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Rosario. Relatos de la crisis: la historia de Nadia

¿De qué hablamos cuando decimos aumento en la desocupación, especulación inmobiliaria, descontrol en el sistema de precios? Para no pasar una noche en la calle, una madre transita la ciudad vendiendo bolsas de consorcio junto con sus hijes.

Sábado 24 de octubre de 2020 09:08

"Las niñas y los niños necesitan casas, no represión" Ilustración: Daniel Reyes

Hace algunas noches, entrando a casa, conocí a Nadia. Eran aproximadamente las nueve y yo entraba apurada, la noche pandémica ya pesaba sobre calle Rioja en el barrio Echesortu, quienes hayan transitado por la zona saben lo oscura y desolada que es esa calle por las noches.

Yo entraba apurada por ver a mi compañera Celina debatiendo con un concejal del Pro sobre las tomas de tierras y el problema de la vivienda. Cuando ya estaba cerrando la segunda puerta de mi edificio, siento una voz de mujer que, con mucha angustia, me llama. Me acerco y me pregunta si puedo ayudarla comprando unas bolsitas, me comenta los precios de lo que estaba ofreciendo, se la nota muy preocupada y triste, acompañada por sus hijes. Me cuenta que necesitaba pagar sí o sí una noche del hotel donde estaba viviendo para que no la echaran a la calle. Le habían demorado el pago de la asignación y ya debía tres noches, el hotel dio el ultimátum, si no pagaba dormiría toda la familia en la calle.

Antes de la pandemia alquilaba una casita pero no le renovaron contrato por no tener ningún recibo de sueldo como garantía. Desde ese momento se fue a vivir a un hotel por la zona de la terminal mientras siguió intentando alquilar algún lugar para vivir, pero siempre con la misma respuesta, sin garantías el rechazo está asegurado.

Ahora se encontraba intentando juntar unos pesos para poder dormir junto a sus hijes bajo un techo. Ella iba por esta parte del barrio porque conocía una vecina de la cuadra que siempre la ayudaba. Su marido, con su otro hijo, estaba haciendo lo mismo por otra parte del barrio.

Me decía que estaba cansada, que estaba muy duro vender en la calle, que con la crisis estaba todo el mundo vendiendo bolsitas o pañuelitos y que por esto ya nadie le compraba, ya no sabía qué vender que diera algún resultado para poder subsistir.
Ya la charla se había extendido bastante hasta que la nena, de unos seis años, la apura tirandole de la remera, dale mamá que llegamos tarde...solo seis años, a esa edad muches inventamos alguna casa secreta con sábanas y algunas sillas, ella, siendo tan pequeña, estaba pensando que no se desvanezca la ilusión de la vecina que podía ayudarlas con unos pesos las que significaban no dormir en la calle.
Luego de eso terminó nuestra charla y se fueron. Desde esa noche no dejé de pensar que habría pasado con elles.

El otro día volvía del laburo en bondi, apuradísima porque había salido más tarde de lo habitual y llegaba tarde a una clase por zoom.

Al pasar por el Patio de la Madera la veo sentada en un tapial, el cochecito se encontraba cubierto de bolsas ante la amenaza de la lluvia. Nadia se secaba las lágrimas con algo que desde el colectivo pareció ser una mantita del bebé. Su hija de seis años la miraba.

Se me retorció la panza y me invadieron las lágrimas pensando que finalmente no habían logrado pagar esa noche de hotel. Llegué a casa y decidí volver a buscarlas, seguramente no tenía una solución a lo que estaban atravesando, pero al menos para escucharlas en ese momento.

Cuando llegué ya no estaban, no sé si habrían vuelto al hotel o si estarían buscando un lugar donde poder refugiarse y pasar la noche.

No tengo certezas de donde estarán pasando esta noche. Se hace evidente que el problema de la vivienda pega cada vez más fuerte en nuestro país y en nuestra ciudad donde la desocupación y la pobreza marcan números espeluznantes. Detrás de esos números hay millones de Nadias que hoy luchan por una vivienda digna para sus familias, por un pedazo de tierra para poder vivir. A todas ellas les aseguro que vamos a enfrentar a cada medio que quiera tildarlas de violentas, a los ratis que amenazan con el desaloja, al gobierno que sobrevuela el barrio con sus helicópteros para meter miedo. Vamos a pelear hasta dar vuelta todo, por una vida que merezca ser vivida.