Desesperados, 116 inmigrantes subsaharianos cruzaron vallas de hasta seis metros de altura en la ciudad española de Ceuta, enclave colonial escenario del maltrato a quienes huyen de la miseria y la violencia en Marruecos. Mientras tanto la UE realizará mañana una reunión para tratar nuevas restricciones a los flujos migratorios.
Viernes 24 de agosto de 2018
116 inmigrantes subsaharianos saltaron este miércoles la valla fronteriza que separa Marruecos con la ciudad española de Ceuta, y luego España los expulsó al país africano, que aceptó readmitirlos. Las “devoluciones en caliente” también se convierten en una práctica habitual, y aún más, legitimadas con la actual Ley de Extranjería.
Los inmigrantes, en su desesperación por la violencia de la Guardia Civil española, utilizaron palos y objetos cortantes, cal viva, ácido de baterías y excrementos, que arrojaron a los guardias, como ya ocurrió en el último salto masivo, ocurrido hace casi un mes.
Los 116 subsaharianos accedieron a Ceuta por la zona de Finca Berrocal, el mismo lugar por donde el pasado 26 de julio consiguieron entrar otras 602 personas, que saltaron vallas de hasta seis metros de altura. Este último salto elevó a 1.400 el número de personas que han entrado este año en España por esa vía.
El ministerio español del Interior reforzó hace unas semanas el aparato represivo y securitario aumentando el número de agentes de la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta y poniendo a disponibilidad cinco vehículos de apoyo y un helicóptero con visión nocturna y base permanente en esa ciudad, un dispositivo que se dijo será ampliado de manera progresiva.
Según los últimos datos publicados por el Ministerio del Interior, hasta el 15 de agosto, el total de llegadas de inmigrantes a España, tanto a través del mar como por las fronteras terrestres, asciende a 29.541 personas, 16.443 más que en el mismo periodo del año anterior que fueron 13.098.
Según un informe de Amnistía Internacional, quienes lo logran traspasar las vallas, deben afrontar la falta de condiciones adecuadas en los Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI), la discriminación por razón de nacionalidad y la falta de atención a grupos vulnerables, como personas con discapacidad, víctimas de trata o colectivos LGBTI, entre otros. Además, el CETI de Ceuta tiene capacidad para 500 personas y en estos momentos alberga a más de 1300, lo que evidencia las condiciones de hacinamiento a las que son sometidos los inmigrantes.
Mientras tanto, funcionarios de varios países de la Unión Europea realizarán mañana una reunión para tratar las restricciones a los flujos migratorios con destino sobre todo a los países del sur europeo. Así lo confirmó el vocero de la Comisión Europea Alexander Winterstein: "Estamos incrementando nuestro trabajo proactivo para encontrar una solución europea, duradera y a largo plazo. En este contexto, se ha convocado una reunión de ’sherpas’ para el viernes".
El enclave colonial de Ceuta es un escenario de maltrato y represión contra personas que sencillamente huyen de las guerras, del hambre o de la persecución, la discriminación y la violencia que sufren en sus países. Así es que las políticas racistas y criminales del Estado Español son aplaudidas y tomadas como ejemplo con el levantamiento de nuevas vallas y muros, y ante la actual militarización y blindaje de las fronteras europeas.