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Red Internacional
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MORENA. ¿Qué refleja la crisis en Morena?

A poco más de un año de haber ganado las elecciones, la formación política del presidente López Obrador está en crisis al no poder definir a su dirigencia.

Óscar Fernández

Óscar Fernández @OscarFdz94

Viernes 31 de enero de 2020

La llegada al poder de Morena estuvo detonada por la crisis de los partidos patronales tradicionales ante la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, cuando se evidenciaron ante los ojos de millones sus vínculos con el crimen organizado. El descontento social por los crímenes de las fuerzas represivas y la precarización impulsada por las reformas de Peña Nieto llevó al poder de manera indiscutible a López Obrador.

Sin embargo, ya como partido de gobierno y a pesar del avance de la aplicación de medidas impopulares como la Guardia Nacional, enfocada a perseguir a los migrantes en la frontera sur para beneplácito del imperialismo yanqui, o los recortes de trabajadores estatales precarizados mientras los funcionarios conservan sus sueldos bajo la supuesta "austeridad republicana", el partido impulsado por AMLO da muestras de fuertes peleas internas que impiden asegurar que llegará unido y saludable a las elecciones intermedias del 2021.

La aparición del Morena de AMLO

Un 2 de octubre de 2011, en un acto ante cerca de 10 mil asistentes en el Auditorio Nacional, y en medio de vítores coreando "¡Obrador, Obrador! ¡Presidente, presidente! ¡Es un honor estar con Obrador!", se constituyó el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) como un movimiento que pretendía dar apoyo al entonces precandidato a las elecciones de 2012.

Tras el regreso del PRI a Los Pinos en los comicios electorales de ese año, comenzó el proceso de Morena para constituirse como una formación política. El 20 de noviembre de 2012, el Morena se conformó como asociación civil como parte de los procedimientos para ser partido político.

En los dos años siguientes, debió cumplir los requisitos para la creación de partidos, como lo son asambleas en 28 entidades de la república y asistencia de 3 mil militantes en cada una de ellas para aprobar los documentos internos de la organización. Finalmente, a mediados de 2014, se legalizaba el partido que se autoproclamaba "la esperanza de México".

El Morena surgió como un partido burgués por su programa y su estrategia, más allá de las formas particulares y caudillísticas de su principal dirigente, que se preparó para ser el recambio gubernamental ante la crisis de los partidos del "Pacto por México" y para recomponer la credibilidad en las altamente cuestionadas instituciones.

Hoy, sin embargo, el panorama es diferente. A pesar de haber llevado a su fundador y principal figura a la presidencia, Morena se encuentra en crisis al no poder definir su dirigencia. En el transcurso de cinco años ya ha tenido tres presidentes, el último de los cuales se disputa el puesto con su antecesora, quien no acepta dejar el cargo.

¿Qué ocurre en Morena?

Después de que se definiera a López Obrador como candidato a la presidencia, el partido estuvo a cargo de la empresaria Yeidckol Polevnsky, quien fungía como Secretaria General. Luego del III Congreso Extraordinario en noviembre pasado, Polevnsky quedó como presidente del partido, lo cual no vino sin cuestionamientos tanto del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) como de la militancia interna, un sector apegado a otras figuras del partido como Mario Delgado y Bertha Luján.

El domingo pasado, la crisis escaló a otro nivel. Tras la elección interna llevada a cabo en un nuevo Congreso Nacional Extraordinario, quedó electo Alfonso Ramírez Cuéllar como presidente provisional, pero Polevnsky desconoció el resultado.

Polevnsky cuenta con la aprobación de los representantes y funcionarios de los comités estatales, aunque Cuéllar tiene apoyo firme entre los delegados que acudieron al Congreso. Asimismo, el método de elección fue motivo de una larga controversia: definir si la elección del presidente se realiza por medio de encuestas al interior del partido y no por votación en una elección partidaria.

Detrás de estas disputas están los allegados a dos figuras clave del partido: la actual Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y el otrora Jefe de Gobierno y actual Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. López Obrador ha preferido no intervenir, muy probablemente porque estratégicamente no es viable brindarle apoyo aún a cualquiera de los dos como posible sucesor presidencial y puede quedar manchado ante la opinión publica si se mete en la pugna interna.

A esto hay que sumarle las posturas tan polarizadas al interior del partido que arrastran las disputas políticas. En temas como el aborto y el matrimonio igualitario, hay quienes se pronuncian a favor de éste, como la ya mencionada Sheinbaum, al mismo tiempo que coexisten en el mismo partido con personas que no tienen acuerdo en que ambas políticas sean aprobadas.

También surgieron disputas por controlar los grupos parlamentarios del Morena en las cámaras de diputados y senadores entre las huestes de Ricardo Monreal y Martí Batres, las cuales adquirieron formas escandalosas. Actualmente es notorio el repudio público que realiza el viejo político y actual diputado morenista, Porfirio Muñoz Ledo, hacia la política de AMLO de reprimir y deportar a los migrantes hondureños.

De partidos a partidos

Llama la atención que, a pesar de ser el partido más joven en la vida política mexicana, Morena ya esté sumido en este tipo de crisis. Sin embargo, si examinamos su conformación con mayor detenimiento, nos daremos cuenta de que este panorama no es nuevo, sino que es la expresión y el resultado de su carácter de clase, dado que reproduce las prácticas y las características de otros partidos patronales, y donde su base popular es una “base de maniobra” para las transas de sus dirigentes.

Esto ya se ha visto en múltiples ocasiones, con denuncias de puestos de elección que eran decididos a "dedazo" y contra el deseo de los militantes de base. Tal fue el caso del llamado "Rey del Mazapán" como precandidato a la gobernatura de Jalisco. De igual forma no podemos dejar de lado que, tras el hundimiento del PRD por su participación directa en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Morena rápidamente comenzó a incorporar a miembros de ese partido, así como a empresarios expanistas y expriístas.

Morena, lejos de transformar (como sostiene el presidente) la situación en México, mantiene la subordinación a los dictados de la Casa Blanca y la dependencia al gigante del norte, entre otras cosas, por medio del T-MEC, el cual sólo beneficia a los empresarios mexicanos y las trasnacionales en detrimento de los trabajadores y el medio ambiente.

Mientras, los trabajadores precarizados, los campesinos pobres sin suficientes suministros, los habitantes de los pueblos originarios que ven arrasar sus tierras por los megaproyectos como el Tren Maya y la termoeléctrica de Huaxca, somos los principales testigos del abandono de AMLO y el Morena de las promesas previo a las elecciones de 2015 y 2018. Entonces el Morena planteaba encontrar a los normalistas desaparecidos, terminar la guerra contra el narcotráfico o tomar medidas contra el feminicidio, si la gente votaba por sus candidatos. Hoy la "Cuarta Transformación" mira para otro lado.

La crisis actual de Morena es consecuencia no sólo de abandonar dichas perspectivas generándose contradicciones internas, sino también de la concentración del partido en la figura de López Obrador. Siendo él el elemento que mantiene la estructura, va a tener que lidiar con las disputas que surjan, actuando como un "árbitro" al interior del partido, lo que inevitablemente está comenzando a provocar que se repita la vieja historia del PRD: la formación de "tribus" que luchan por adueñarse de las estructuras del Morena como antesala de ocupar la silla presidencial.

Vemos así que Morena, que surgió como un proyecto de recambio burgués para aliviar la crisis orgánica del viejo régimen priísta y sus aliados del "Pacto por México", está sufriendo de fuertes tensiones internas apenas al comienzo del segundo año de su mandato. La falta de coherencia ideológica y programática, actuando contra las aspiraciones de las bases y los 30 millones de votantes, privilegiando las alianzas con la derecha evangélica y nutriéndose de muchos miembros de la tan denunciada "mafia del poder", que tanto dice aborrecer AMLO, están detrás de la crisis actual.

Por el contrario, se vuelve patente la necesidad de construir una organización política que luche por los intereses de los trabajadores, la juventud y las mujeres. Que levante una perspectiva anticapitalista, socialista y revolucionaria, levantando las banderas del internacionalismo y luchando contra los mandatos del FMI y la Casa Blanca; una organización política verdaderamente de izquierda que se pronuncie contra los ataques hacia nuestros hermanos migrantes y los despidos masivos. Es hacia ese norte que desde este diario ponemos nuestras modestas fuerzas al servicio de ese objetivo.


Óscar Fernández

Politólogo - Universidad Iberoamericana

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