El gobierno vuelve a intentar la reforma con un proyecto "en cuotas". Los senadores encabezados por Picheto y la CGT anunciaron que podrían retirarle el apoyo que supieron darle.
Viernes 4 de mayo de 2018 10:47
La reforma laboral fue uno de los ejes más agitados después de Octubre por el gobierno. Se sentía seguro por el triunfo electoral. Luego vinieron las jornadas de diciembre con miles en las calles repudiando el saqueo a los jubilados.
Finalmente la contrarreforma previsional se votó, pero el gobierno dilapidó gran parte de su capital político para avanzar con puntos de su programa de atacar a los trabajadores. Entre esos puntos, la reforma laboral era uno de los más importantes.
Pero, aunque en principio un sector de la CGT le dio su aval, después del enorme rechazo en las calles de diciembre, se echó para atrás y el peronismo legislativo lo siguió. Pichetto, jefe de la bancada del PJ federal en el senado, dijo que no iba a votar nada que no tuviera el apoyo de la cúpula sindical.
En marzo, el gobierno volvió a insistir con el proyecto, pero había adelantado que lo dividiría en tres y que primero iba a avanzar con el proyecto de "blanqueo", que según en el gobierno en ese momento tenía mucho "consenso", de hecho un dirigente industrial había declarado que el proyecto lo iba a "votar con las dos manos".
Lo que sectores de la CGT iban a votar "con las dos manos", no era otra cosa que más beneficios para los empresarios a la hora de despedir y precarizar aún más los contratos de trabajo, sobre todo para la juventud.
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El gobierno, un poco más confiado, decidió avanzar más concretamente a partir de abril, para empezar aunque sea la discusión parlamentaria para pasar los puntos de la reforma laboral. Pero el otoño trajo una nueva crisis para el gobierno.
Los aumentos descontrolados de tarifas generó un creciente malestar social en amplias capas de la población. Se sumó a un malestar que se venía acumulando desde fines de diciembre.
En la última semana, además se sumó la crisis por la subida imparable del dólar. En una coyuntura complicado del macrismo, el proyecto de reforma laboral sigue en la agenda del ejecutivo, pero tiene que hacer maniobras para poder aprobarla.
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En los últimos días, los que presentaron los tres proyectos sobre blanqueo, pasantías y obras sociales, fueron los senadores de Cambiemos, con Federico Pinedo -presidente provisional del senado-a la cabeza. Pero la maniobra de presentar los proyectos como iniciativa del poder legislativo más que del ejecutivo, no sirvió para ganarse al peronismo.
Miguel Ángel Pichetto ayer volvió a decir que no iba a pasar por el senado una ley que no tuviera consenso con la CGT. Más jugado con su fraseología opositora, Pichetto aseveró que cambiar la ley que regula las indemnizaciones es "una provocación" y que va a decir que no a "cualquier cosa que sea un ajuste laboral".
La CGT ayer sacó un comunicado donde critica “las modificaciones a la legislación laboral que atentan contra los derechos individuales de los trabajadores y disminuyen las indemnizaciones laborales”.
De conjunto al gobierno cada vez más le cuesta avanzar con el núcleo de sus planes anti obreros. Mientras el gran empresariado empieza a desconfiar cada vez más de que Cambiemos pueda llevar adelante el ajuste que le piden, por el lado de los trabajadores el rechazo al plan macrista también es cada vez más amplio.
En este marco, el peronismo, ya sea sindical o legislativo, que supo (y sabe) ser un sostén de la gobernabilidad votándole todo a Macri (incluso la reforma previsional), parece distanciarse. Como dijera una fuente del mundo del peronismo a Clarín ayer, en relación a los tarifazos, "nosotros vamos a acompañar al gobierno hasta la puerta cementerio, pero no nos vamos a enterrar".