voten bien”. ¿Qué será votar bien para este tipo de docente?

¿Siempre fue así la Facultad?

Cuando hablo con compañerxs de otros años o egresadxs, me cuentan sobre las peleas que dio el movimiento estudiantil contra las políticas privatistas y elitistas que sostuvo Hoja de Roble, que fue la antigua gestión durante años.

Ya lo había escuchado, pero después de conocer algo de lo que es cursar en estas aulas, alguna idea me hago y empiezo a entender la energía de esas asambleas, tomas de facultad y movilizaciones masivas que salían en la televisión o en los diarios.

Me contaban que fue así que se volteó el examen eliminatorio que te exigían para entrar desde los 90, haciendo de la frase “el hijo de zapatero no puede ser médico” su mejor bandera heredada de la Ley de Educación Superior. Luchas estudiantiles que también lograron expulsar al ex vicedecano, que le daba clases de anatomía a lxs pibes, Enrique Pérez Albizú, porque firmaba certificados falsos de defunción a las víctimas de la última dictadura cívico-militar. También fue a través de la organización estudiantil que las carreras de enfermería y nutrición sigan abiertas a pesar del intento de cierre y discriminación sistemática por parte de esa agrupación de elite de la medicina privada.

Ahí comencé a entender porque se generaron tantas expectativas ante la asunción de las actuales autoridades que desplazaron a la desgastada y nefasta Hoja de Roble. Por eso desde el curso de ingreso nos encontramos tantas veces con que cualquiera que quiere puede acceder a la facultad de medicina, y que todo lo nuevo es mejor si lo comparamos con esxs médicxs que se creían dioses. Pregonando por todos lados que el modelo médico hegemónico ya no existe.

Y pienso, ¿por que la facultad dice “a la carrera entran todxs” o que la facultad es popular mientras quedan tantxs afuera?

La verdad es lo que vivimos, no el discurso. Porque justamente este discurso oculta no sólo los bochazos a mansalva que día a día nos bancamos lxs estudiantes, el maltrato al que seguimos siendo sometidxs en muchas cursadas como si estorbáramos, también oculta que la masividad es absorbida por docentes que laburan el triple y trabajadores que garantizan con su esfuerzo que podamos utilizar la facultad. Pero si te pones a ver, la posta es que se oculta un problema mucho más estructural y profundo.

Pensemos en la cantidad de pibes que sueñan con llegar a la universidad pero que no tienen ni para comer, que tienen que quedarse en casa a ayudar, que tienen que laburar, que viven lejos y el bondi o el tren salen muy caros.

Principalmente, esto es producto del sistema en el que vivimos, sistema profundamente injusto que deja afuera a millones de todo, mientras un puñado de millonarios se enriquecen con el hambre de cada pibe, con los tarifazos de cada servicio, con los precios exorbitantes de la comida, con la precarización de una enorme juventud que anda en bicicleta, lava copas o repone góndolas,o con el despido de cada laburante que deja su cuerpo en el trabajo.

Es la expresión más pútrida del capitalismo que te arrebata los sueños y las ganas de elegir qué vida querés tener. Vivimos así, mientras un puñado se enriquece con el desfinanciamiento de la salud pública, sin insumos, siendo los trabajadores de salud quienes bancan todos los días cada hospital y salita a costa de su precarización laboral.

Mientras viajo en el bondi lleno de ojos cansados, les digo a los que nos cagan, que sigan creyendo e intentando inculcarnos en cada cursada el individualismo atroz, producto de un capitalismo igual de atroz. Porque estoy convencida que no soy la única que le hierve la sangre al ver como la policía mata a un hombre con una patada en el pecho por el solo hecho de caminar en la calle de la ciudad más rica del país, o también se de la bronca que nos despierta a millones el asesinato de un jubilado que sufrió el ajuste en primera persona y fue golpeado salvajemente por llevarse aceite, queso y un chocolate del supermercado Coto.

Que nos ajusten, que hagan negocio con nuestra vida no es natural, es un problema político que tiene como responsables a tipos como Macri, a los grandes empresarios y banqueros que nos están llevando a la ruina. Mientras cientos de pibes desaprobamos, el profesor nos mandaba votar bien. Y pensé si se refería a Macri o a Alberto Fernández, que convalidó el golpe de mercado que llevó a 5 millones de personas a la pobreza y que nos dice que tenemos que esperar hasta diciembre cuando lo único que hace es hablarle bien a los mercados que destruyen cada escuela, cada hospital y que llenan de hambre la panza de cada pibe.

Le respondo a ese profesor: yo voté por lxs miles que quieren estudiar para ser médicxs y salvar, ayudar y hacer lo mejor posible para cuidar a lxs que tenemos al lado. Yo voté para defender una medicina que esté a la disposición de toda la clase trabajadora, desde cada barrio a cada fábrica, y no para que los laboratorios se la lleven en pala. Yo voté a docentes, enfermerxs, medicxs, estudiantes, mujeres y laburantes que siempre están del mismo lado. Le quiero decir que yo vote bien, que voté al FITu.

También le quiero decir que nosotrxs vinimos acá a transformar todo. Porque vos que te viniste de miles de kilómetros de otro país con la valija llena de incertidumbre y de ganas, tenes que poder. Y vos, que tenes que laburar para bancarte tus estudios, tenes que poder. Y vos, hayas perdido o no todas las materias, transformá toda esa bronca para una educación pública realmente inclusiva, por un sistema educativo que nos tenga como protagonistas a lxs que queremos un mundo para todxs y no para unxs pocxs.