Tras 13 años en el cargo y una lista larga de fallos termina la carrera política del socialdemócrata Klaus Wowereit.
Peter Robe Berlín | @robe_peter
Martes 2 de septiembre de 2014
Su renuncia este lunes 25 es el punto final para su alcaldía, debido al creciente rechazo hacia su persona, con la que se asociaba una serie de desastres políticos. Este es el caso del emblemático nuevo aeropuerto en construcción que terminó dos años después sin inauguración y con un encarecimiento enorme de los gastos.
13 años de gobierno al servicio de los capitalistas
Wowereit llegó a su cargo en el año 2001, a la cabeza de una coalición entre el Partido Socialdemócrata -SPD- y el PDS, surgido del partido que gobernaba en la República Democrática Alemana (RDA). Esta alianza se confirmó en el año 2006, mientras que el PDS en 2007 se transformó en el partido Die Linke - La Izquierda-. El acuerdo terminó cinco años más tarde cuando los votos de ambos partidos no alcanzaron y se formó una llamada "gran coalición" entre el SPD y la Unión Demócrata Cristiana –CDU-.
Al momento de renunciar Wowereit recalcó el desarrollo positivo de Berlín bajo su gobierno y el hecho de que ahora esté mejor que antes, más “abierta y tolerante”. Esta afirmación está relacionada con la frase que se hizo muy popular, de que Berlín era "pobre pero sexy".
Sin embargo, la realidad es otra. Los trabajadores, jóvenes y estudiantes viven ahora en peores condiciones de vida. Bajo los primeros dos gobiernos de Wowereit se privatizaron más de 100.000 pisos, lo que causó un aumento muy grande de los precios de las viviendas y de los alquileres, sobre todo en los barrios del centro., Esto provocó la expulsión de miles de familias obreras desde el centro a la periferia, mientras aumentaban las ganancias de los capitalistas del sector inmobiliario.
Esto afectó también a muchos centros culturales y sociales de izquierda que tuvieron que mudarse del centro de la ciudad o cerrar directamente.
Berlín es una de las ciudades con mayor tasa de desempleo y pobreza en toda Alemania. Al mismo tiempo que los empleos con casi nulos derechos laborales se hicieron muy comunes en los últimos 10 años.
Otro tanto se puede observar en las comunidades inmigrantes – la más grande es la turca – que viven la segregación y el racismo estatal día a día. Esto a su vez está sentando las bases para partidos neonazis, como los grupos que el año pasado atacaron un centro de asilo ubicado en un barrio precario.
Más allá del mito del tan popular Wowereit su gobierno empobreció a una parte significativa de los trabajadores y la juventud estudiantil en favor de los capitalistas.
Giro a la derecha y más escándalos
Esa política antipopular hizo que los partidos gobernantes en 2011 no lograron la mayoría en el parlamento, lo que llevó a una "gran coalición" que sigue gobernando a nivel nacional desde 2013.
Enfrentando la caída de su popularidad en las encuestas, Wowereit se presentó como un político dinámico y se puso a la cabeza del proyecto de un nuevo aeropuerto que terminó en un desastre sin fin, con escándalos de corrupción. Dos años después de la fecha programada para la inauguración, sigue sin terminar y con un costo que ya supera los cinco mil millones de Euros.
Otro proyecto que impulsó era la edificación del viejo aeropuerto Tempelhof en el centro de la ciudad, que después del uso como aeropuerto se trasformó en un parque con pisos de lujo. Este proyecto causó una fuerte denuncia por parte de los vecinos, organizaciones ambientales y de izquierda que organizaron un referéndum que logró frenar la propuesta.
Además de estos fracasos políticos, en los últimos años se desarrollaron movimientos sociales que cuestionaron al gobierno de la ciudad. Por ejemplo, las huelgas de los docentes de Berlín que lucharon más de un año por "igual trabajo, igual salario" ya que Berlín liquidó derechos históricos de los docentes; las movilizaciones en torno al derecho de vivienda para todos y sobre todo la lucha de los inmigrantes refugiados, un movimiento combativo por derechos democráticos básicos como derecho al asilo, educación y vivienda.
Ante estas manifestaciones el senado berlinés una y otra vez reprimió la protesta y respondió con más represión, persecución y militarización de la ciudad.
La renuncia de Wowereit es el intento de minimizar los costos políticos producidos por este giro antipopular y por los escándalos del aeropuerto, tanto para el gobierno como para el partido socialdemócrata.