Rajoy acaba de anunciar que la fecha más probable para las elecciones va a ser el 20 de diciembre. Por otra parte las últimas encuestas publicadas apuntan hacia una precaria estabilización del bipartidismo en torno al 50% de los votos.

Juan Carlos Arias @as_juancarlos
Viernes 4 de septiembre de 2015
Este jueves el Presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, una entrevista en la radio católica COPE, ha anunciado que la fecha más probable para la celebración de las elecciones generales será el próximo día 20 de diciembre. Contrasta su extraña locuacidad de las últimas semanas, con el mutismo de prácticamente de toda su legislatura. Un silencio de meses provocado por la avalancha de los casos de corrupción.
También ha destacado que en su opinión debería gobernar el partido más votado, aunque sea en coalición con otro, como ha ocurrido tradicionalmente. Ha señalado advertir en que un posible pacto entre PSOE y Podemos “no es la mejor manera de respetar la voluntad de los ciudadanos”. Y por si se produjera un acuerdo a varias bandas ha añadido que ese tipo de pactos le parecen peligrosos y “poco democráticos” porque “genera dificultades para gobernar”. Ha puesto como ejemplo la experiencia de los gobiernos municipales de candidaturas impulsadas por Podemos que cuentan con el apoyo del PSOE y viceversa. En su opinión “no han aportado nada bueno”.
Todo ésta “pureza democrática” la señala el mismo Rajoy que trastocó absolutamente el programa con el que llegó al gobierno en las pasadas elecciones. Cuyo partido se ha financiado ilegalmente las campañas electorales desde hace décadas. El mismo que ha creado una red de corrupción política y económica de dimensiones históricas y que ha aprobado un presupuesto para tratar de hipotecar al gobierno que saldrá de las urnas.
Respecto a las encuestas, se han publicado desde hace unas semanas una serie de ellas en las que, con ligeras variaciones porcentuales, se establece una clara perspectiva de supervivencia aunque precaria del bipartidismo. Los resultados reflejan que tendrían la fuerza suficiente, no digamos si se coaligan al estilo alemán, para llegar a mantener su status de poder. Aunque para ello tanto el PP como el PSOE necesitarían algún tipo de coalición post-electoral.
En este aspecto el PP lo tendría más sencillo porque todas le colocan en primer lugar en intención de voto, pero sus enormes dificultades para alcanzar apoyos le podrían granjear mayores dificultades. Sin embargo, no podemos olvidar que ha sido capaz de retener gracias al apoyo de Ciudadanos, enclaves tan importantes, en las últimas elecciones municipales y autonómicas, como la Comunidad de Madrid.
Es muy probable que si Ciudadanos logra suficientes escaños como para sostener un gobierno del PP, ésta sea la hipótesis más plausible, escudándose como en el caso de la Comunidad de Madrid, en que está apoyando a la fuerza más votada por los ciudadanos. Eso sí presumiendo de que con su intervención limpiará todos los casos de corrupción del PP además de implementar políticas de “sentido común” en lo económico y lo social, alejada de los prejuicios políticos de la derecha clásica que dirán representa el PP. Sobre esa base pretende construir su crecimiento político plantándose como la alternativa moderna y europeísta del liberalismo ciudadanista.
La otra fuerza pilar del Régimen, el PSOE, apunta, al menos, a salvar los muebles y mantenerse como segunda fuerza política y primera, de una autodenominada y supuesta izquierda, aunque muy alejada del apoyo popular del que disponía como única alternativa de gobierno al PP. Incluso podría llegar a gobernar si lograse el apoyo de Podemos, e incluso seducir con sus cantos de sirena al propio Ciudadanos, como ha ocurrido en Andalucía en las pasadas elecciones. Todo con el posible concurso de IU, si ésta acaba constituyendo candidaturas de unidad popular, única manera de que pudiera alcanzar un nivel representativo aceptable. Este pacto múltiple, o bien de a dos ó a tres, sería muy factible que lo impulsara el PSOE con el ánimo de lograr gobernar sobre la base de un discurso de reforma constitucional moderada basada en una serie de pactos de estado que ya ha propuesto el propio Pedro Sánchez en el debate de los Presupuestos Generales del Estado para 2016.
Por otra parte, Podemos que comenzó a principios del año 2015 como primera fuerza política en estimación de voto directo y con índices de votación algo por encima del 25%, se ha venido desinflando según las encuestas sucesivas de una manera acelerada. El primer problema del que adoleció fue el abandono progresivo de su programa político original que fue la razón de su meteórico crecimiento. Aunque la cúpula de Podemos crea lo contrario, e incluso mantenga que es esencial ocupar el “centro del tablero político” moderando el programa hasta convertirlo en asumible por la Troika y el capital financiero y desincentivando a sus bases sociales. Para desarrollar ese programa ya estaría el PSOE e incluso Ciudadanos, que sin dar tanto miedo a las fuerzas del capital vendrían a realizar un programa bastante similar.
Podemos inicialmente sí recogió una parte de las reivindicaciones que flotaban en la calle desde el 15 M y que empujaban como un vendaval todo el impulso político de las clases populares. Era una expresión política de un giro a la izquierda de millones, que querían confrontar el régimen político y las políticas de ajuste. La dirección pequeño-burguesa de Pablo Iglesias supo capitalizar ese fenómeno pero para canalizarlo, lejos de intentar llevarlo hasta sus últimas consecuencias con un programa político anticapitalista necesario para revertir la situación a favor de la clase trabajadora.
Supo canalizar en los primeros momentos de gestación de Podemos toda esa fuerza, centrándola sobre todo en los aspectos superestructurales: una promesa de proceso constituyente desde arriba; junto a contenidos de carácter más estructurales basados en el cuestionamiento de la deuda y el establecimiento de una renta universal y el desmantelamiento de las políticas de austeridad. Es decir, básicamente un programa socialdemócrata clásico europeo suavizado, aunque sin encaje fácil, si no se apoya en una fuerte movilización social, en la Europa actual de crisis económica y financiera e imposición de las políticas neoliberales a través del FMI y la Troika.
El segundo problema fue el surgimiento como una fuerza política a escala nacional de Ciudadanos. Comenzó a hacerle sombra recogiendo aspectos del programa de renovación política formal, la lucha contra la corrupción y algunas posibles reformas constitucionales cosméticas que salvaguardaran al Régimen del 78 de su desgaste, así como sobre la perspectiva de un discurso marcadamente españolista. Y que le arrebataron electoralmente aquellas capas más atrasadas y pequeño burguesas de la base electoral de Podemos. Mientras por izquierda pierde a los sectores desilusionados por el abandono de la mayor parte del programa.
¿Qué tendencias muestran las últimas encuestas?
La encuesta recientemente publicada por la Cadena Ser a través de su Observatorio indica una victoria del PP con el 28,3% de los votos, en segundo lugar quedaría el PSOE con el 25,9% y en tercer lugar PODEMOS con un 15,4%. Detrás estaría Ciudadanos con el 11,3% y a partir de aquí y a gran distancia IU con el 2,6% y UPYD con el 1,5%.
Estos datos, con respecto a una encuesta anterior del mes de abril indica una subida en intención de voto para el PP de +6,3%, para el PSOE de +4,9%; mientras que para PODEMOS el resultado obtenido es una pérdida de -2,5% y para Ciudadanos, aún peor, - 8,1%.
Otra encuesta semanal de TNS Demoscopia, realizada vía móvil el 31 de agosto, con 1.118 entrevistas, recoge valores similares, aunque algo inferiores para el PSOE. Los datos son: PP 28,5%, PSOE 22,8%, PODEMOS 16,2% y Ciudadanos 12,3%. IU, en este caso, nos indica obtendría un 4,2%. Por lo tanto, algunas variaciones en las estimaciones concretas, alguna de cierta relevancia, pero la tendencia si es coincidente: PP y PSOE subiendo ligeramente y sobre todo habiendo detenido su fuerte desmoronamiento que amenazaba con un vuelco del sistema político de la Transición sin precedentes.
El periódico La Razón ha dado los resultados de una encuesta de estimación de voto de agosto con los siguientes resultados: PP 32,1%, PSOE 24,9%, PODEMOS 12,1%, Ciudadanos 10,4%, IU 4,4%. Pudiendo estar en este caso inflado el voto hacia el PP y bastante rebajada la de Podemos, marca la misma tendencia de subida de PP y PSOE y bajada de Podemos y Ciudadanos. PP y PSOE hacía el 25-30% de la intención de voto, mientras PODEMOS y Ciudadanos entre el 15%-10%, siempre PODEMOS como tercera fuerza política.
Otra encuesta facilitada por Metroscopia para El País a primeros de junio ofrecía los siguientes resultados: PP 24,5%, PSOE 23%, PODEMOS 21,4% y Ciudadanos 13%. Esta misma empresa demoscópica daba en julio las siguientes estimaciones: PP 23%, PSOE 22,5%, PODEMOS 21,5%, Ciudadanos 15% e IU 4%.
Estas dos encuestas de Metroscopia son las únicas que romperían de manera cualitativa la situación electoral, dado que aunque el orden de los resultados no se altera sí que implican prácticamente un empate técnico entre PP, PSOE y Podemos y eso implicaría que ese mismo orden previsto podría verse alterado sustancialmente pudiendo colocar a Podemos como primera fuerza política en las próximas elecciones.
La única alternativa para la clase trabajadora y las clases populares: un programa anticapitalista
Como ha quedado patentemente demostrado con lo que ha sucedido en Grecia, es que no existe una alternativa política y estratégica de mantenimiento de los derechos económicos, sociales y políticos para la clase trabajadora y las clases populares, no digamos de su mejora, que sea viable sobre la base del reformismo y la colaboración de clases.
La profundidad de la crisis económica que alcanza valores sistémicos, la ofensiva capitalista sobre las condiciones de trabajo de la mayoría de la población para incrementar la plusvalía capitalista, las importantes dificultades de valorización del capital y la sobreacumulación del mismo, la necesidad de destrucción masiva de capital… todo ello conduce a un intento de empobrecimiento de las condiciones de vida de las masas.
El capitalismo no puede, en estos momentos, sin hacer peligrar las bases materiales de su propia supervivencia, asegurar las condiciones de vida que se habían estandarizado y que habían procurado en los países más desarrollados -si bien a costa de los recursos y la explotación de los países coloniales- el denominado Estado del Bienestar. En un mercado absolutamente globalizado e interdependiente en el que se imponen como leyes fundamentales la competitividad y el crecimiento de la productividad, sobre la base del incremento del beneficio capitalista, el mantenimiento del Estado del Bienestar tal y como lo hemos conocido se hace inviable.
Sin embargo, las expectativas electorales y las ilusiones democráticas son claramente predominantes entre las masas. No existe una conciencia clara sobre el tipo de programa que hay que levantar para asegurar los niveles colectivos de existencia material, en este contexto de profunda crisis económica, que asegure unas condiciones de vida dignas para las clases populares. La crítica no va más allá, en muchos casos, de las corruptelas políticas y los casos extremos de explotación laboral. Predominando, en todo caso la idea de que los intereses de la sociedad son en el fondo armónicos y compatibles entre las clases.
El atraso político y organizativo es grande, aunque desde la crisis se han abierto amplias vías de elevación y concienciación de clase que todavía no han dado frutos claros, si bien el importante número de manifestaciones y pérdidas de horas de trabajo por huelgas, atestiguan que el proceso sigue su curso. Esto implica la necesidad de levantar alternativas y programas muy próximos a las necesidades, la comprensión y el nivel de conciencia de clase. Esta situación, sin embargo, puede evolucionar y madurar a gran velocidad sobre la base de la situación económica y política que se vaya dando.
Frente a estas perspectivas, pues, solo cabe el levantamiento de un programa político y una estrategia anticapitalista y revolucionaria que eleve la conciencia y la lucha de la clase trabajadora. Que sobre la base de la nacionalización de la banca y de los sectores productivos estratégicos bajo control obrero, el no pago de la deuda, la derogación de las reformas laborales aprobadas por el PP y el PSOE, el reparto del trabajo sin disminución de salarios para acabar con el desempleo, la planificación democrática de la economía para ponerla al servicio de la mayoría, la derogación de todas las leyes represivas contra la clase trabajadora etc… pueda garantizar y mejorar las condiciones materiales de existencia de la mayoría de la población.
Para lograrlo sería fundamental constituir un Frente Único de los trabajadores para poder enfrentar los ataques capitalistas y al mismo tiempo agrupar a todas las fuerzas políticas de clase que estén dispuestas a defender este tipo de programa. Considerando, además, la necesidad ineludible de que para consolidar este programa será imprescindible darle una dimensión internacional, a escala europea, luchando por los Unión de Estados Socialistas de Europa.
Se impone pues una labor titánica y ardua, llevemos hacia delante las tareas necesarias para que esto se convierta en una posibilidad real para la clase trabajadora, sobre la base de la organización y el desarrollo e impulso de sus propias experiencias en su lucha política hacia la consecución de su programa histórico.

Juan Carlos Arias
Nació en Madrid en 1960. Es trabajador público desde hace más de 30 años y delegado sindical por UGT de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid. Es columnista habitual de Izquierda Diario en las secciones de Política y Economía. milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.