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Red Internacional
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Crisis Política. ¿Qué significa el “acuerdo” de Maduro con sectores minoritarios de oposición?

Mucho ruido y pocas nueces, como dice una vieja expresión, sería el contenido de un "acuerdo" de Maduro firmado este lunes con pequeños partidos opositores. Aquí una primera lectura.

Miércoles 18 de septiembre de 2019

Maduro afirmó este martes que buscó acuerdos con una minoría de la oposición que no participaba en la negociación de Barbados, porque los sectores encabezados Guaidó, no cumplieron "con nada de lo que se comprometieron" en las conversaciones. Versión contraria es la que tienen el grueso de partidos de la oposición, y sobre todo los que venían participando de la mesa instalada por Noruega.

"Nosotros por otro lado íbamos avanzando en el diálogo con otros sectores”, dice Maduro, y que los representantes de la oposición que participaron en Barbados "se comprometieron a hablar con el Gobierno de Estados Unidos para que levantara las sanciones contra Venezuela y no cumplieron”. Se trata de agrupamientos menores como Soluciones para Venezuela (Claudio Fermín), Cambiemos (Timoteo Zambrano), MAS (Felipe Mujica) y Avanzada Progresista (Luis Romero, Henri Falcón) lista a la que se sumó el evangelista Javier Bertucci de Esperanza por el Cambio.

Así, este lunes, el gobierno de Maduro dicho grupo de partidos minoritarios presentaron una “mesa de diálogo nacional” que contempla seis puntos de “acuerdos parciales” entre los que se destacan el retorno del chavismo a la Asamblea Nacional (AN), la renovación de autoridades electorales y la liberación de “presos políticos” así como “un programa de intercambio de petróleo por alimentos”. Justo este martes, el primer vicepresidente de la AN, Édgar Zambrano, fue liberado tras más de 130 días en prisión y se le otorgó "una medida cautelar sustitutiva" que implica su presentación periódica ante el juzgado cada 30 días y se le prohíbe la salida del país.

Por su parte el grueso de los partidos de la oposición, ya el domingo habían anunciado el fin del diálogo con el gobierno de Maduro en Barbados, donde se llevaron a cabo la mayoría de las reuniones bajo el apoyo de Noruega, al considerar “que el Gobierno abandonó esa mesa de discusión”.

Y efectivamente, los mayoritarios partidos de la oposición, que controlan la Asamblea Nacional, no son parte del reciente acuerdo de Maduro. Ni Voluntad Popular (VP) de Guaidó y cuyo jefe es Leopoldo López, ni Primero Justicia (PJ) de Henrique Capriles, así como tampoco Acción Democrática (AD) de Ramos Allup ni Un Nuevo Tiempo (UNT), entre otros, estaban en la mesa de Maduro de este lunes. Dentro de la Asamblea Nacional, el grupo minoritario tiene una representatividad que no pasaría de los seis diputados.

Es de recordar que el gobierno de Maduro se retiró a principios de agosto de las conversaciones de Barbados, argumentando las nuevas sanciones que impuso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sostuvieran que se “disponían a revisar los mecanismos de ese proceso” para asegurar que su continuación sea realmente “efectiva” y “armónica” con “los intereses del país”, es decir, de sus conveniencias.

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Pero también al poco tiempo saltó a la luz pública ciertas reuniones secretas que se habían llevado entre representantes del gobierno de Maduro y Estados Unidos. Encuentros que tanto Trump como Maduro reconfirmaran públicamente, aunque las mismas no estaban ausentes de sospechas sobre que Diosdado Cabello era parte de las mismas actuando por cuenta propia. También, por esos días, se dio a conocer que negociadores de la oposición que forman parte de la mesa de diálogo de que venía mediando Noruega, viajaban a Washington a reunirse con representantes del gobierno de la Casa Blanca.

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Al tratarse de partidos minoritarios con poca representatividad real con los que ha llegado a un “acuerdo” Maduro, más bien se puede leer que tendría el objetivo de presionar a la oposición. Si realmente vuelven los diputados del chavismo a ocupar sus curules en la Asamblea Nacional, igualmente lo de la elección de un nuevo Consejo Electoral –si se respetaran los propios procedimientos normativos del Legislativo– no podría llevarse a cabo pues tendría que pasar por el voto mayoritario de VP, PJ, AD y UNT, salvo que sobre esto ya se hayan llevado a cabo negociaciones secretas paralelas.

Así como también otros como un “programa de intercambio de petróleo por alimentos”, que si se entiende en el sentido amplio, tendría que pasar por el clivaje de Estados Unidos por las sanciones, ya que otros países de peso como los de la UE difícilmente participarían y muchos de Latinoamérica lo pensarían por miedo a represalias de Trump, salvo que se realice con los países con los que el gobierno de Maduro ya tiene de aliados, para lo que no necesitaría la firma de ningún acuerdo. Y los que han rubricado el acuerdo no tienen capacidad de incidir en decisiones de otros países para que flexibilicen un eventual intercambio.

Por su parte, Estados Unidos, afirmó este martes, a través de un comunicado del Departamento de Estado que "Maduro y sus compinches atrajeron a un pequeño grupo marginal de políticos a participar en un llamado diálogo y lo distorsionó como si hablaran en nombre de la oposición democrática". Agregando que "Cualquier negociación seria -añaden- debe darse entre el antiguo régimen (de Maduro) y el presidente interino Guaidó". En la nota, el Departamento de Estado se recordó que no levantará las sanciones hasta que Maduro “abandone el poder” y también la activación la semana pasada del tratado militar TIAR "para hacer frente a la amenaza que representa" el mandatario venezolano. Era más que obvio que lanzaría un comunicado de este tipo.

Yendo al acuerdo firmado por Maduro y dichos partidos minoritarios, éste es de muchas patas cortas y limitado por sus alcances, más político que efectivo, más destinado a presionar y mostrar iniciativa –aunque limitada–, hasta simbólico para alguno de los analistas, donde lo único más llamativo sería lo de un nuevo CNE, que la oposición lo reclama, aunque con vistas a la realización de elecciones presidenciales. Por eso es que Maduro sostuvo el propio lunes que le comunicó a Noruega su disposición para "retomar los puntos del diálogo que llevábamos con ellos y parte de la oposición", sabiendo que con lo recientemente firmado no va a ningún lado más que para hacer política.

Es que las puertas del mecanismo de Noruega no están del todo cerradas, por mucho que la propia oposición lo haya anunciado. Basta traer a la memoria que justo días antes de la primera reunión en Oslo, tanto gobierno como oposición se lanzaba piedras entre unos y otros a la par que se realizaban reuniones secretas, para luego aparecer en una reunión pública del otro lado del Atlántico. Representantes de Noruega han estado permanentemente presentes en Venezuela en reuniones por separado tanto con la oposición como el gobierno de Maduro.

Como ya es de preverse, entre los más grandes de los secretismos seguramente se continuarán llevándose a cabo encuentros, sea por interpuestas personas o no, para continuar darle movimiento a las articulaciones políticas. Aún está por verse cuales son los entramados que seguirán tomando, secreta o públicamente, los caminos de las negociaciones en busca de un pacto entre las cúpulas de cierto alcance. A ambos les interesa continuar aferrados a algún tipo de negociación, aunque se por razones diferentes e intereses.

Lo que sí es claro es que ellos juegan a sus intereses muy alejados del que tienen los trabajadores y el pueblo pobre que viene sufriendo las calamidades de esta catástrofe económica. Si se juzga por las medidas antiobreras del autoritario gobierno de Maduro, como de las propuestas contempladas en el Plan País de la oposición, y todo el entreguismo que ya ejecutan como se ha visto con el caso de Citgo, en algo sí tienen acuerdo, y es que esta catástrofe la siga pagando el pueblo.