Según el ministro de salud ya se concluyeron las pruebas clínicas y en octubre comienza una campaña masiva de vacunación. Hay fuertes dudas en las potencias occidentales.
Martes 4 de agosto de 2020 00:28
Foto: EFE
El ministro de salud ruso, Mijaíl Murashko, anunció que concluyeron las pruebas clínicas de la vacuna contra el COVID-19 desarrollada por el Centro Nacional de Investigaciones Epidemiológicas y Microbiología "Gamalei" y ahora comienza la etapa de registro. También adelantó que se prepara un plan masivo de vacunación y que una segunda vacuna, desarrollada por el centro Véktor se encuentra en pruebas clínicas.
Murashko precisó el pasado sábado que se realizó un proceso de pruebas acelerado y que los primeros en recibir la vacuna serán docentes y trabajadores de la salud. A partir del 10 de agosto está previsto que se envíen las primeras dosis a regiones del interior del país.
Este anuncio causó preocupación en EE. UU. y Europa debido a que se cuenta con poca información del proceso de desarrollo y testeo. Los gobiernos de EE. UU., Canadá y Gran Bretaña acusaron a hackers rusos de intentar robar investigaciones sobre vacunas pero las autoridades rusas negaron enfáticamente la acusación. Dicen que su vacuna se basa en un diseño desarrollado por científicos rusos para combatir el Ébola hace años.
Los críticos aducen que mientras muchos laboratorios en el mundo publican avances de sus investigaciones en revistas y papers científicos, los detalles de la vacuna rusa aún no fueron publicados. El principal epidemiólogo de Estados Unidos, Anthony Fauci, dijo que espera que China y Rusia "estén realmente probando" las vacunas contra la COVID-19 que desarrollan "antes de administrarlas a alguien".
Si bien las sospechas pueden ser fundadas ya que Moscú no se caracteriza por la transparencia en la información, las críticas tampoco son inocentes. Desde hace meses hay una carrera entre las principales potencias del mundo por dar con una vacuna y no precisamente por una ambición de salvar a la humanidad de la catástrofe. Más bien es un intento de ganar la carrera por la patente y embolsar las enormes ganancias que generarían por la producción y comercialización del fármaco, que además significaría quedarse con la bandera de haber acabado con la pandemia.
Rusia comenzará la fase III de los ensayos de la vacuna a principios de agosto según informó Kirill Dmitriev, CEO del Fondo de Inversión Directa de Rusia. Un ensayo de fase III es la única manera de determinar si una vacuna es efectiva. La Organización Mundial de la Salud mantiene una lista completa de ensayos de vacunas en todo el mundo pero no hay ningún ensayo ruso de fase III en la lista.
Aún así, se espera que una agencia reguladora rusa apruebe la vacuna este mes, dijo el Sr. Dmitriev, mucho antes de los plazos sugeridos por los reguladores occidentales. Según informaciones oficiales Rusia podrá producir centenares de miles de dosis por mes y su capacidad llegará a "varios millones" desde principios del año que viene.
Lo único que está claro es la falta de cooperación entre las distintas potencias por llegar a una vacuna ya que lo que persiguen son ganancias y la salud de la población.