Un operativo lento, sin fecha límite, con el fin postergar la investigación y silenciar la responsabilidad institucional.
Domingo 10 de septiembre de 2017 10:59
Esquel y la zona de Cushamen se encuentran tensionados en estas horas por el inicio de los rastrillajes a lo largo del Río Chubut. El río tiene una extensión total de unos 800 kilómetros.
Luego de una serie de amenazas de iniciarlos dentro del mismo predio de la Pu Lof en Resistencia, lo que fue advertido como una provocación por los organismos de derechos humanos, finalmente se iniciaron en la zona de la estancia Leleque (uno pocos kilómetros más al sur). Allí la prensa casi no tuvo acceso, con un fuerte operativo de fuerzas federales.
Lo que parece una nueva operación del Gobierno para dilatar el avance de la causa, con operativos que podrían llevar días, se articula con la hipótesis difundida por algunos medios nacionales, como La Nación: que no se trate de una desaparición forzada, sino de un homicidio seguido de abandono de persona de parte de un grupo de gendarmes.
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Lo cierto es que el operativo y sus hipótesis nacen cuestionados, por propios y ajenos.
La Izquierda Diario pudo dialogar en las últimas horas con testigos y conocedores de la zona. En primer lugar, los integrantes de la Pu Lof aseguraron que viven “estos rastrillajes como una tomada de pelo para todos. La semana pasada miembros de nuestra comunidad dieron testimonio de cómo Santiago Maldonado fue golpeado y llevado desde aquí por Gendarmería. Lo que se está haciendo un pantallazo, fingiendo que están preocupados y buscándolo, cuando lo que tendrían que hacer es profundizar la investigación que surge de esos testimonios”.
Además comentaron las características del río en la zona. Su profundidad, las características de la vegetación y la corriente hacen imposible que un cuerpo pueda ser llevado decenas de kilómetros por ese curso. “A los pocos metros lo deja en la orilla, o entre las ramas”, dicen.
Por otra parte, como ya había señalado Soraya Maicoño a este y otros medios, además de los operativos realizados en la Lof el 5 y 17 de agosto, los "territorios sagrados" ya habían sido rastrillados con distintos métodos por las fuerzas de seguridad.
Justamente, veedores que participaron de los primeros operativos en la mitad del mes de agosto relataron a La Izquierda Diario que los mismos buzos tácticos aseguraron a quienes participaban que “no tenía sentido continuar la búsqueda por estos medios porque, por la profundidad y el enramado, un cuerpo no podía ser arrastrado mucho más allá”. Los buzos señalaron lo mismo en las dos oportunidades que participaron de los rastrillajes durante agosto.
Un dato, quizá de un lugar poco esperado, confirma estas apreciaciones de quienes conocen la zona. Se trata de un pescador e ingeniero hidráulico que escribió una carta publicada en el diario La Nación este sábado. Allí asegura que si Santiago “murió ahogado en el río su cadáver no será encontrado cientos de kilómetros más abajo. Esto puede suceder solo en ríos de corriente rápida, gran profundidad, anchos y caudalosos, y no en un río patagónico de llanura, lento, meandroso, angosto y con márgenes cubiertas de sauces y temibles coladores”.
En definitiva, la operación en marcha choca no sólo contra el testimonio del 1° de agosto que relatan cómo la Gendarmería se llevó a Santiago, únicas pruebas de peso en la causa. También contra conocedores del lugar, testigos de los rastrillajes y especialistas.
Por eso, la situación de la Gendarmería es cada vez más complicada y la pregunta se repite: ¿dónde está Santiago Maldonado?