He visto a las mejores mentes de mi generación ateridos por la evaluación punitiva de la nueva Reforma Educativa. Y sin embargo, a pesar de los insomnios y los desvelos: los maestros pasan primero.
Jueves 27 de septiembre de 2018
Entender la vida de un maestro enternece a los más descorazonados. Pasan lo más creativo de su existencia enseñando a cientos de niños, en el nivel básico. En la zona metropolitana tiene 400 alumnos como mínimo.
Cientos de almas día a día, aula por aula, en cada minuto. ¿El profe pasa primero al aula? Pasa primero con una sonrisa aunque se encuentre enfermo. Repasan lección por lección a quienes no entendieron, juegan con sus alumnos y a pesar de la falta de interés diseñan todo tipo de estrategias para que todos aprendan.
Cobran mal, los maestros de México son de los peores pagados en el continente. Sobreviven gracias a otros asuntos. Están ahí, día y noche en las escuelas, tiemble, llueva o relampaguee. Y se compromete tanto en la educación que a pesar de la paga todos los maestros están tiempo completo pensando en enseñar mejor. Como lo señaló Louise Michel “La tarea de los maestros, esos soldados oscuros de la civilización, es dar al pueblo los medios intelectuales para rebelarse.” La educación es un instrumento liberador.
Los maestros pasan primero
Ser maestro en México es una verdadera hazaña. Basta con ver cómo se implementó la nueva Reforma Educativa del Banco Mundial y la OCDE en México. Denigrados por los grandes medios de comunicación como Televisa con el infame documental De panzazo en el que denigran la figura del maestro. Así como el maestro pasa primero al aula, ellos pasan primero en las filas de los agraviados en el México contemporáneo. Tenemos una deuda con ellos.
Llevados a la cárcel a quienes en un acto de dignidad decidieron no permitir que sus derechos labores fueran pisoteados con la Nueva Ley del Servicio Profesional Docente. La Reforma Educativa se llevó la vida de algunos: 11 en Nochixtlán ni más ni menos fueron asesinados por el gobierno de México.
En algunos casos la evaluación fue militarizada. Encañonados, los maestros hicieron un infame examen para demostrar las capacidades: evaluados por empresarios y sus lineamientos de “competencias”.
Los maestros, fueron perseguidos, denostados. Tratados como criminales, como flojos, como aviadores por el PRI, el PAN y el PRD. Todos los medios televisivos y de radio, la prensa escrita, la policía e incluso el ejército buscaron todos los medios para poner a los maestros contra la pared y poner la bota en su cabeza, tirarlos al piso y desmantelar la educación pública. En medio de esta Reforma fueron desaparecidos 43 futuros maestros de la Normal de Ayotzinapa. Basta más.
Su sindicato, el SNTE, los vendió en bandeja de plata. Juan Díaz de la Torre se convirtió en el personaje que más llamó a defender la reforma.
Pero los maestros, contra todo tipo de medidas represivas, como la implementación de un Nuevo Modelo Educativo del cual no participaron, están de pie. Ellos pasan primero.
En medio del marasmo los maestros están en todo el país resistiendo a la implementación de una reforma que no los representa y están preparando el escenario para la caída de la odiada ley del servicio profesional docente. Es una resistencia silenciosa pero que tiene fuertes raíces. No lograron, no pudieron, con los maestros: esa columna vertebral de la izquierda mexicana.
Ellos, los maestros, pueden ganar siempre y cuando pongan en pie un poderoso movimiento social que incluya a padres de familia, a la CNTE pero también a todos los maestros que quieren recuperar el sindicato, a los movimiento sociales aliados y en cada escuela, en cada salón, en cada barrio. Ellos, son los que tienen la última palabra.
La lucha de los maestros contra la reforma es una lucha de todos, ellos luchan por la educación pública, gratuita, laica y de calidad en México.