La adquisición de la refinería por parte de Pemex fue presentada en contraste con la política energética neoliberal.

La Izquierda Diario México @LaIzqDiarioMX
Miércoles 26 de mayo de 2021
La conferencia de prensa de esta mañana estuvo dedicada a informar sobre la adquisición de la refinería Deer Park, el pasado lunes, por parte de Pemex.
El director general de Pemex, Octavio Romero, comenzó presentando un panorama según el cual, en los próximos treinta años, se va a incrementar la demanda de crudo, por lo que “tenemos que prepararnos en la lógica de la autosuficiencia energética”.
El funcionario habló de tres etapas del 2010 para acá en cuanto a los balances comerciales sobre combustibles. Del 2010 al 2014 el saldo fue positivo aunque se observa una tendencia decreciente. Luego de la reforma energética (aprobada en 2014), entre el 2015 y el 2018 fueron crecientes los saldos negativos. Finalmente, desde el comienzo de la actual administración en el 2018, el saldo sigue siendo negativo pero ha comenzado una disminución paulatina del déficit comercial.
En términos generales, la adquisición de Deer Park se presentó en contraste con la política energética del periodo neoliberal. Así, la compra del 50.005% de las acciones de la refinería ubicada en Houston, Texas, sería parte del “cambio de paradigma” con el actual gobierno.
Con esta transacción, Pemex se queda con la propiedad del 100% de las acciones de Deer Park, pues ya era propietaria del 49.995%.
En 1993, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, Pemex se asoció con Shell para adquirir la refinería, quedándose la empresa privada con el 50.005% de las acciones y por lo tanto con el control de Deer Park, con capacidad de producción de 340 mil barriles diarios.
La compra de sus acciones a Shell, que tuvo un costo de 596 millones de dólares, se plantea como parte de un plan para cumplir la meta de la autosuficiencia energética, y que incluye la rehabilitación de las seis refinerías existentes, la construcción de la refinería de Dos Bocas y la reconfiguración de la refinería de Tula.
López Obrador señaló que durante el periodo neoliberal, de 40 años, no se construyó una sola refinaría, sino que la política consistía en vender petróleo crudo y comprar gasolina y otros combustibles.
Ahora, en palabras del presidente, Pemex va atener la capacidad para producir los combustibles que se requieren en el país, con el propósito de que tengamos autosuficiencia, que no haya dependencia, y que podamos garantizar que no aumente el precio de las gasolinas, del diesel y de otros derivados del petróleo.
En otro momento, el mandatario informó que, a pesar de que se han descubierto nuevos yacimientos de petróleo, no se va extraer más allá de lo necesario para el mercado interno; que “tenemos para extraer más de 3 millones de barriles diarios”, pero se tomó la decisión de extraer sólo 2 millones de barriles diarios. Esto, para dejar reservas a las futuras generaciones. Al respecto, es notoria la ausencia de un plan que apunte a la transición hacia energías renovables.
Aunque el discurso gubernamental está enfocado en diferenciarse del periodo neoliberal, no hay realmente una política para revertir el avance privatizador del sector energético. Así, en la conferencia, AMLO reiteró que se van a respetar los contratos mediante los cuales, a partir de la reforma energética de Peña Nieto, se entregaron partes del territorio a particulares. La justificación es que “no se necesita suspender esos contratos”, incluso aunque no hayan invertido las empresas, pues “tenemos el 80% para garantizar los combustibles”. Como si los recursos privatizados no fueran también necesarios para satisfacer las necesidades sociales.
Por otra parte, las reformas en materia eléctrica y de hidrocaburos presentadas por el Ejecutivo y aprobadas en el Congreso, a pesar de que apenas tocan los intereses de las transnacionales, se encuentran paralizadas por el poder judicial, que viene actuando en representación de dichos intereses, lo cual fue criticado por López Obrador. El hecho, sin embargo, muestra que la soberanía energética, la cual necesariamente implica atacar los interese de las transnacionales, no vendrá de este régimen político, sin que sólo podrá ser conquistada –así como un plan de transición a energías renovables- mediante la movilización obrera y popular.