El miércoles la noticia fue el 3% de CDC. Ayer el 3% del PP desvelado por Correa. Hasta en los porcentajes y modus operandi se parecen. Los distintos casos de corrupción sacan a la luz la estructura política que ha garantizado que se gobierne en favor de los grandes capitalistas españoles y catalanes.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Viernes 23 de octubre de 2015
Foto: EFE
Ayer saltaba la noticia, la Guardia Civil volvía por segunda vez en menos de dos meses a registrar la sede de CDC, el partido de Artur Mas. En esta ocasión el registro finalizaba además con la detención de Andreu Viloca, tesorero del partido catalán.
Eldiario.es publicó ayer la confesión de Francisco Correa, uno de los cabecillas de la “trama Gürtel”, la red de corrupción orquestada por el PP que sirvió, entre otras cosas, para engordad la “caja B” del partido de Mariano Rajoy. Correa expone en un documento de 9 hojas todOs los entresijos de la trama, desvelando nombres de políticos, entre los que destaca el ya famoso Bárcenas, además de citar el nombre de varias empresas.
En estas 9 hojas, se específica el modus operandi de los corruptos y el uso que se daba a este dinero negro. Entre los destinos de estas suculentas primas destacan la creación de la “caja B” del PP o la financiación por parte de la empresa Fundescam del caso “Tamayazo” que elevó al Gobierno de la Comunidad de Madrid a Esperanza Aguirre. También aparece el pago de las campañas electorales de Francisco Camps en la Comunidad Valenciana. Con esta confesión Correa buscaba una rebaja de su pena, demandada actualmente por la acusación en 110 años. No obstante esta rebaja no se ha llegado a consumar.
Ayer tras saltar la noticia del registro de la sede de CDC, Artur Mas se apresuró a comparecer ante los medios para declarar que la operación era “caza mayor” contra él y su partido, usando además, de forma indignante, el proceso catalán para defender la corrupción instalada durante las décadas de pujolismo y continuada bajo sus mandatos. Artur Mas se erigía como el mártir al que quieren crucificar y utilizaba de escudo la lucha y a las aspiraciones democráticas del pueblo catalán.
Hoy el vicesecretario de comunicaciones del PP, Pablo Casado, ha asegurado que esta trama de corrupción es “una cuestión de personas, no de partidos”. De nuevo señalaba a Bárcenas y Correa como responsables únicos de la trama, alejando toda tormenta, tanto del PP como del Ejecutivo de Mariano Rajoy.
De diferentes formas ambos buscan exculpar a la estructura política corrupta sobre la que se ha asentado durante décadas el Régimen del 78, y de la que la casta política de Madrid y de Catalunya han sido parte de la responsabilidad de las acciones gestadas en su interior.
El problema no es Artur Mas como individuo, ni lo fue el hijo del ex presidente catalán, Oriol Pujol con el caso de las ITV’s, ni tampoco su padre, Jordi Pujol, con sus cuentas en Suiza, ni siquiera el tesorero Bárcenas, con su cobro de comisiones a empresas. No se trata de manzanas podridas. El problema no parte de los individuos que ejecuta la acción, como si se descarriaran del camino de buena fe y servicio al ciudadano.
La razón de todos estos casos radica en los privilegios que el Régimen del 78, como cualquier estado burgués, ofrece a sus “políticos” para que vean de sobra pagados sus servicios por gobernar en favor de las grandes empresas. La forma de hacerlo a veces está dentro de la ley, y otras muchas no pero suele gozar de una amplia impunidad. En ocasiones, sobre todo cuando los regímenes políticos entran en crisis, las fisuras entre los de arriba permiten que afloren casos de corrupción como los que llenan los periódicos.
No es casual que el 3% de CDC se destape en pleno proceso soberanista. Como tampoco lo es que salte la Gürtel o el 3% del PP, o los EREs del PSOE, en medio de la crisis del Régimen del 78. Que hoy la corrupción sea arma arrojadiza entre las “familias” de los representantes políticos de la burguesía no puede impedir ver lo importante. Les ha unido mucho más de lo que les separa hoy. Son parte de una “casta” al servicio de una clase social determinada.
Aquellos que quieran ver en el PSOE un “mal menor”, o en CDC un “compañero de viaje”, deberían fijarse bien en cómo coinciden hasta en los porcentajes y modus operandi de los mecanismos que garantizaban que ellos, como el PP, iban a ser, parafraseando a Marx sobre el Estado burgués, los gerentes de los grandes asuntos e intereses de los capitalistas españoles y catalanes.