Hoy se cumplen trece años de la ocupación de Cerámica Zanon, aquel 1° de octubre de 2001, cuando todavía no se habían producido las jornadas del 19 y 20 de diciembre que terminaron con el Gobierno de De la Rúa, aunque ya se “palpitaba” que vendrían acontecimientos importantes.
Miércoles 1ro de octubre de 2014
Muchos conocieron la experiencia de Zanon como parte del proceso de ocupación de fábricas posterior al 2001, pero poco se conoce acerca de cómo se fue gestando y preparando previamente la organización obrera dentro de la fábrica, aún sin saber qué desenlace tendría.
Reproducimos para los lectores de La Izquierda Diario extractos de un reportaje a Raúl Godoy del PTS, dirigente histórico de Zanon que fue parte de la Comisión Interna y el primer secretario general del Sindicato Ceramista (SOECN) recuperado de manos de la burocracia, que fuera publicado en noviembre de 2002 en la revista Lucha de Clases. Godoy cuenta los momentos previos a la recuperación de la Comisión Interna y del Sindicato y cómo fueron organizándose clandestinamente en plena década de los 90, cuando estaba "de moda” la idea de que la clase obrera “había desaparecido”, al menos como sujeto político.
¿Cómo fueron sus primeros pasos? ¿Cómo era la fábrica en ese momento?
[…] Siempre era el mismo mecanismo: te accidentabas, te llevaban a la oficina y te apretaban, te humillaban, y si tenías algún tipo de reacción, estabas afuera. Y si quedabas humillado y quebrado en tu moral, tenías una posibilidad para seguir adentro. Nos hacían trabajar doble turno, así que trabajábamos dieciséis horas, de 6 de la mañana a 22. Yo estuve prácticamente seis meses donde no tenía un solo franco, trabajábamos de lunes a lunes dieciséis horas. En las ocho horas que te quedaban del día después de las 16 horas de trabajo, tenía una hora de viaje para ir, una hora de viaje para volver, entonces el tiempo de descanso se te reducía a seis horas y en esas seis horas tenías que comer, bañarte, compartir con tu familia y, en el caso nuestro, poder charlar de política alguna vez cada tanto con algún compañero, lo cual hacía todo muy difícil. Lo único que nos quedaba para conseguir un día para descansar era ir a donar sangre, y entonces te correspondía un día. Yo me hice donante voluntario y cada tres meses iba a donar y me correspondía un día. Para mí fueron los años de perro más grandes, desde todo punto de vista. […]
Me imagino que debe haber sido muy duro comenzar a organizarse y entrar en confianza entre los compañeros. ¿Cómo fue su experiencia?
Siempre la empresa tuvo una política muy consciente: no echarlos, [sino] quebrarles la moral y después obligarlos a arreglar, y eso lo presentaban como trofeo. […] Había un gerente que se reivindicaba fascista, Abrutín, que aterrorizaba a los obreros. Les mostraba fotos de él con armas cuando iba a cazar y les decía: “Yo tengo en mis manos no solamente tu futuro, sino el de tus hijos, tu esposa”, y los nombraba por el nombre de pila a todos. Les decía: “Vos sabés por qué yo estoy de este lado del escritorio y vos del otro, porque yo soy blanco y tengo los ojos celestes y vos estás del otro lado porque sos un negro”.
En la fábrica predominaba el miedo...
Entonces empezamos a organizarnos juntándonos afuera a jugar al fútbol, a tomar una cerveza para entrar de a poquito en confianza, porque teníamos que cuidarnos de con quién hablábamos. […] En el 96 empezó una cierta resistencia, y la burocracia se tuvo que montar sobre eso y cometieron un error, a mi entender: había elecciones en el sindicato en las cuales todavía estaba la lista de la burocracia y la lista sindicalista opositora. Seguían los despidos, y la burocracia cambió el discurso: “Los vamos a defender, basta de que despidan de esta manera”. Entonces convocan a un paro dentro de la fábrica y lo tomó el conjunto de los trabajadores, lo tomó el activismo que venía solapado por abajo, garantizó el paro. La burocracia lo había tirado como una formalidad y para reubicarse, pero la situación estaba cambiando.
Fue un paro total, se paralizó toda la fábrica y desbordó completamente a la burocracia. Duró tres días. Para todo el mundo fue un paro histórico y eso le costó la cabeza al gerente Abrutín. Ahí despuntó un cierto activismo y ahí empezamos a ponernos más en contacto, fue la primera vez que hablé en una asamblea en la fábrica. La burocracia había conseguido un acuerdo en un papel, y en la asamblea levantaron todo y yo levanté la mano y dije: “Hasta que el compañero no esté adentro, no hay ninguna garantía porque la empresa con los acuerdos en los papeles no hace nada”, “pero yo lo firmé”, dijo el burócrata. “¿Y quién te dijo que lo firmaras?”, contesté. “Yo soy el secretario general”, dijo. “¿Y a mí qué me importa? Nosotros somos los que nos estamos jugando el puesto de trabajo”. […]
¿Ahí es donde comienzan a organizarse para ganar la Comisión Interna?
Empezamos a juntarnos afuera para discutir, se formó la Lista Marrón. La burocracia empezó su lista oficial, la Azul y Verde y ellos -la patronal y el sindicato- hicieron una maniobra presentando una tercera lista intermedia, la Lista Roja, que tenía un solo tipo de tercera línea de la burocracia que no estaba quemado y después el resto era gente independiente, e incluso buena gente. La Lista Roja empezó a decir: “Ni burocracia ni tanta combatividad, hay que hacer algo en el centro”. Nosotros salimos de movida con un discurso duro: igual trabajo, igual salario; democracia obrera; decisiones en asamblea; revocabilidad de los mandatos; pase a planta permanente a todos los contratados; que los contratados tuvieran sus propios representantes; que se votara un delegado por sector para constituir un cuerpo de delegados. Eran cosas elementales, pero para la fábrica eran revolucionarias en aquel momento. […] Fue histórica la votación, era la primera vez que se votaba en la fábrica. […] La elección salió: 47 votos la burocracia de la Azul y Verde de Montes -oficialista-, la lista Roja sacó 83 votos y la Marrón 187 votos. […]
Y con tantas trabas, ¿cómo lograron organizar a la fábrica?
¿Cómo fue el proceso por el cual llegaron a recuperar el Sindicato Ceramista de Neuquén?
Entonces se transformó en una lucha durante todo un año, porque el sindicato no quería reconocer a los compañeros, fue una pelea muy clara, de gente queriendo entrar y el sindicato que se niega a reconocerte. Pero si la ganamos fue en la asamblea. Hubo una asamblea histórica en Cutral Có, que fue cuando recuperamos el sindicato. Fue una asamblea montada por la burocracia en Cutral Có, a más de cien kilómetros y a las 13 horas (el cambio de turno en la fábrica lo teníamos a las 14, así que nadie podía ir). Así que fuimos a discutir con la empresa que nos diera el día, que se lo devolvíamos en un domingo o un fin de semana y nos dijo que no.
Entonces le dijimos: le pedimos dos horas. Pero pasó a la ofensiva la empresa y dijo: “El que falta mañana va a ser echado”, y nos pusieron entre la espada y la pared. Entonces se hizo una asamblea. Teníamos dudas, estuvimos muchísimo discutiendo con los compañeros, entre los delegados y activistas, qué hacer. Entonces hubo una decisión firme entre los compañeros: “Si hay que ir, vamos. Si faltamos todos, no nos pueden echar a todos”. Al otro día la fábrica estaba vacía. Se consiguieron dos colectivos, autos y camionetas, e inclusive muchos compañeros que no podían ir por problemas de familia, ese día faltaron al trabajo para cubrirnos. Allá el escenario era un club, con las calles cortadas por la Policía, con veinte policías adentro esperando a un grupo de activistas que iban a romper la asamblea, y llegó masivamente toda la gente. Quedando descolocados, perdieron la asamblea. A medida que íbamos entrando, los compañeros iban dejando cortaplumas, palos, pedazos de cadena. Los compañeros iban a la asamblea a ganar, como sea. Ahí quedó echada la suerte del sindicato: ese día ganamos y se votó una junta electoral limpia, de compañeros de las fábricas que tuvieron que soportar miles de presiones, compañeros de base, hicieron un trabajo bárbaro. […]
¿Cómo se contactaron con trabajadores de otras fábricas del gremio?
Después de ahí, lo otro era mucho más fácil.
Y finalmente ganaron...
RG: Votó el 97 % del padrón, casi la totalidad. Ellos sacaron 120 votos (mucho para nuestro gusto), y nosotros, 206. Igual, esos 120 votos... con mucha presión, comprados y todo eso. Como Comisión Interna ya teníamos un par de luchas encima, gruesas, y se había probado un poco esta especie de agrupación combativa que teníamos. […] A veces muchos trabajadores de otras empresas nos dicen cómo hicimos para decirles no a los despidos, si los dirigentes sindicales siempre terminan negociando despidos. Cómo hicimos para decirles no a las conciliaciones obligatorias que eran tramposas, porque siempre los dirigentes sindicales, incluso muchos que se dicen opositores, te embroman con la ley abajo del brazo. Y creo que es una enseñanza para todos, ese es el sentido que tiene ir forjando nuevas direcciones sindicales, surgidas desde abajo, con la democracia directa, con las asambleas y con una estrategia clara de lucha, que va más allá del sindicalismo, que tiene que ver con un proyecto de sociedad distinta, sin explotadores ni explotados.