Bryan Cruz Costa Rica
Miércoles 24 de septiembre de 2014
El nuevo gobierno de Costa Rica liderado por Luis Guillermo Solís comenzó hace poco más de 100 días. Desde entonces las polémicas han sido recurrentes, tanto con la oposición, como dentro de las propias filas del partido oficialista.
Durante la última semana el Presidente Solís debió reunirse con los líderes de los nueve partidos políticos representados en el Congreso para negociar distintas temáticas, por un lado el recorte al presupuesto para 2015, como por la dinámica de las sesiones extraordinarias en la Asamblea Legislativa que comienzan el próximo 1 de diciembre.
Esta semana los principales partidos de oposición (Unidad Socialcristiana, Movimiento Libertario, Liberación Nacional) le exigieron al Presidente el recorte de cientos de millones de colones (la moneda nacional) para el Presupuesto Público de 2015. El Diputado Johnny Leiva del PUSC pidió el recorte de 350 millones de colones, la Defensora de los Habitantes solicitó un recorte de 200 millones, mientras que Ottón Solís, presidente y fundador del propio partido de gobierno y diputado en el Congreso, solicitó el recorte de 300 millones.
La situación se vuelve complicada para el Ejecutivo, atacado no solo por no cumplir sus promesas de campaña en temas fundamentales como el abaratamiento de la energía y los combustibles (que siguen aumentando mientras el presidente sostiene que “no puede decidir sobre el aumento de la electricidad” por ejemplo), sino por actuar directamente en contra de ellas, como quedó demostrado con la decisión de Solís de sostener la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS), que había prometido disolver durante la campaña electoral.
La discusión no parece ser entre partidos “progresistas” y neoliberales, sino dentro y fuera de partidos empresariales que alrededor de las tensiones para la aprobación del presupuesto público, han dejado patente que buscan imponerse una nueva relación de fuerzas y poner trabas al nuevo gobierno, que ven fragmentado y poco cohesionado por las contradicciones en su propio partido.
La falta de iniciativa y claridad del nuevo gobierno ha sido señalada contantemente por la oposición, que en la reunión que mantuvo con el Presidente Solís le exigió que cumpliera con su promesa de campaña de definir una “agenda política” para las sesiones extraordinarias del Congreso que comienzan el próximo 1 de diciembre. El gobierno, desorientado y con poca claridad, no ha ejercido iniciativa, sino que ha llamado a la formación de comisiones conjuntas en la corriente legislativa.
Si bien es cierto el nuevo gobierno comenzó en medio de intensas ilusiones de parte de un sector la población, que ve al Partido Acción Ciudadana (PAC) como un “cambio” en relación al bipartidismo tradicional; cada vez se hace más claro que el PAC es un partido empresarial más, que más allá de un “cambio”, se ha propuesto para gobernar la maquinaria capitalista costarricense para los intereses de un sector empresarial, con una aguda retórica contra el “liberacionismo” y que gobierna contra sus propias promesas.
Las divisiones tanto entre los partidos tradicionales, como dentro de partidos como el PAC, anuncian lo que podría ser un gobierno frágil, aunque las ilusiones puedan contener crisis políticas agudas en el corto plazo.