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Red Internacional
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Brasil. Rock, drogas, sexo y aborto: el camino "satánico" que asusta a un funcionario de Bolsonaro

Se trata de Dante Mantovani, recientemente designado como encargado de implementar políticas sobre las artes en Brasil. Un ultraderechista que se presenta en su canal de Youtube como un enemigo del "marxismo cultural"

Javier Nuet

Javier Nuet @javier_nuet

Lunes 2 de diciembre de 2019 22:56

“Insólito”, “increíble” y “sorprendente” fueron algunas de las palabras con las que titularon distintos medios las declaraciones cavernícolas de un funcionario de Jair Bolsonaro. El hombre en cuestión se llama Dante Mantovani y es el nuevo presidente de la Fundación Nacional de las Artes (Funarte), la institución que tiene como función implementar políticas nacionales sobre las artes visuales, el teatro y el circo en Brasil.

La frase exacta, publicada en su canal de Youtube la semana pasada, fue: "El rock activa la droga, que activa el sexo, que activa la industria del aborto. La industria del aborto, a su vez, alimenta una cosa mucho más pesada, que es el satanismo. El propio John Lennon dice que hizo un pacto con el diablo".

Ni Capusotto podría haber guionado semejante cosa. Pero lo peor de todo es que esto no es un chiste. Quien lo designó fue el Secretario de Cultura Roberto Alvim, un director de teatro que, cuando asumió en su cargo, prometió lanzar una "cruzada" contra el "marxismo cultural".

Alvim venía de nombrar al periodista Sérgio de Camargo al frente de la Fundación Cultural Palmares, instancia para la promoción de la cultura afrobrasileña. Un “simpático” señor que escribió hace poco en las redes sociales: "La negrada aquí reclama porque es imbécil y desinformada por la izquierda".

Alvim y Mantovani tienen como referente al ultraderechista Olavo de Carvalho, un filósofo radicado en Estados Unidos que desde ahí incita a la guerra contra la “ideología de género”, plantea que las denuncias alrededor del cambio climático son conspiraciones de “la izquierda mundial” y escribe libros como “el imbécil colectivo”, donde explica que los problemas de la sociedad tienen su causa en que las grandes masas están compuestas por idiota fácilmente manejables por los políticos.

Las declaraciones de Mantovani parecen de hace tres o cuatro décadas, cuando la juventud se levantaba en todo el mundo, cuestionando por ejemplo la guerra de Vietnam. Mucho tiempo después, un funcionario de Nixon confesaba: “Durante los años ’70 sabíamos que no podíamos hacer ilegales las protestas contra la guerra o (el hecho de) ser negro, pero al hacer que el público asociara a los hippies con la marihuana y a los negros con la heroína, y al criminalizar a ambas cosas severamente, podríamos desbaratar comunidades. ¿Sabíamos que mentíamos sobre las drogas? Claro que sí”.

Hoy, la frase del brasilero suena como un disparate, sobretodo por la manera en que el hombre va concatenando los temas desde las guitarras hasta el aborto, pasando por satán y las drogas. Pero la dice siendo parte de un gobierno que tiene una política aberrante contra los jóvenes, con policías que masacran a los pibes como pasó este fin de semana en Paraisópolis, en San Pablo. Un gobierno que es apuntado como el responsable directo del asesinato de Marielle Franco. Un gobierno que viene atacando a las universidades públicas y que fomenta la violencia y los crímenes de odio contra la diversidad sexual.

Pero además, es el principal aliado de Trump en Sudamérica, en un contexto donde el imperialismo avanza con golpes de estado como en Bolivia. Empiezan a hablar ahora porque se encuentran con la resistencia de una juventud que está en primera línea enfrentando la desigualdad, la miseria y la represión de décadas, como lo demuestra en Chile y en Colombia.

Hablan porque saben que esas luchas tienen consecuencias en toda la región. Incluso en Brasil, donde el ultraliberal ministro de economía, Paulo Guedes, tuvo que retroceder en su intento de imponer reformas reaccionarias, confesando que le preocupa el contexto político lationamericano.

Hablan porque saben que se empiezan a enfrentar con una juventud y una clase trabajadora a la que le han sacado tanto, que está perdiendo el miedo.