lid bot

POLÍTICA Y MEDIOAMBIENTE. ¿Qué propone la izquierda de Nicolás del Caño frente a la crisis climática y ecológica global?

Frente a la farsa de cumbres climáticas y promesas de un “capitalismo verde”, necesitamos desplegar un programa transicional para una completa reorganización racional y ecológica de la producción, la distribución y el consumo.

Roberto Andrés

Roberto Andrés Periodista @RoberAndres1982

Lunes 21 de octubre de 2019 19:07

La noche de este domingo 20 tuvo lugar el segundo debate presidencial de las elecciones argentinas 2019. A diferencia del primero, en esta ocasión fue incorporado el ítem “Medioambiente” para que los seis candidatos a ocupar el sillón de la Casa Rosada aborden su visión de esta problemática.

El candidato presidencial del Frente de Izquierda Unidad, Nicolás del Caño, tuvo una intervención destacada. Si bien en el debate del domingo anterior el referente de la izquierda -el único candidato presidencial que participó de la huelga climática del 27S- ya había reivindicado “a la juventud que irrumpe y se moviliza por millones en defensa del medioambiente”, en esta ocasión apuntó contra el “pacto sobre el que no hay ningún tipo de grieta, un pacto de saqueo y contaminación de nuestros recursos y bienes naturales”.

Nicolás del Caño en Plaza de Mayo el día de la Huelga Climática Mundial del 27S. Fue el único candidato presidencial presente en la jornada.
Nicolás del Caño en Plaza de Mayo el día de la Huelga Climática Mundial del 27S. Fue el único candidato presidencial presente en la jornada.

En ajustadísimos dos minutos (pautados previamente desde la organización del debate), Del Caño golpeó a macrismo y kirchnerismo, dando como ejemplos capitales los casos de derrame de agua cianurada en los ríos de San Juan por la Barrick Gold, el acuerdo secreto con la gigante petrolera Chevron sobre Vaca Muerta y el mantenimiento del modelo sojero y el uso de glifosato.

Su mensaje político final fue: “Nosotros queremos terminar con ese modelo de saqueo y contaminación y creemos necesario avanzar en una transición energética, que no solo sea sustentable, sino que además termine con los negociados como los que hacen con el gobierno de Macri hoy con la energía eólica. Creemos necesario que la energía sea un derecho para todas y todos y no un negociado para unos pocos, porque nuestras vidas y nuestro planeta valen muchísimo más que sus ganancias”, finalizó.

Relacionado: Más de cien referentes y activistas del pensamiento socioambiental, el campo científico y las luchas por la justicia climática resolvieron dar su apoyo a la candidatura de Myriam Bregman.

Nicolás del Caño y Myriam Bregman en la marcha mundial por el clima. A la abogada de derechos humanos le faltan 35.000 votos para ingresar al Congreso.
Nicolás del Caño y Myriam Bregman en la marcha mundial por el clima. A la abogada de derechos humanos le faltan 35.000 votos para ingresar al Congreso.

Un programa transicional anticapitalista para evitar la catástrofe

Pero, ¿qué es lo que propone la izquierda de Nicolás del Caño frente a la crisis climática y ecológica global? El pasado 15 de septiembre su corriente internacional, la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional, en donde se agrupa su Partido de Trabajadores Socialistas (FIT-U), junto a una docena de organizaciones hermanas, levantó un programa transicional anticapitalista para enfrentar la crisis ambiental global.

“El capitalismo ha prosperado desde hace siglos mediante la explotación de la naturaleza, ya sea como fuente “inagotable” de recursos para convertirlos en mercancías o como repositorio de desperdicios”, señalan los revolucionarios. “Sin embargo, la capacidad de la Tierra de “soportar” los procesos ecodestructivos del capital está llegando al límite. La necesidad de crecimiento constante del capital ha llevado a la interrupción de un complejo ciclo natural que tardó millones de años en desarrollarse, provocando una fractura del “metabolismo” entre la sociedad y la naturaleza”.

“Frente a una perspectiva absolutamente irracional a la que nos aboca el capitalismo es evidente la necesidad de medidas drásticas y urgentes”, agregan. “La única salida ante la catástrofe que nos amenaza es tomar el presente y el futuro en nuestras manos mediante una planificación racional de la economía mundial. (…) Y esta solo puede ser posible si la planificación de la economía se encuentra en manos de la única clase que por su situación objetiva y sus intereses materiales tiene interés en evitar la catástrofe: la clase trabajadora”.

Se trata de “una perspectiva por la que luchamos las organizaciones que integramos la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional en el seno del movimiento obrero, de la juventud y los movimientos ecologistas. Frente a la farsa de las cumbres climáticas y las promesas de un “capitalismo verde”, es necesario desplegar un programa transicional orientado hacia una completa reorganización racional y ecológica de la producción, la distribución y el consumo con medidas como:

• La expropiación del conjunto de la industria energética, bajo la gestión democrática de las y los trabajadores y supervisión de comités de consumidores. De este modo el sector energético podría avanzar hacia una matriz energética sustentable y diversificada, prohibiendo el fracking (de gas y petróleo) y otras técnicas extractivistas, que permita reducir drásticamente las emisiones de CO2 desarrollando las energías renovables y de bajo impacto ambiental en consulta con las comunidades locales. Al mismo tiempo, se reducirían los precios abusivos de la electricidad.

• La nacionalización y reconversión tecnológica sin indemnización y bajo control obrero de todas las empresas de transporte, así como las grandes empresas automovilísticas y metalmecánicas, para alcanzar una reducción masiva de la producción automotriz y del transporte privado, mientras se desarrolla el transporte público en todos sus niveles.

• La lucha por lograr condiciones seguras de trabajo en todas las fábricas y empresas, libres de tóxicos y agentes contaminantes, unida a la reducción de la jornada laboral y reparto de las horas de trabajo sin rebajas salariales entre todas las manos disponibles, como parte de un plan general de reorganización racional y unificada de la producción y la distribución en manos de la clase trabajadora y sus organizaciones.

• La expropiación de la propiedad terrateniente y reforma agraria para pequeños campesinos y pueblos originarios. Expulsión de empresas imperialistas, confiscación de sus bienes y expropiación bajo control obrero de todo el complejo industrial agroalimentario y exportador. Monopolio del comercio exterior y nacionalización de la banca para financiar la reconversión y diversificación del modelo agroalimentario sobre bases sustentables y democráticas. Prohibición del glifosato, eliminación progresiva de todos los agrotóxicos y prohibición de su libre comercialización, e inversión en investigación en métodos alternativos, como la agroecología, entre otros.

• La imposición de presupuestos bien dotados para la conservación de la biodiversidad, tanto de especies como de la gran variedad de ecosistemas del planeta, con especial hincapié en los que están en mayor riesgo. Regeneración de las áreas degradadas (mares, ríos, lagos, bosques y campos) en base a impuestos progresivos al gran capital.

• La prohibición de la megaminería contaminante, la nacionalización de la minería tradicional bajo control obrero y su articulación con el desarrollo de una industria de recuperación de minerales de la chatarra electrónica, implementando la “minería urbana” para el reciclaje de minerales escasos de los aparatos electrónicos y otros productos. Expulsión de las mineras imperialistas y confiscación de sus bienes para remediar el daño hecho a las comunidades afectadas. Prohibición de la apropiación privada de bienes públicos como el agua.

• La abolición de la deuda en los países dependientes y semicoloniales, que es una forma de coerción para adoptar ajustes neoliberales antiecológicos, así como la expropiación de todas las empresas contaminantes en los países periféricos. Es inimaginable resolver la crisis ecológica en esos países sin independencia respecto del imperialismo.

• La apertura de las fronteras y cierre de los centros de detención de migrantes frente al drama de la inmigración, producto de la pobreza y la expoliación imperialista, pero también en muchísimos casos por la crisis climática.

• Una política radical que tienda a evitar los residuos y a reciclarlos. No alcanza con las instalaciones de filtrado, depuración, etc. Hace falta una conversión industrial fundamental que evite, a priori y en su origen, la contaminación. Esto implica también terminar con la obsolescencia programada.

• El levantamiento del secreto empresarial (que permite, por ejemplo, ocultar las emisiones tóxicas) y la obligación de llevar registros públicos donde se especifiquen las materias primas y los productos utilizados.

Este programa conquistado por la FT-CI, y que debe desarrollarse específicamente en cada área, es un enorme punto de apoyo para pensar la implementación de medidas concretas en la lucha contra la crisis climática y ecológica. Pero esto es obviamente imposible de alcanzar en los marcos “pacíficos” del capitalismo. Solo la lucha determinará su real implementación y para eso hace falta una estrategia revolucionaria que enfrente decididamente a los responsables del desastre.

La juventud que hoy sale a las calles en todo el mundo para luchar por la “justicia climática” tiene el desafío de avanzar en la radicalización de su programa para plantear la única perspectiva realista para enfrentar la catástrofe: impulsar la lucha de clases para terminar con el sistema capitalista y poner todos los resortes de la economía mundial en manos de la clase trabajadora.

La tarea de la izquierda es construir esa fuerza social y política que vuelva estas ideas una realidad material, y en Argentina la construcción de esa fuerza pasa necesariamente por el fortalecimiento del espacio que representan Nicolás del Caño y Myriam Bregman, en oposición al de los candidatos del modelo extractivista.