Durante la pandemia los repartidores de apps se convirtieron en trabajadores esenciales, sin embargo, trabajan en la total precariedad y sin ningún derecho.
Miércoles 30 de junio de 2021
En México se cuentan 25 “héroes de la pandemia” muertos en tan sólo un año de iniciada. El 47% de trabajadores repartidores de apps han sufrido accidentes por ser presionados para entregar los pedidos a tiempo, según el estudio “Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: El papel de las apps en la transformación del mundo del trabajo”.
Repartidores: un sector que se mostró esencial durante la pandemia
Repartidores: un sector que se mostró esencial durante la pandemia
En algún momento se les atribuyó el nombre de "héroes" ya que fueron de los trabajos que no se detuvieron cuando la pandemia comenzó. No era para menos, pues no cuentan ni con seguro social a pesar de que también se arriesgan al contagio.
En ese contexto a nivel internacional, repartidores de distintas plataformas han empezado a organizarse para exigir derechos laborales, y en algunos países se han librado importantes procesos de lucha, como en el Estado Español o en Argentina, en donde uno de los principales debates fue sindicato, cómo y para qué. A pesar de los avances que se han obtenido por medio de la organización y el llamado a paros, las empresas siguen precarizando a sus trabajadores (sin siquiera reconocer la relación laboral).
En México, Movimiento Ciudadano, sobre todo en la CDMX, busca presentarse como progresista a diferencia del sector de centro derecha de Jalisco o Nuevo León, buscando asimilar y desactivar a los sectores de repartidores organizados, comprometiéndose a crear una ley que regule estas aplicaciones.
Ahora, cuando el partido naranja promete a estas personas "hacerse cargo", lo que realmente quiere decir es que se encargará de mal copiar modelos como la “Ley Raider” en España, que tienen vacíos enormes, siempre en beneficio de las ganancias de las plataformas.
El problema es que quienes piensan, elaboran y aprueban este tipo de leyes no son ni de cerca las que realmente llegan a estar afectadas directamente por la situación precaria en la que las empresas se enriquecen. Trabajadores que con su sudor, esfuerzo y sacrificio mantienen las ganancias de esos pocos que poseen la empresa.
Por eso, y por la sujeción que tienen a los intereses de las grandes empresas, las propuestas expresadas por estas leyes no se acercan ni de lejos a lo que un repartidor necesita para una condición laboral digna. Pareciera que estos esfuerzos se enfocan simple y llanamente en resolver problemas de superficie para que precisamente el afectado acepte las modificaciones sin reclamo e incluso hasta complacido, derivado de las condiciones en las que miles de jóvenes y desempleados se han visto obligados a buscarse la vida.
¿Qué "ventaja" hay de la "flexibilidad" que ofrece este modelo?, ¿qué hay de la "libertad de trabajar para múltiples plataformas"? (ambos parte del discurso con el que estas empresas se presenta como una buena opción laboral); ¿acaso una mochila gratis es suficiente para ofrecerle al trabajador una condición digna de trabajo?
Parece que lo verdaderamente importante para quien posee estas ganancias es que las y los repartidores hagan más repartos en menos tiempo para asegurar que esa ganancia crezca a costa de su esfuerzo, su salud y sus vidas.
Rappitenderas ¿Qué dicen las mujeres que trabajan en estas plataformas?
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Los repartidores no pueden confiar en que empresas o partidos del Congreso se hagan cargo de su situación porque los que verdaderamente harán el cambio, no serán los que a costa de la seguridad de quienes reparten se llenan los bolsillos. O los que dan “atole con el dedo” con reformas inútiles para verse bien frente las cámaras o frente a la boleta electoral.
El cambio vendrá desde aquél que día a día se arriesga saliendo a las calles a proveer de alimento a los clientes de las apps para luego entregar ese dinero con venda en los ojos a quienes los poseen. Porque saben lo que es sufrir la poca empatía de ese sistema. Porque sólo ellos saben cómo mejorar sus condiciones.
Y dicho cambio no vendrá en dos días de protesta para después volver a repartir en las mismas condiciones. Dicho cambio se construye en una crítica cotidiana de “¿cómo pueden ser mejor las condiciones para mí hoy?”, de discutirlo con sus compañeros y… ya que estamos, organizándose.
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