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Libros. Recuerdos supuestos

Un avejentado boxeador, encerrado en un baño, contempla frente al espejo las marcas de un rostro arrasado por los severos golpes que le acaba de propinar su adversario. La escena presenta el punto de vista a partir del cual el narrador reconstruirá mediante fragmentos –reminiscencias - el desgraciado enfrentamiento que le otorga sentido al primer cuento de Una casa en llamas (2015), del joven escritor boliviano Maximiliano Barrientos.

Diego De Angelis

Diego De Angelis @DieDeAngelis

Sábado 5 de diciembre de 2015

Un avejentado boxeador, encerrado en un baño, contempla frente al espejo las marcas de un rostro arrasado por los severos golpes que le acaba de propinar su adversario. Porque se contempla se pregunta al mismo tiempo lo inevitable, si ha llegado el momento de retirarse de una vez y para siempre. La escena presenta el punto de vista a partir del cual el narrador reconstruirá mediante fragmentos –reminiscencias - el desgraciado enfrentamiento que le otorga sentido a “No hay música en el mundo”, primer cuento de Una casa en llamas (2015), del joven escritor boliviano Maximiliano Barrientos. Es posible advertir desde el arranque la absoluta conciencia de Barrientos respecto a la construcción narrativa. Cada uno de los seis cuentos que componen el libro evidenciará una preocupación sobre cómo contar una historia y sostener desde el comienzo la atención del lector. La forma de disponer las acciones, un minucioso trabajo de montaje. Qué contar y qué no, cuándo es mejor decir y cuándo mejor callar.

En “Algo allá afuera, en la lluvia”, segundo relato de la serie, un joven recuerda a su padre, ya enfermo y demasiado cerca de la muerte, mientras comparte la noche y sus desdichas con una prostituta. Su evocación se detendrá en un episodio inolvidable, la vez que su padre incendió su casa y creyó oportuno invitarlo a que vean juntos el majestuoso derrumbe. La mirada del padre. El temor a lo que esa mirada pueda sugerir. Y una última imagen perfecta –porque de imágenes perfectas están hechos los cuentos de Barrientos- que alcanza para insinuar con elegancia el triste relato de una despedida. El comienzo de “Sara”, el tercer cuento del libro, es demoledor. Una mujer entra en un baño y vomita. Mientras lo hace se repite así misma que no, que el hombre que acaba de ver no es el que ella conoce y que por algún motivo que desconocemos odia con intensidad. Buscará venganza. En un determinado momento del relato se producirá una modificación del punto de vista y será ese mismo hombre desconocido por todos quien narre el asunto que todos ignoramos. En “Fuego” un hombre cuenta cómo la relación con su novia llega a su fin. Ella padece una enfermedad. No sabremos mucho más de su vida. El hombre recordará tan solo instantes de su trayectoria amorosa en declive.

Lo que importa permanece fuera de escena. Pocas palabras, pocos hechos. En los cuentos de Barrientos los narradores retacean información. Apartan la vista, se distraen, miran para otro lado. Su escritura no se pierde en la ansiedad, avanza despacio, como mordiéndose la lengua, deseando tal vez conquistar la astucia del silencio. Escribe con los despojos que dejan las fantasías y alucinaciones de sus personajes. Como si comprendiera que la mejor forma de activar la memoria fuera a partir de la producción de recuerdos falsos. Como si creyera que en la suposición se esconde, fugaz, una verdad.

Una casa en llamas
Maximiliano Barrientos
Eterna Cadencia


     

Diego De Angelis

Nació en Buenos Aires en 1983. Licenciado en Letras en la UBA, escribe sobre literatura y cine en diferentes medios. Programa y coordina el ciclo "Cine para lectores".

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