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Red Internacional
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MOVIMIENTO ESTUDIANTIL. Reflexiones para reconstruir un movimiento estudiantil combativo

Mientras continúa el proceso de privatización de la universidad y los contínuos ataques a la educación pública, empieza a emerger un nuevo movimiento estudiantil. Desde la Agrupación No Pasarán compartimos algunas reflexiones sobre el balance de este curso que finaliza.

Marta Clar Barcelona | @MartaClar1

Lunes 12 de junio de 2017

Continúa la "década perdida" en la universidad pública

El calendario escolar acaba y lo hace dejando nuevamente las demandas del conjunto de la comunidad educativa en la "lista de espera".

Desde el 2008 hasta hoy, las políticas de ajuste y recortes contra la universidad pública nos han dejado con de 7.500 profesores y profesoras menos, mientras que el conjunto de estudiantes matriculados ha descendido en más de un 10%, lo que significa más de 130.000 estudiantes expulsados por no poder pagar las tasas universitarias en los últimos años.

Desde el conocido "tasazo" de 2012 los precios de las matrículas universitarias se han encarecido hasta en un 75% según la comunidad autónoma, reduciéndose a la vez drásticamente el número de estudiantes que reciben becas. De hecho, las ayudas a los y las estudiantes universitarios han caído en 47’6 millones de euros respecto al año 2012.

El recorte ha sido brutal, nada más y nada menos que al rededor de 330 euros menos de media, algo que obliga a miles de estudiantes a tener que abandonar sus estudios o a complementar la carrera con algún trabajo precario. Pero este preoceso de privatización y elitización de la universidad pública está lejos de revertirse y continúa profundizándose de manera acelerada.

El conocido "3+2" es una nueva vuelta de tuerca en esta dirección, a la reducción del grado universitrario de cuatro a tres años, se le agrega la casi obligatoriedad -para que el título tenga alguna salida profesional- de cursar un máster que puede costar entre 3000 y 7000€.

En la actualidad, el Estado español es el octavo país más caro para realizar estudios universitarios de la UE. La consecuencia de esto es que cada vez más la educación deja de ser un derecho para convertirse en el lujo de unos pocos.

Estas son las consecuencias inmediatas de la aplicación de las reformas neoliberales tras la imposición del Plan Bolonia en el año 2011, una “década perdida” que cierra sus puertas a los sectores populares mientras tiende la mano a las grandes empresas, que cada vez controlan más parcelas y de manera más completa de la docencia y los planes de investigación. Pero los ataques a la educación pública no solo han afectado a la universidad.

La LOMCE, con la inclusión de la religión como asignatura optativa en el bachillerato, las "reválidas" y un sistema de segregación de alumnos entre los que irán a bachillerato y quienes pasarán directamente a formación profesional entre otras medidas, se ha convertido, es solo el último de toda una serie de ataques perpretados por el gobierno contra los estudiantes más jóvenes.

Un curso con crecientes respuestas del movimiento estudiantil.

Contra esta situación en este curso 2016-2017 hemos visto importantes respuestas de los estudiantes, en especial los de secundaria. Ha sido un curso agitado, con decenas de miles de estudiantes, profesores y profesoras y personal no docente que se han movilizado en defensa de la educación pública en el conjunto del Estado español en distintas convocatorias.

De hecho, tan solo en Catalunya se han podido contar hasta siete movilizaciones diferentes. Sin embargo, el principal punto débil es que se han tratado de convocatorias parciales y muchas veces realizadas sólo para un sector de la comunidad educativa.

Ésto, en vez de facilitar la unidad entre los estudiantes de secundaria, los estudiantes universitarios y el personal docente y no docente, en defensa de la educación pública, han dejado de manifiesto la profunda y artificiosa división que hoy todavía existe al interior de la comunidad educativa, arrastrando a cada sector por separado a pelear por sus demandas de manera aislada y corporativa.

Una realidad de la que son responsables las principales direcciones de los trabajadores de la educación y de las organizaciones y corrientes estudiantiles con mayor peso e influencia. Las principales jornadas de lucha han tenido lugar en los institutos, donde hasta en cuatro ocasiones los estudiantes han realizado huelgas y organizando importantes manifestaciones que han llegado a reunir a varios miles de personas.

Solamente en una ocasión esta convocatoria fue conjunta con los profesores y el personal no docente, a quienes las direcciones sindicales de la enseñanza siguen sin pretender organizar y movilizar para poner fin a la ofensiva que hemos descrito más arriba y de la que ellos han sido grandes paganos.

Pero lamentablemente los estudiantes de secundaria tampoco han contado con el respaldo del resto del movimiento estudiantil. Estas jornadas de huelga no han sido secundadas por la mayoría de las organizaciones que dirigen el movimiento universitario.

Apoyándose en un rechazo a los métodos burocráticos de la principal organización de secundaria, el Sindicato de Estudiantes, que lanza las convocatorias por arriba y sin promover la autorganización de los estudiantes en sus centros, se han mantenido al márgen de estas jornadas de lucha y realizado de manera paralela otras convocatorias que han tenido lugar, en la mayoría de ocasiones, unos días antes o después.

En el caso de algunas organizaciones independentistas, como el SEPC en Catalunya, se han negado también a convocar por tratarse de jornadas de lucha estatal e incluso han realizado campañas de esquirolaje abierto a los paros que realizaban decenas de miles de estudiantes contra la LOMCE y los recortes.

Además, a esta división del movimiento estudiantil se une y alimenta una política "corporativa" de limitar las exigencias de las distintas convocatorias a unos objetivos mínimos por "sector", todo lo contrario a pelear por un programa ofensivo de lucha por un sistema educativo público, gratuito en todos los niveles, laico y sin injerencias de las empresas.

La división estudiantil como hecho funcional a la política de las direcciones sindicales educativas.

Esta división ayuda a que la política de la burocracia sindical de la enseñanza pueda seguir tranquilamente. Durante este curso hemos visto cómo la burocracia sindical mediaba para evitar el desarrollo de amplias movilizaciones.

Un ejemplo, fue la huelga general estatal de toda la educación no universitaria del 9 de marzo, en la que las direcciones de las federaciones de enseñanza de CCOO y UGT convocaron exigiendo la puesta en marcha de un supuesto "Pacto de Estado por la Educación" con la participación los partidos artífices de las distintas contra-reformas educativas desde hace más de una década, el PP y el PSOE.

Una medida de presión light que solamente un potente movimiento estudiantil unitario y vinculado con los trabajadores de la enseñanza podría poner en cuestión y evitar que se trate de poner la "solución" en manos de los mismos partidos que han generado los problemas.

El caso catalán ¿Una estrategia subordinada a la hoja de ruta del procés?

Otro ejemplo, fue la huelga del 9 de febrero convocada en Catalunya contra de la aprobación de los presupuestos neoliberales de Junts pel Sí, que también fueron finalmente apoyados por la CUP-AE. Esta jornada de huelga fue finalmente desconvocada por las direcciones mayoritarias del sector -USTEC, CCOO ,UGT y ASPEC- en base a unos acuerdos mucho menores de las exigencias acordadas para convocar la huelga.

Una maniobra realizada totalmente de espaldas a la mayoría de la comunidad educativa para evitar el desarrollo de una huelga educativa abiertamente crítica con los presupuestos unos pocos días antes de su aprobación. Una medida de lucha que también habría sido evidentemente incómoda para la izquierda independentista que se preparaba para votar las cuentas.

Aunque finalmente la huelga fue mantenida por la CGT y apoyada por las organizaciones estudiantiles universitarias, la brecha entre los universitarios y los estudiantes de secundaria y el hecho de que la principal organización universitaria, el SEPC, sea parte de la izquierda independentista que acabó avalando las cuentas, hizo que se estuviera muy lejos de revertir los efectos desmovilizadores del pacto y la desconvocatoria y no tuviera ninguna continuidad.

Lo cierto es que estos presupuestos autonómicos han recibido un amplio rechazo por parte de todos los sectores que componen la comunidad educativa. Entre otras cosas aumentan la contratación precaria entre docentes, el grueso de los recortes incluido el "tasazo" de 2012 y mantienen el financiamiento de centros privados con dinero público, incluidas las escuelas que segregan por sexo.

¿Cómo es posible que entre las exigencias del movimiento estudiantil catalán no haya habido ni una sola movilización abiertamente en contra de estos presupuestos neoliberales? El voto favorable de la izquierda independentista catalana a unas cuentas antisociales como estas tienen importantes consecuencias a la hora de pensar en el posible desarrollo de un movimiento estudiantil combativo que pelee por una educación pública gratuíta, universal y de calidad.

La huelga estudiantil convocada el pasado 11 de Mayo fue un reflejo de esto: una huelga pensada como "cierre del curso" convocada desde las denominadas asambleas de facultades, espacios todavía muy alejados de ser verdaderos "organismos de auto organización estudiantil", y el SEPC. Su lema "Basta de tasas abusivas, por la bajada del 30%" tan solo movilizó a unos pocos centenares de estudiantes.

Algo que tiene cierto sentido por proponerse simplemente equiparar las tasas universitarias a las de 2012, cuando los precios de las carreras universitarias ya habían aumentado y la expulsión de miles de compañeros y compañeras por falta de recursos económicos ya había comenzado.

Unas reivindicaciones adaptadas al marco de una posible negociación con JxSí, pero muy alejadas de las necesidades de decenas de miles de estudiantes, la lucha por la universidad gratuita y que deja de lado completamente la pelea contra los presupuestos y la política educativa del Govern.

Levantar un movimiento estudiantil combativo

Desde la red de agrupaciones que integramos la Agrupación No Pasarán en Barcelona, Armas de la Crítica en Madrid y el SEI en Zaragoza creemos que es clave impulsar en el movimiento agrupaciones estudiantiles que levanten un programa anticapitalista, antipatriarcal, revolucionario y de clase y peleen por construir, con la perspectiva de la unidad obrera y estudiantil, espacios de autoorganización, que sean verdaderamente unitarios y democráticos, en los que la lucha política y la libertad de tendencias se expresen abiertamente. Solamente así podremos poner fín a la artificial división del movimiento estudiantil alentada por las principales direcciones y que solo alimenta el corporativismo.

Luchamos por luchamos por la gratuidad de la educación, para acabar con la casta universitaria e imponer un gobierno en los centros de enseñanza media y superior con mayoría estudiantil.

Al mismo tiempo apostamos por la separación de la Iglesia y el Estado, es decir, por terminar definitivamente con el financiamiento público de los centros religiosos que todavía tienen un importante control e influencia sobre la red de eseñanza.

Apostamos por una educación abiertamente antiracista y antipatriarcal y para avanzar hacia este objetivo nos proponemos por en pie organizaciones que enfrenten la reproducción del sexismo y el racismo en el sistema educativo.

Del mismo modo que peleamos por la remuneración de las prácticas y la derogación todas las contrareformas educativas aplicadas en las últimas décadas. peleen por construir, con la perspectiva de la unidad obrera y estudiantil espacios de autoorganización, que sean verdaderamente unitarios y democráticos, en los que la lucha política y la libertad de tendencias se expresen abiertamente.

Estamos convencidos y convencidas de la necesidad de poner en pie un movimiento estudiantil independiente de los principales partidos del Régimen del 78 y se proponga construir la más amplia unidad entre el conjunto de los estudiantes, el personal docente, no docente y el conjunto de los trabajadores en lucha para imponer una necesaria huelga general de educación, imprescindible si queremos tumbar las reformas educativas y dar pasos firmes contra la precariedad y hacia la gratuidad del sistema educativo.