Docentes de Mendoza recomiendan esta vez el folleto Lecciones de Octubre, incluido en la compilación El marxismo y nuestra época.

Virginia Pescarmona @virpes
Sábado 21 de noviembre de 2020 00:01
Ilustración: Ana Laura Caruso
La salida de la edición del Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx de El marxismo y nuestra época fue una buena noticia. En este 80° aniversario del asesinato de León Trotsky en Mendoza nos hicimos de la publicación y un grupo numeroso de trabajadores y trabajadoras de la educación venimos sosteniendo un grupo de lectura.
Ya abordamos "1905". Allí pudimos intercambiar que, a pesar de las condiciones de desarrollo (país atrasado económicamente y con una gran masa campesina) se pudo ver el rol que jugaría el proletariado en la Revolución rusa y, por ende, como la revolución democrática-burguesa tendía a transformarse en revolución obrera y socialista, solo podía triunfar bajo la dirección del proletariado. También el rol de los soviets como forma de organización y dirección, además de la importancia de huelga general política.
Estos días comenzamos con Lecciones de Octubre. Ya el primer acercamiento nos metió en debates fundamentales: táctica y estrategia, el factor tiempo en la historia, el rol del partido, el lugar de las personalidades en la historia, entre otros.
En este texto de 1924 Trotsky va directo al grano en sus objetivos. Tras la derrota de los procesos revolucionarios de Bulgaria y Alemania señala que lo que falta es un estudio sistemático de los problemas que plantea la insurrección y un balance serio de los acontecimientos: “Sin el estudio de la gran Revolución Francesa, de la Revolución de 1848 y de la Comuna de París, jamás hubiéramos llevado a cabo la Revolución de Octubre, aun mediando la experiencia de 1905. En efecto, hicimos esta experiencia apoyándonos en las enseñanzas de las revoluciones anteriores y continuando su línea histórica” (…) “Es preciso que todo nuestro partido y, en particular, las juventudes, estudien minuciosamente esta experiencia que ha brindado una verificación incontestable de nuestro pasado y nos abrió una gran puerta al futuro” (p. 63).
Las definiciones de táctica y de estrategia se desarrollan remarcando la importancia que tienen para pensar la lucha de clases, la guerra civil y, cuando está planteada, la cuestión del arte de la insurrección. Junto a Lecciones de Octubre, la discusión sobre táctica y estrategia estará desarrollada en Stalin, el gran organizador de derrotas, de 1930. Allí Trotsky polemiza abiertamente con la dirección de la Internacional Comunista y critica los postulados de Stalin del socialismo en un solo país. Partiendo de las conclusiones de Alemania del 23, Inglaterra del 26 y la primera revolución China (1925-27) concluye que la deriva de la Internacional terminó en el abandono de la estrategia.
Lecciones de Octubre
La relación entre los elementos objetivos y los subjetivos, entre lo económico y lo político, entre los momentos de derrotas, los triunfos y las estabilidades (siempre relativas) es lo que puede permitir orientarse en la neblina de la situación. Qué relación existe entre las tácticas y la estrategia es una tarea de la dirección proletaria, y esto será posible siempre y cuando los partidos no sean sumidos en las presiones de las rutinas: parlamentarias o sindicales. “Un partido revolucionario está sometido a la presión de diferentes fuerzas políticas. En cada periodo de su desarrollo elabora los medios de resistirlas y rechazarlas” (p. 65). La llamada “rutina de la táctica” puede ser un obstáculo para prepararse para los “giros bruscos” propios de nuestra época. Y “En resumen, un partido desvinculado de las tareas históricas de su clase se convierte o corre el riesgo de convertirse en un instrumento indirecto de las demás” (p. 65).
Leer que la “táctica se subordina a la estrategia” (p. 65) nos ocupó mucho tiempo de intercambio. ¿Toda táctica es válida? ¿Cómo pensar la intervención en función de aumentar la confianza de la clase trabajadora en sus propias fuerzas? Junto a esto una reflexión sobre la intervención concreta que nos damos en los sindicatos, en el Parlamento, en los lugares de trabajo y estudio.
A propósito de este intercambio también nos metimos en el análisis sobre la represión y resistencia al desalojo en Guernica que pudimos leer
acá. Porque la lectura de Lecciones de Octubre la encaramos en un contexto muy particular en el que vimos emerger la lucha de las familias sin techo, de los desposeídos de todo. Pero también la lucha educativa en Mendoza que hizo retroceder al gobierno en su intento de nefasta reforma educativa. Y cada vez más vemos luchas de sectores de trabajadores y trabajadoras que hartos de los despojos, ajustes y miserias están tomando las calles.
Estos acontecimiento preanuncian lo que se viene. Como militantes no hacemos una lectura escolástica. Somos parte de la militancia revolucionaria que quiere jugar un rol en las épocas que se vienen. Y en ese sentido nos proponemos aportar a la unidad de los distintos sectores de la clase trabajadora, que junto a los sectores populares, puede levantar un programa de conjunto frente a la crisis.
El rol del partido
El interés de Lenin y Trotsky en la teoría militar surge de los problemas que dejó planteada la Revolución rusa de 1905. Fue la Primera Guerra Mundial la que renovó y profundizó el interés. La reflexión que se abre es alrededor de la dinámica revolución-contrarrevolución:“Todavía no poseemos una sola obra que ofrezca un cuadro más general de la revolución y que haga resaltar sus momentos más culminantes desde el punto de vista político y organizativo”, escribe Trotsky (p. 61). Y así se mete en una lucha política dura al interior del partido.
El rol del partido como fundamental, a diferencia del texto “1905” (1909) es señalado con precisión: “el proletariado no puede apoderarse del poder a través de una insurrección espontánea” (p. 63). La conclusión deviene de un análisis serio no solo de los procesos rusos de 1905 y las revoluciones de 1917, sino de la derrota de Alemania. Por eso sigue: “Una clase explotadora se encuentra capacitada para arrebatar el poder a otra clase explotadora apoyándose en sus riquezas, en su ’cultura’, en sus innumerables ligazones con el viejo aparato estatal. Sin embargo, cuando se trata del proletariado, no hay nada capaz de reemplazar al partido” (p. 63).
Y al análisis agrega un párrafo para destacar la figura de Lenin, como elemento que inclina la balanza: “Entonces, si Lenin no hubiera apelado al partido contra el CC –lo cual se disponía a hacer y que habría hecho seguramente con éxito–, la revolución habría estado condenada a la ruina” (p. 91).
Tomar el poder supone modificar el curso de la historia
Lecciones de Octubre se mete en los debates que recorrieron al Partido Bolchevique en cada uno de los momentos del proceso revolucionario. Incorpora el tema de cómo medir los estados de ánimo de las masas: “toda la cuestión se reducía a saber en qué medida los soviets continuaban reflejando el estado de ánimo verdadero de las masas y a determinar si el partido no se engañaba al orientarse por ellos” (p. 77).
Ese Partido Bolchevique se forjó en “sus tradiciones de la lucha heroica contra el zarismo; sus hábitos y procedimientos revolucionarios ligados a las condiciones de la actividad clandestina; su amplia elaboración teórica y la asimilación de la experiencia revolucionaria de la humanidad; su lucha contra el menchevismo, contra los narodniki y contra el conciliacionismo; su experiencia de la Revolución de 1905; su estudio sobre esta experiencia durante los años de la contrarrevolución; su examen de los problemas del movimiento obrero internacional….” (p. 110). A toda esta historia Trotsky se va a referir como ventajas históricas. Sin embargo, el partido no estuvo exento de crisis en su dirección y alas conciliadoras como Zinoviev y Kamenev. Luego vendrá su lucha a capa y espada contra la teoría, que desde 1924, esgrimirá Stalin del “socialismo en un solo país”. “El partido puede y debe conocer todo su pasado para apreciarlo como sea conveniente y poner cada cosa en su lugar. La tradición de un partido revolucionario no se compone de reticencias, sino de claridad crítica” (p. 110).
Creemos que ese es el método y también, en medio de las luchas tal como se dan, la organización, la intervención en los procesos reales, la militancia implica hacerse del tiempo para leer, estudiar, debatir, intercambiar, profundizar, conocer los principales acontecimientos de la historia de nuestra clase y hacernos de un método de aprehensión de las lecciones estratégicas para prepararnos para los acontecimientos por venir. “Todo el trabajo preparatorio solo tiene valor en la medida en que capacita al partido, y sobre todo a sus órganos dirigentes, para determinar el momento de la insurrección y dirigirla” (p. 112).
En este 80° aniversario de su asesinato, volvemos a Trotsky con los ojos puestos en una crisis capitalista profundísima. Desde la cordillera, y muy cerca de la rebelión chilena, valoramos el trabajo de Ediciones IPS de acercarnos estas obras.
Cada viernes, a las 20hs, al terminar la semana laboral, se vienen generando horas intensas de lectura y debate. Lo recomendamos. Para que los que ya las conocíamos las releamos con los ojos de una nueva etapa que se abre a nivel mundial, con levantamientos y la emergencia de la lucha de clases en América Latina, en Estados Unidos, y en varias partes del mundo. Pero sobre todo, para que nuevas generaciones se hagan del pensamiento y las elaboraciones de León Trotsky, confiadas en que son un aporte fundamental para pensar la revolución en nuestro tiempo.

Virginia Pescarmona
Docente, Corriente 9 de abril/Lista Bordó, Mendoza