La problemática de los vendedores en el Big Mall: mezcla de incertidumbre y esperanzas, maltrato y discriminación. Pelea y división del grupo entre vendedores mayoristas y minoristas, aprovechamiento del municipio a través de las condiciones económicas de la gente para generar mecanismos de desunión. Unión y lucha de los vendedores minoristas: de distintas partes de la Capital jujeña se reunieron e iniciaron una resistencia admirable que viene durando días y aún continua bajo el lema “queremos trabajar” después de que la municipalidad y la policía los echara de sus espacios de trabajo.
Martes 28 de marzo de 2017 14:54
El sábado 18 de Marzo en una redada inesperada casi a medianoche, entes municipales y policiales produjeron el desalojo obligado de los vendedores de la calle Santiago del Estero, al lado de la vieja terminal. Dicho operativo fue un poco más costoso para ellos debido a la cantidad de vendedores y al movimiento de vida que generaban con su trabajo, desde vendedoras de ropa, pasando por las abuelitas vendedoras de especias, alicates y mentisanes, las empanaderas, las jugueras y las bolleritas, todo ese universo vacío de maldad, por fuera de la lógica acumulativa del capital, donde cada oficio tiene su propio detalle, su singularidad, donde lo que se gana es para el pan de cada día, en ese espacio de cierta libertad, identidad y dignidad, los entes no podían invisibilizar su desidia.
Más allá de la redada oscura al estilo mafia, tuvieron que ceder un consenso a la gente, ofreciéndoles como única alternativa dentro de la zona, el Big Mall, shopping privado que les cobra un alquiler. Con ayuda de los medios de comunicación a su favor, normalizaron la situación como algo positivo y desarrollista para todos. Pero la realidad es que muchos vendedores de la Santiago del Estero quedaron sin su puesto de trabajo.
Algunas vendedoras de ropa que pudieron pagar el alquiler inicial que es de 3150 pesos por mes más un depósito de garantía de la misma suma (luego pueden seguir pagando el alquiler en cuotas de 105 pesos por día) estuvieron del lado de la éxodo trabajando en la vereda, esperando a que se termine de organizar el tinglado. A las que no pudieron pagar les dejaron instalar sus puestos, momentáneamente, en la vereda al lado del Big Mall frente al caracol. La municipalidad les dijo que tenían hasta el sábado 25 para juntar lo del alquiler inicial mientras que el amable dueño del Big Mall les dio la opción de ir pagándolo en cuotas, las vendedoras estuvieron rematando su mercadería para poder juntar lo mínimo requerido. Llegado el día muchas pudieron entrar al tinglado y otras a locales de galería, con dicho arreglo, pero otras, como las vendedoras de carne y las cerealeras y también algunas especieras, no pudieron entrar, algunas por falta de plata y otras porque ya no entraban.
Adentro, en el tinglado, se inauguró la Feria San Santiago, con misa y bendición de padre, globos y mucho movimiento de gente. Algunas vendedoras mostraron entusiasmo y alegría de poder trabajar nuevamente “después de tanta incertidumbre y tristeza” sin dejar de preocuparse porque la venta les sea remunerable a pesar del alquiler y también preocupadas por las compañeras que quedaron afuera, diciendo que iban a pedir por favor tanto a los dueños y encargados del Big Mall como a los municipales que les hicieran un espacio en la feria o que las dejaran trabajar al lado del shopping en la vereda.
VENDEDORAS DE CARNES Y CEREALES EN LA VEREDA DEL SHOPPING
FERIA SAN SANTIAGO
Las vendedoras, ahora envueltas en cierta relación de dependencia con el dueño del shopping, el señor Marcelo Ricotti, ya han sufrido varias veces el maltrato y la discriminación de éste, quien regodeándose por su cualidad de abogado y creyéndose por encima de ellas por el hecho de que estén dentro su propiedad, ha hecho hasta llorar a algunas señoras, olvidando por completo que ellas les pagan por estar ahí y que gracias a la movida municipal este primer mes el señor Ricotti ha facturado una considerable suma de dinero: se considera que hay entre tinglado y locales aproximadamente 180 vendedores extraídos de la calle, cada uno está pagando los 3.150 pesos por mes más la garantía, este primer mes, de la misma suma, eso hace un total de 6.300 pesos por cada vendedor, si se multiplica dicha suma por los 180 vendedores: negocio absolutamente redondo.
En la Santiago del Estero todavía continúan algunas empanaderas, especieras, vendedoras de coca y cigarrillos, y pochocleras, pero al preguntarles sobre su situación dicen que los inspectores les dijeron que también es solo momentáneo. Como estrategia les están pidiendo papeles para verificar de qué zona son y si no son de capital o del país les piden no muy amablemente que se vayan, haciéndoles multas. A las vendedoras de comida les dijeron que ellas tienen un tiempo más porque se están encargando primero del rubro ropa (no quedó ninguna en la S. del Estero) y que después iban a seguir con ellas, que pronto las reubicarían en algún otro lugar y que tendrían que pagar cierto alquiler bastante elevado para ellas. También están los vendedores nómades. Que para no correr con el riesgo de las multas, acatan las órdenes de los inspectores y emigran cada 20 minutos de lugar en lugar, cargando con todas sus cosas alrededor de la periferia de la vieja terminal.
Hubo una pelea y una escisión entre los vendedores que aceptaron la posibilidad única de entrar al Big Mall, que en su mayoría son mayoristas, y los que no pudieron pagar el alquiler, que en su mayoría son minoristas (en realidad a los minoristas ni siquiera les ofrecieron esa posibilidad pues ya sabían que no eran negocio y optaron simplemente por borrarlos del mapa) donde estos últimos tratan de traidores a los primeros. Es la municipalidad y el gobierno que, a través de la inminente necesidad que generan, jugando con las condiciones desesperantes de la gente que intenta mantener su fuente de trabajo y sobrevivir, tratan a toda costa de lograr sus negocios y así produjeron colateralmente una especie de mecanismo de desunión de la totalidad del grupo.
Con todas estas artimañas el gobierno pensó que la zona de la Santiago del Estero sería la más complicada de “despejar” y que las demás zonas de barrios aledaños y el centro eran pan comido, debido a la menor cantidad de puesteros y a la discontinuidad de los mismos entre sí, debido a las distancias. Una dispersión, un calidoscopio fácil de despintar. Como siempre, subestimando a la gente, los entes no se esperaban algo completamente distinto.
El 21 de Marzo a media mañana, muchos vendedores de diversas zonas (en su mayoría minoristas) incluidas las especieras que no pudieron seguir en la Santiago del Estero ni en el Big mall y las vendedoras de anillos, aritos, cadenitas y ensaladas de fruta de la calle Iguazú, se unieron en el puente Lavalle para marchar a casa de gobierno bajo la lema “queremos trabajar” exigiendo que les abran las puertas y les den una solución a su situación.
“Hace como un mes atrás que nos empezaron a sacar de muchos lugares, como en los espacios que había en la Dorrego, en la Segada, una parte de la Santiago del Estero, el caracol, la Escuela Normal, el puente Lavalle, la Hipólito Irigoyen, el Pablo Soria y el casco céntrico.
Nos dijo Millón (Secretario General de Gobierno del Municipio capitalino) que saquemos la ropa, que cambiemos de rubro y que solo podíamos trabajar fuera del horario comercial, desde las 13 hs hasta las 16 hs y de noche desde las 21 hs, y así nos vinieron recortando los horarios, los días, a veces llovía… cambiamos de rubro y todo pero igual volvían los inspectores y nos decían si nos podíamos retirar porque si no venía la camioneta.
La verdad es que no sabemos qué hacer, nosotros pedíamos un trabajo digno, o que nos den por lo menos una semana o 15 días para poder vender y bueno, después nos dirán dónde nos van a reubicar…” Fragmento de entrevista a vendedora de ropa ambulante.
Acompañados en la organización por el CES (Corriente de la Economía Social) al son de “¡queremos trabajar!” la marcha fue intensa.
Doblando por la peatonal hacia Necochea encarando para la calle San Martín, se acoplaron por detrás de la marcha tres patrulleros que la siguieron hasta casa de gobierno.
Ya concentradas ahí las vendedoras (en su mayoría eran mujeres, madres) agarraron el altavoz y hablaron con fervor:
“Compañeros yo estoy contenta de que estemos aquí todos luchando para poder trabajar día a día para darle de comer a nuestras familias, para darle mejor estudio a nuestros hijos, me gusta porque estamos todos unidos y eso es necesario hasta que nos dé respuesta el gobierno, así que no bajemos los brazos y sigamos adelante. Nosotros solo queremos trabajar y no le pedíamos un peso a nadie, tampoco robamos a nadie. Así que por favor nos mantengamos aquí hasta que nos den una respuesta justa.”
“Compañeros no bajen los brazos porque nos quedamos sin comer, los funcionarios no nos escuchan, no nos quieren recibir porque creen que somos minoría y no es así, ellos hicieron acuerdo con los feriantes grandes y con los empresarios, nosotros para ellos no somos nada.
No bajen los brazos tenemos que luchar, nosotros tenemos que comer día a día, suben los impuestos, sube el pan y nosotros ya no podemos más con esta situación", afirmaron dos de las vendedoras que encabezaban la marcha.
En medio del furor y la exaltación de los vendedores se abrió la puerta de la casa de gobierno.
Un ente bajó las escaleras y les dijo que los iban a recibir. Los vendedores prepararon la misma nota que habían presentado anteriormente al intendente de la ciudad, exigiendo reubicación en un sitio con posibilidades de venta real, inversiones con fines de infraestructura y servicios para el sitio elegido y un subsidio para hacer frente a los costos de alquiler de locales o de puestos.
La reunión fue informal. Sin embargo los vendedores lograron que les abran la puerta de la casa de gobierno y plantearon que hay una necesidad urgente, hace semanas algunos están sin poder trabajar, pidieron una prorroga a la prohibición, de tres o cuatro semanas, para permitirles vender en sus espacios de siempre y exigieron varios lugares posibles para que los reubiquen. El gobierno les aseguró que al día siguiente les iban a dar una solución por escrito.
El 22 de Marzo a media mañana, luego de concentrar en el puente Lavalle, una nueva y más fervorosa marcha dio inicio. Al llegar a la casa de gobierno los esperaban más de treinta policías que bordeaban toda la entrada. La marcha se detuvo en la esquina de Sarmiento y San Martín para evitar la inminente violencia física por parte de la policía y fervorizó en ese lugar toda su fuerza.
Igual que el día anterior, los invitaron a pasar para tratar de llegar a un acuerdo, pero al dar una negativa a muchas de sus exigencias los vendedores no llegaron a un consenso con el gobierno e inmediatamente tomaron nuevas modalidades de resistencia.
Las señoras vendedoras ambulantes decidieron encadenarse a las rejas de la casa de gobierno e iniciar una huelga de hambre. Una vez encadenadas un compañero vendedor con altavoz en mano, potenciaba las voces de sus compañeras dispuestas a todo por recuperar sus trabajos, sus espacios, todo lo que les corresponde.
Luego de intensos discursos de las señoras vendedoras y la atención de la gente que no estaba en la marcha, un nuevo ente custodiado apareció para renegociar las condiciones del petitorio. Pero nuevamente extendió la reunión para las 17 hs en la municipalidad.
En la reunión les dieron la propuesta cerrada de trasladarlos a ferias alejadas y una eximición, momentánea, del impuesto municipal, lo cual no es una propuesta válida ya que ellos son vendedores minoristas y en esas ferias tendrían que competir con los mayoristas y además tendrían que pagar fletes ida y vuelta todos los días. Por lo tanto hicieron contrapropuestas de lugares y se prepararon para seguir el plan de lucha.
El 23 de Marzo los vendedores adoptaron una nueva estrategia, esta vez no en formato marcha y cortes de calle, sino que bajo la lema “tomar la dignidad por asalto” instalaron sus puestos de venta en la peatonal del centro de la ciudad. Obviamente se armó todo un operativo de inspectores y policías que no pudieron hacer mucho ya que había una cantidad enorme de vendedores que coparon la peatonal belgrano, luego de más de dos horas de ventas se fueron de la peatonal para instalarse en la calle Dorrego, en la plazoleta Eva Perón.
Como al otro día fue 24 de marzo, día nacional de la memoria por la verdad y la justicia, a 41 años del golpe cívico-eclesiástico-militar del 76, y después fin de semana, las entidades del municipio capitalino estuvieron nulas y los vendedores trabajaron en calma, sin problemas.
El 27 de Marzo, después de una asamblea, los vendedores decidieron adoptar una forma pacífica y nómade de resistencia, asentándose en diversas zonas de la vieja terminal y el casco céntrico, esperando a que los inspectores y policías aparezcan, para retirarse hacia otra zona y así, hasta obtener una solución coherente por parte del municipio y el gobierno, ya que ellos piden un lugar en la zona y aceptan pagar los permisos y hacer todo lo que corresponda para poder trabajar dentro de las reglas y ni aun así les dan una solución hasta el momento, sin embargo ya hubo leves atisbos de querer lograr un consenso por parte del municipio.
Los vendedores y las vendedoras ambulantes de Jujuy han demostrado que resistiendo y luchando contra toda ofensiva del gobierno, de sus funcionarios, de su fuerza coercitiva y sus métodos oscuros y mafiosos de extorsión y sumisión a los que menos tienen, a los marginados por este sistema corroído al límite de su contradicción, se logra un sostener y avanzar en la lucha.
Esperemos que el universo de los vendedores ambulantes aflore, ese universo reflejado en la poesía de Néstor Groppa, nuestro querido poeta que supo ver mejor que nadie la belleza y la dignidad de ese calidoscopio univoco del pueblo, donde toda línea falsamente dibujada por el poder nunca nos separa, nos une.