Los rebrotes y la entrada del verano vuelven a poner el foco de culpa sobre la juventud. Siempre hemos sido uno de los sectores más criminalizados y perseguidos. Esto no ha cambiado con el coronavirus.

Pablo Castilla Contracorrent Barcelona - estudiante de Filosofía, Economía y Política en la UPF
Jueves 2 de julio de 2020
Ante los nuevos rebrotes, el punto de mira se sitúa sobre los jóvenes. Si bien es cierto que existe un riesgo derivado de ser asintomáticos y del volumen de desplazamientos mayor, esto no puede servir para ocultar otra cara de la realidad.
En Aragón, trabajadores inmigrantes temporeros, personal de residencias y trabajadores de la industria cárnica se sitúan entre los grupos más afectados por los rebrotes en la Comunidad Autónoma. En el caso de los temporeros de Huesca, la empresa no ha dudado al culpabilizar a los propios trabajadores, sosteniendo ante los medios que el motivo del contagio de los jóvenes fue la práctica del famoso “botellón”.
Ya durante la pandemia, muchas empresas no cumplían las medidas de seguridad necesarias ¿qué hacía pensar los gobiernos que esto cambiaría ahora? Más bien quieren mirar hacia otro lado y hacer de la posibilidad de rebrote una cuestión únicamente de responsabilidad individual.
La "normalidad" universitaria discrimina
Cuando estalló la pandemia en el Estado Español los principales medios de comunicación se encargaron de ridiculizar al estudiantado intentando que pareciera que lo único que nos importaba era salir de fiesta. Como si aquella situación que nos afectaba directamente con ERTEs, despidos o muertes de seres queridos no nos preocupara.
Quien sí continuó sus actividades con total “normalidad” fueron las universidades, las cuales aumentaron la carga de trabajo y sustituyeron las clases presenciales por una docencia online con muchas carencias. Todo esto, sin tener nada en cuenta las situaciones personales del alumnado, dando lugar a grandes desigualdades en ámbitos como el acceso a los recursos o la disponibilidad de espacios de estudio adecuados.
Veranos precarios
La juventud que habitualmente trabaja en la hostelería, tiendas de ropa o de monitores fue la primera en quedarse sin trabajo cuando llegó el covid. A pesar del impacto económico que supuso, las universidades no han devuelto el dinero de las matrículas del curso, incluso no habiendo recibido las clases presenciales ni tener acceso a las instalaciones de los centros de estudio.
Con la llegada del verano, no solo se abre la puerta de las vacaciones de estudio, sino la búsqueda de trabajo. Esta época acostumbra a ser la principal fuente de ingresos de una amplia parte de los estudiantes que dependemos de los trabajos estivales para poder financiarnos la carrera, pagar una parte de la matrícula o simplemente disponer de una mínima fuente de ingresos que nos permita lograr cierto grado de independencia económica respeto nuestros padres. De nuevo, el coronavirus ha reducido las ofertas de trabajo y dificulta mucho más encontrar uno. No obstante, los medios de comunicación obvian o minimizan toda esta parte.
Durante el confinamiento, la atención se fijaba en las personas que excedían las normas necesarias de distancia social paseando al perro 10 minutos de más, sin tener en cuenta las condiciones en las cuales desarrollaba su jornada laboral de 8 horas. Ahora, el peligro se encuentra en las reuniones de amigos, pero no en las largas jornadas de trabajo de los jóvenes temporeros migrantes que se ven obligados a hacer sin las mínimas medidas de seguridad.
¡Comisiones de seguridad e higiene bajo nuestro control!
La juventud ocupamos los puestos de trabajo más precarios y por tanto más expuestos. Evidentemente que tenemos que cumplir con las medidas de seguridad en nuestro día a día, ahora bien, también exigimos que las empresas que nos explotan lo hagan y se las señale como las verdaderas responsables de la mayor parte de los rebrotes.
Y si no son capaces de cumplirlas, cosa que ya han demostrado, implantemos comisiones de seguridad e higiene para hacerlas cumplir nosotros, para proteger nuestra salud y la de nuestros compañeros y compañeras de trabajo.