Sabritas es una filial mexicana de la trasnacional Frito Lay ambas propiedad de Pepsico. El sabor de los Cheetos es el de la explotación.
Jueves 13 de julio de 2017
Cheetos fue creado en 1948 en Estados Unidos por Charles Elmer Doolin. Creaba una de las comidas chatarra más vendidas en el planeta. Mientras, Sabritas se fundó en 1943 en México por Pedro Marcos Noriega. Producidos a base de maíz, Sabritas se convirtió en la firma más vendida de botanas en México. Su unificación con PepsiCo en 2001 generó una gran trasnacional con sede en Estados Unidos. Pepsico: la productora de refresco hacía un negocio redondo.
¿Quien no ha comido Cheetos durante una reunión familiar, amistosa o en un bar? Bien. Los Cheetos, además de ser una de las comidas chatarras que más daño hacen a nuestro organismo, están producidos en base a la súper explotación del trabajo humano y la represión.
Cheetos está producido con harina refinada de maíz con aceite y con colorantes derivados del petróleo, glutamato monosódico y otros químicos. Obesidad, problemas del corazón, saturación de grasa, colesterol son algunos de los problemas de la salud al comer esta chatarra.
Pero, aún más. Cheetos se produce con aceite de palma y ha llevado a que grupos ecologistas detallen que hay una relación directa de la botana con deforestación de bosques tropicales. Los médicos dicen que “Cheetos no es apto para consumo habitual por sus altos contenidos de grasa, sodio y glutamato monosódico”. No es suficiente Cheetos explota, súper explota a sus trabajadores.
Pepsico explota a sus trabajadores
Pepsico es la gran empresa trasnacional de frituras, comida, bebidas y aperitivos. Tiene su sede en Nueva York. Fundada en 1965 sus fundadores fueron Donald M. Kendall y Herman Lay. Pepsico además de producir bebidas compró Tropicana, Quaker Oats y es la empresa más grande en la rama de Estados Unidos.
Sus ganancias en 2015, fueron de 69.667 billones de dólares. En 2014 registró una plantilla laboral de 263 mil empleados en todo el mundo. Las ganancias son impresionantes para Pepsico: desde la crisis de 2008 cada año se registran saldos positivos por más de 50 billones de dólares. Sin embargo, los trabajadores son los que sufren los efectos de la crisis que estalló en Wall Street.
La trasnacional anunció que facturó 3.423 millones de dólares en los seis primeros meses de 2017, lo que supone ganancias por un 17 % con respecto al mismo periodo del ejercicio anterior.
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Tan sólo en marzo de 2016 la Pepsico generó más ganancias de las esperadas. 3% más de lo previsto. Sin embargo, en varios países Pepsico ha decidido cerrar filiales. En Argentina la trasnacional decidió cerrar la planta de snacks ubicada en la localidad bonaerense de Florida, en Vicente López, y alrededor de 536 empleados se quedaron sin trabajo. Los obreros en resistencia decidieron ocupar la fábrica.
En México son 20 mil los trabajadores de Pepsico. Sin derecho a formar un sindicato, con salarios por debajo de los 5 mil pesos, jornadas extenuantes en almacenes con malas condiciones de seguridad. Cada 6 meses hay despidos y no hay estabilidad laboral: jóvenes son quienes trabajan todos los días en los almacenes de Norte 45, Vallejo y Gustavo A. Madero.
Los salarios en la Pepsico son de miseria. Por debajo del mínimo, con jornadas de más de 11 horas, sin derecho a sindicato, a trabajo por horas extras, a jubilación o pensión y derecho a antigüedad. Por eso los trabajadores de Pepsico fueron reprimidos brutalmente el día de hoy por la policía. Accidentes de trabajo como la regla, despidos injustificados, problemas de salud en el trabajo. Son la normalidad en la trasnacional.
Y es que los trabajadores plantearon: familias en la calle nunca más. Los trabajadores de Pepsico requieren toda nuestra solidaridad, la lucha de los obreros es una y sin fronteras.