Luego que el jefe de Gobierno porteño sostuviera que no había un solo policía de la Ciudad imputado por casos de gatillo fácil, ayer fue condenado a perpetua el primero en llegar a juicio, de los treinta que hay hasta hoy.

Rosa D’Alesio @rosaquiara
Miércoles 24 de octubre de 2018
Fotografía: canalabierto.com.ar/
Hace cinco meses por Radio Del Plata se escuchó afirmar a Horacio Rodríguez Larreta, que en la Policía de la Ciudad no había un solo caso que registrara que esta fuerza estuviera implicada en algún caso de gatillo fácil. La abogada antirepresiva, María del Carmen Verdú, no se la dejo pasar. Pidió a la misma emisora el derecho a réplica. Allí la fundadora de Correpi desmintió al jefe de Gobierno y enumeró los treinta casos de gatillo fácil que tiene esta fuerza, que tiene menos de dos años de existencia. Entre ellos estaba el caso del Paragüitas, el joven asesino por Adrián Otero, que ayer fue condenado por el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional 1, por haber fusilado a Cristian "Paragüita" Toledo el año pasado. Fue condenado por homicidio calificado por tratarse de un integrante de la fuerza de seguridad.
Recibió la pena de prisión perpetua, que sienta un importante precedente.
Hablamos con María del Carmen Verdú que además integró la querella que llevó a juicio a Otero por el crimen que cometió el 15 de julio de 2017. Cristian tenía 24 años, lo apodaban el Paragüitas. Aquel día, junto a dos amigo volvían en auto a sus casas en la Villa 21-24, después de haber ido a bailar, tuvieron un incidente con otro auto, el del policía Otero, por no haberles cedido el paso en la avenida Vélez Sarsfield que estaba en obra. El policía puso su auto a la par del que viajaban los jóvenes y uno de los disparos que efectuó, dio en el pecho a Cristian. La persecución continuó unas cuadras más, y terminó con dos de los amigos tirados en la calle bajo amenaza de muerte.
En primer lugar lo que ocurrió en la misma mañana del hecho, cuando el auto de los pibes choca el del policía Otero. Este los alcanza, los hace bajar, los tira al piso y los apunta con el arma. Esto ocurre a pocas cuadras de la casa, o sea es en el barrio donde todo conocían a los pibes. Son los propios vecinos del barrio que salen a la calle y comienzan a rodear el lugar por lo cual el policía no puede ejecutar a los dos amigos de Cristian, pero tampoco pueden los policías de la Ciudad que llegan a continuación a cambiar la escena: plantar armar, cambiar el cuerpo del lugar. Se ven impedidos de hacerlo porque están de testigo el kiosquero, el dueño del taller mecánico, están la gente que vive en la cuadra.
En segundo lugar la villa 21-24 tiene una larga historia de lucha antirepresiva que se expresa en la propia comisión de derechos humanos que pusieron en pie, y de un montón de otras organizaciones que a lo largo de décadas formamos una red junto a otras organizaciones que no somos del barrio, como Correpi, que permitió que inmediatamente estuviéramos frente a la Comisaria 30° donde los dos chicos sobrevivientes fueron llevados como imputados, por tentativa de robo, abuso de armas y homicidio en ocasión de robo. Esa presencia del barrio junto a organizaciones sociales y territoriales se congregaron ahí, donde hasta asistió el cura de la villa, eso generó que el juzgado prestara atención, mirara las cosas como eran y en muy pocas horas revirtiera la situación y colocara a los pibes en condición de victimas sobrevivientes y por ende testigos, y al policía en condición de imputado. Si esto no hubiera ocurrido, nos hubiera llevado mucho tiempo dar vuelta esta caratula.
En tercer lugar hubo una presencia militante muy importante durante el juicio. En las cinco audiencias en Cámara que se dio en el periodo de instrucción, por las distintas apelaciones de la defensa, más las audiencias del juicio que ocuparon un mes (comenzó el 11 de septiembre y terminó ayer), hubo una presencia permanente de la militancia, de referentes de organizaciones, de vecinos y vecinas del barrio. Todo esto permitió, junto a los elementos objetivos de la causa: pericias, testimonios y etcéteras, llegar sin fisuras a esta condena.
Nosotros, desde la Correpi, tuvimos la posibilidad de articular con todas las organizaciones, y ser el nexo entre todas esas distintas organizaciones, para llegar al la condena. Si recorres la villa 21-24 te encontras cada cien metros con un afiche pidiendo justicia por Paragüitas.
Larreta respondió acusándonos de mentirosos, pero jamás aporto ningún elemento que demostrara que no decíamos la verdad. Ayer, luego de la condena, no hemos conocido ninguna declaración de él cuando ya tiene su primer condenado de gatillo fácil.
Esta sentencia también es importante por el impacto en el cuerpo social que produce, para demostrar lo que significa que por día un pibe sea asesinados por gatillo fácil o tortura en nuestro país.
Además hay otro dato alarmante. La Policía de la Ciudad es una fuerza que triplica la cantidad de policías que las Naciones Unidas recomienda como optimo para garantizar la seguridad. Ellos hablan de 300 policías cada cien mil habitantes, y la Policía de la Ciudad tienen 875 cada cien mil. Esto sin contar a la Prefectura, Gendarmería, Policía Aeroportuaria, que lo tenemos también patrullando nuestros barrios.
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Rosa D’Alesio
Militante del PTS, columnista de la sección Libertades Democráticas de La Izquierda Diario; se especializa en temas de narcotráfico y Fuerzas Armadas.