La nefasta aparición de Aníbal y el ensordecedor silencio de los otros dos Fernández.

Walter "Pata" Moretti @patamoretti
Martes 30 de julio de 2019 00:00
Sin dudas uno de los hechos más llamativos de la última semana de la campaña bonaerense fue la inesperada reaparición de Aníbal Fernández comparando a la gobernadora Vidal con el mayor femicida de la historia reciente, nada más y nada menos que al odontólogo Ricardo Barreda. Se trata de quien el 15 de noviembre de 1992 asesinó a escopetazos a sus dos hijas, a su esposa y a su suegra en la ciudad de La Plata.
“Acá estoy” dijo con su miserable sello el exjefe de Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, ahora descendido a candidato a concejal de Pinamar y sin posibilidades siquiera de poder ser electo.
¿Habrá sido la forma elegida por Aníbal, fiel a su estilo, de llamar la atención a sus homónimos para que no se olviden de él, para volver a jugar en la Primera División del Frente de Todos o en un eventual futuro gobierno peronista?
Aníbal es Aníbal, pero es escandaloso el silencio de los otros Fernández ante sus dichos. Nada es casual.
Después de todo fue la propia CFK la que abrió el camino, cuando en su libro Sinceramente trató a Vidal como un “hada virginal”, adjetivo que tras lo irónico esconde un contenido bastante misógino.
En última instancia, podemos decir que Aníbal reapareció, con su recalcitrante estilo, por la misma puerta que dejo entreabierta la propia “Jefa”.
Quien escribe nada tiene que ver con Vidal y su gobierno, a quienes enfrenté como trabajador estatal durante estos cuatro años de ajuste –como anteriormente al gobierno peronista- y por su posición profundamente clerical contra las mujeres que vienen luchando por la legalización del aborto, entre otras cosas. Aclarado esto, creo que hay que repudiar las expresiones discriminatorias y misóginas del tipo de las usadas por Fernández, que más allá de quién sea Vidal, terminan alimentando y avalando la violencia machista que sufren a diario miles de mujeres.
Ante el escándalo producido, recién luego de varios días de pronunciadas las nauseabundas palabras de Aníbal salió Axel Kicillof a diferenciarse. El actual candidato a gobernador por el Frente de Todos consideró las declaraciones como “penosas”; una respuesta que suena como un cálculo político de uno de los candidatos que más podría sufrir en carne propia la reaparición de Aníbal.
Muchos analistas y editorialistas dedicados a la política provincial dicen que la inoportuna reaparición de Aníbal puede convertirse para el Frente de Todos en un cisne negro (se denomina con este nombre a aquel acontecimiento impensado que puede cambiar la trayectoria de los acontecimientos) o en el cajón de Herminio, que selló la derrota del peronismo frente a Alfonsín en 1983 (1). Pero más allá de que lo sea o no, sí demuestra que en última instancia tanto Alberto como Cristina y Aníbal comparten mucho más que un apellido.
Se trata de un trío que nada tiene que ver con los pañuelos verdes y con las miles de mujeres que luchan contra la violencia machista y por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Exigencia que no figura en el programa del Frente de Todos.
La lista del Frente de Izquierda Unidad encabezada por Nico del Caño y Romina Del Plá en la fórmula presidencial y Christian Castillo como candidato a gobernador, en cambio, incluye en su plataforma la consigna del derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Se trata de una reivindicación histórica de la izquierda trotskista.
Por el lado del oficialismo rezan para que los reaccionarios dichos de Aníbal cumplan un efecto similar al enfrentamiento televisivo entre la gobernadora y Diego Brancatelli en medio de la campaña legislativa de 2017, que terminó -en gran parte- inclinando la balanza a favor de Cambiemos y de su candidato Esteban Bullrich. Éste terminó casi empardando los resultados electorales con CFK. Parecería que la crisis actual no da mucho lugar para ese tipo de sueños.
(1) Durante las elecciones de 1983, el candidato peronista Herminio Iglesias prendió fuego un ataúd en plena campaña electoral, como forma de ataque simbólico a su oponente. En una Argentina que estaba saliendo de la más sangrienta de las dictaduras cívico militares, donde la violencia, la tortura y las desapariciones fueron cotidianas durante varios años, este gesto le significó el rechazo masivo de la población.

Walter "Pata" Moretti
Junta Interna de ATE - Ministerio de Desarrollo Social PBA